CUETES Y CUETEROS
BAILE Y COCHINO… // Por Horacio Cárdenas Zardoni

Todos sabemos que tronar cohetes es una de las actividades asociadas a la celebración de la navidad y el año nuevo en nuestro país.
La verdad es que no le encontramos mucho la lógica a que, en ocasión de la natividad, quienes son cristianos, tengan que festejarlo tronando uno, diez o cientos de cuetes, que si algún efecto tendrían, sería no dejar dormir al niño Jesús, ni tampoco a los animales que lo acompañaron en el pesebre, pero bueno, es de esas cosas. Lo del año nuevo es, relativamente, más entendible, es una fiesta no religiosa sino de índole social, en la que efectivamente una de las tradiciones es hacer mucho ruido, provocar mucho humo y que, por segundos, el cielo se vea iluminado con las explosiones.
Hay quien sugiere que esto tiene lo suyo de ritual, después de todo, en su opinión, quien ha visto una sesión de fuegos artificiales, los ha visto todos, son tan efímeros, tan difíciles de aprehender, que lo que acaba uno comparando es la duración, los de este año respecto de años anteriores, porque detalles como la composición química de un cuete que lo hace quemar de un color y no de otro, eso se nos escapa a la gran mayoría de los espectadores.
Pero esa sería la parte institucional, que no la hay, lo que sí, son los cuetes pequeños en sus distintas presentaciones y modalidades, que lo mismo, se venden en estas fechas con una alegría para la cual es difícil encontrar explicación. ¿A quién le gusta tronar cuetes, a los papás, a los niños, a los abuelos?, y conste que hablamos solo del género masculino, porque del femenino nunca hemos encontrado a alguien que le encante ni el escándalo, ni el olor a humo, ni la exposición al peligro que puede representar de una quemadura o de algún trauma provocado por la explosión.
Ah, pero en las colonias populares, en los ejidos, en los fraccionamientos de clase alta, nunca falta quien se las haya ingeniado para conseguir unos pocos o unos muchos cuetes que tronar, para la supuesta alegría de sus familiares, y la molestia e incomodidad de sus vecinos. ¿De dónde sacan los mentados cuetes?

Desde hace años que vender cohetes está prohibido en Saltillo. Las sucesivas administraciones municipales han decidido que en territorio del municipio no haya venta, bueno, es un avance, que seguramente se logró gracias a la presión de gente preocupada por los posibles incendios, los posibles heridos y quemados, y no por hacerlos menos, por las mascotas, que no aguantan muy bien el ruido de las detonaciones. Pero lo malo de vivir en una zona conurbada es que no se vendían en Saltillo, pero en Arteaga sí.
Los mismos años que tiene la prohibición de vender cohetes, son los que tiene que se venía instalando la feria del cohete, o el mercado del cohete en el colindante municipio de Arteaga. Aquí no se podía ni comprar ni vender, pero aquí a la escasa distancia de diez kilómetros, allí sí que el negocio estaba a todo lo que da, y todavía más si se puede, pues con el pretexto de la prohibición, le subieron los precios a los productos.
Que sepamos, de toda la vida ha estado encargada la Secretaría de la Defensa Nacional de la regulación del asunto de los cohetes. Como la materia prima es la pólvora, y esta no deja de ser un explosivo con un alto grado de peligrosidad, tanto en su manejo, almacenamiento y distribución, como la posibilidad de que vuelen hacia personas o edificaciones que puedan resultar con daños, la Ley Federal de armas de fuego y explosivos asigna esa tarea de control a la SEDENA.
Bueno sí, ponga que ejercen su facultad y obligación de supervisar, pero lo hacen en los municipios donde se fabrican los cohetes, donde por cierto no son raros los accidentes que terminan en tragedia con muchos muertos cada vez, pero la parte en los estados y municipios, siempre ha dejado mucho que desear.
La parte del control de la venta de cuetes se deja a los ayuntamientos, que toman la decisión de prohibir o permitir la venta, de acuerdo más a sus conveniencias recaudatorias que otra cosa. Que tampoco se vería muy bien que personal militar uniformado y armado anduviera checando y decomisando cuetes en puestos carreteros o callejeros, pero eso es lo que manda la ley.
En este fin de año el gobierno de Coahuila tomó la decisión de prohibir terminantemente la venta de pirotécnia. Lo cual saludamos y agradecemos, pero en nuestra opinión, deberían ir un poco más allá. Ya no solo se trata de prohibir la venta, que eso es relativamente sencillo de controlar, sino la quema… porque de que nos las ingeniamos para comprar lo prohibido, lo hacemos, y sabiendo que es un desafío a la autoridad, con más ganas.
La cosa es sencilla y desagradable, las patrullas recorriendo las calles, y allí donde vean gente tronando cuetes, si no salen corriendo, amonestarlos y quitárselos, así de simple. Yo sé que el alcohol corre en estas fechas, y sé que se envalentonan con eso y se exhiben delante de la familia y los amigos, pero… las ordenanzas no son para brincárselas, son para cumplirlas, y este tema, ruidoso y apestoso, es uno bueno para demostrarlo.

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