BAILE Y COCHINO… // Horacio Cárdenas Zardoni

Poco a poco, poquísimo a poquísimo, se va perfilando lo que será la nueva estación de ferrocarril en la ciudad de Saltillo, por lo que se va viendo, es más lo que nos quedarán a deber a los ilusionados saltillenses que pensábamos que tendríamos una que, mínimo, fuera como la de Londres donde tomaba Harry Potter el tren para ir a Hogwarts.
Cómo ya va siendo tradición en la cuarta transformación, de esto hay ya antecedentes, algunos más tristes y lamentables que otros. ¿Se acuerda que Andrés Manuel López Obrador presumía que su Tren Maya era la obra ferroviaria más importante, más grande y más ambiciosa del mundo en su momento? Todo para que quedará en unos trenecitos que más parecen vagones del Metro de la Ciudad de México, muy lejos siquiera de los que se integrarán al Metro de Monterrey. Que sí, están, todavía medio nuevos, pero ni son bonitos, ni son cómodos, ni son eléctricos, ni usan diésel ecológico, ni son de alta velocidad, vamos ni siquiera tienen cortinas para taparse la resolana.
Peor se la cuento, para el Tren Transístmico, que nunca se promocionó como la gran obra turística como el Maya se fueron por la austeridad miserablemente republicana, y fueron a comprar máquinas y vagones de segunda mano… O tercera o cuarta, pues la edad de los mismos es de setenta años… Estos sí que parecen sacados de una película de Harry Potter. Eran de desecho de los ferrocarriles ingleses, pero con una manita de gato… Nunca falta un paisito tercermundista que los pague a precio de seminuevos y se sientan que se fueron pandos.

Para la estación de tren, le digo, nos imaginábamos algo del primer mundo, para empezar que fuera nueva, que estuviera en un espacio amplio y bien comunicado, y no, quedará donde estaba la anterior, amplia porque el predio es grande, y comunicada… Si ahorita es una pesadilla el tránsito en Emilio Carranza, espérese a como se va a poner…
Bueno, al menos no quedará en el mercado Madero o en Coss como lo sugería esa broma pesada que es el Instituto Municipal de Planeación, ya es ganancia, muy raquítica.
Le digo que en vez de una ceremonia por todo lo alto para presentar planos y maquetas, se la han llevado soltando datos que pretenden hacer atractivos, para que la gente mantenga una ilusión que ya está bastante menguada ahorita. Lo último con lo que salieron fue que la estación tendrá 171 cajones de estacionamiento, ¡wow, la gran dotación!
Para empezar, sospecho que en esos cajones se incluyen los destinados a los carros del personal, y yo creo, ingenuo, que ya no será una estación de paso, como la de Hipólito pongamos, con un boletero que además barra, limpie y le pase el morral del correo al garrotero. A lo mejor no tiene 100 empleados con coche… Pero a lo mejor si, si incluimos al destacamento militar, el de la guardia nacional, el de… Que nunca faltan.

Ahora los pasajeros… Han manejado cifras de usuarios que pecan de optimistas, en extremo. Dicen que cinco millones de pasajeros usarán el tren al año… A lo mejor bajándose y subiéndose a lo largo de todas las estaciones entre México y Nuevo Laredo, pero lo dudo. Bueno, de esos 5 millones ¿Cuántos corresponderán a Saltillo, medio millón, cien mil, divididos en 365 días? Los que sean, ¿Cómo llegarán a la terminal, en su carro, en el de la familia, el de la empresa, y los esperarán para verlos llegar y salir?
Para mí pesimista gusto que el estacionamiento de la estación Saltillo estará quedándose corto, con lo que presionará a las calles vecinas en busca de sitios donde dejar el mueble, y a ver si no lo encuentra desvalijado cuando vuelva por él.
Bueno, pues así va el trenecito, pita y pita y caminando, como dice el corrido, pero en este caso, no muy bien ni muy rápido…

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