¡Esas voces!

Un cuento // Dr. Eugenio Deister Mateos

Con dedicatoria a las familias de los mineros del mundo.

Foto: El Visitante.

Estando en su lecho de muerte, debido a una enfermedad terminal que venía padeciendo un conocido empresario minero, los médicos habían logrado controlar el intenso dolor que la enfermedad le producía, más no las permanentes voces que escuchaba noche y día, despierto o dormido. Ni los narcóticos para tratar el dolor lograban contener las voces.

La familia llamó a un psicólogo tanatólogo, que tampoco logró disipar esas voces permanentes, entonces llamaron a un psiquiatra que recetó antidepresivos sin éxito, enseguida les recomendaron un anestesiólogo, el cual le colocó, es decir le canalizó una vena del brazo, le dejó suero a permanencia para que cada 6 u 8 horas la familia le pasara un sedante que le permitiera dormir sin escuchar las voces. Esto tampoco le resultó.

Finalmente la familia, siendo creyente y religiosa desde hacía generaciones, consultaron al Arzobispo Primado del país, personaje al que todo potentado empresarial, político o traficante tiene siempre acceso; dice la Iglesia que así responde a toda devoción y más aún, porque a nadie se le niega esa deferencia, pues Dios perdona a todos, sin importar el tipo de pecados cometidos.

Así las cosas, el Arzobispo les envió a un Obispo para que conversara y si deseaba confesar al empresario en su domicilio, seguro el Arzobispo que de esa manera se resolvería pesadilla tan permanente de escuchar esas voces.

El Obispo llamó a la familia para establecer fecha y hora de visitar al enfermo. En cuanto entró a la recámara del enfermo, propuso que la conversación fuera a su vez confesión.

Platicaron sobre la vida del empresario y la familia, sus actividades y el corporativo minero que estaba conformado por siete minas distribuidas en varios estados del país; minas para la extracción del carbón y otras para plata y zinc. Hasta que el empresario detuvo la conversación y señaló con angustia y miedo, que las voces que escuchaba provenían de mineros que habían quedado atrapados hacía décadas en una de sus minas de carbón. Relató que 80 habían muerto de manera instantánea debido a una explosión, sin embargo se calculaba que unos 50 podían sobrevivir atrapados que iba de 5 días a un mes, siempre y cuando el oxígeno logrará llegar al lugar donde estaban atrapados, al igual con el alimento de sus loncheras o portaviandas de ser muy racionado podía ser 7 días y, bebiendo el escaso líquido; agua o café de sus termos 10 días y luego bebiendo sus propios orines unos doce días.

Foto: ¡Stock.

El sacerdote interrumpió el relato y preguntó: ¿y tú y tú empresa que hicieron? 

El empresario respondió de inmediato: nada, pues el derrumbe era gigantesco, al igual el hundimiento.

¡Pero cómo que nada! Exclamó el Obispo. Sí te plantearon las opciones de posible sobrevivencia.

El empresario respondió de bote pronto: es que en el contrato de trabajo con el sindicato y la Secretaría del Trabajo no se contempla una explosión como nuestra responsabilidad, se le equipara a un fenómeno de la naturaleza equivalente a un terremoto, por tanto la Secretaría de Patrimonio Nacional, Minas y Productos no Renovables Federal no lo señalaba como regulación obligatoria de cumplir, es decir, implementar las  obras de rescate inmediatas por la empresa.

El Obispo insiste: eso decía la ley, pero tú cristianismo católico y tú conciencia que te dictaban.

El empresario le contestó: es que mi consejo corporativo y los otros corporativos mineros nos suplicaron no proceder al rescate, porque sentaríamos un precedente que a futuro nos obligaría cumplir a todos.

El sacerdote persiste, y pregunta: ¿no les podía ayudar el gobierno y contratar alguna empresa extranjera experta en rescates?

El empresario responde que preguntaron, y el gobierno respondió que no contaba con ese fondo de contingencia ya que jamás se ha contemplado y por ende presupuestado nunca antes.

Por último, ya frustrado el Obispo dice desesperado: ¿Tampoco consideraron invertir en contratar una empresa para el rescate y qué el gobierno se los pudiera deducir de impuestos a futuro?

El empresario muy molesto y agitado por las preguntas del Obispo, le responde que no.

Ante esa situación de carencia de principios morales del empresario y la total incomprensión detectada por el Obispo este procede a culminar el acto de confesión y no da ninguna penitencia por sus pecados a lo que éste protesta y expresa no estar de acuerdo, ya que desea que le imponga una penitencia, incluso la más severa.

Sin embargo, el Obispo le responde: Sería injusto de mi parte agregarte otra a la que ya tienes. Esas voces.

Antes de que el clérigo se despida, el empresario llama a su familia y les hace saber que en su opinión el Obispo o no lo entiende o es un religioso perteneciente al grupo de la abominable Liberación.

El cura solamente les dice que como lo conversado en el acto de confesión es entre el confesado y Dios, el únicamente es intercesor, por ende pertenece lo dicho en el sólo a Dios, y agrega: les comento que aquí en la vida terrenal sí se pagan casi el cien por ciento de los pecados.

En cuanto salió el religioso de la casa, la familia llamó al Arzobispo y le reclamaron el haberles enviado a una persona tan poco comprensiva, nada compasiva y menos empático.

El Obispo fue llamado a rendir cuentas de su proceder ante el Arzobispo, únicamente argumentó no tener nada que decir ya que el contenido de una confesión según la Iglesia, es solamente asunto de Dios.

Y así, el empresario todavía sobrevivió cinco meses, más las voces, esas voces nunca cesaron, el contenido de ellas nada más lo conocen el empresario, su esposa y el Obispo.

¿Será que le va mal al qué mal piensa y mal actúa y qué todo se paga de alguna forma en ésta vida?

Un comentario sobre “¡Esas voces!

Agrega el tuyo

  1. Con este cuento se me vino a la mente el relato verídico de lo que sucedió en la mina carbonífera de Pasta de Conchos en el Estado de Coahuila en 2006 donde una explosión por acumulación de gases quedaron atrapados 65 mineros. Se realizaron varios esfuerzos ( no se si fueron suficientes) pero no pudieron rescatarlos y fallecieron. Para mi el relato o este cuento no está nada alejado de la realidad. Creí de momento que se trataba del suceso de Pasta de Conchos y que que el protagonista ( el empresario) era German Larrea, dueño del Grupo México y responsable del desastre de esta mina carbonífera.

Deja un comentario

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.

Ofrecido por WordPress.com.

Subir ↑

Descubre más desde El Demócrata

Suscríbete ahora para seguir leyendo y obtener acceso al archivo completo.

Seguir leyendo