Las ‘buenas conciencias’ de las familias de Saltillo ante la prensa

BAILE Y COCHINO // Horacio Cárdenas Zardoni

Foto: Posta Mx

Saltillo se halla en un momento crucial de su historia, sin ningunas ganas y forzada por los acontecimientos, la capital de Coahuila se encuentra en trance de dejar de ser un pueblo grande, para convertirse en una ciudad, no demasiado grande, pero sí con características que no son del todo deseables para quienes se consideran, y lo presumen, ser saltillenses de toda la vida.

En las últimas semanas se han dado algunos hechos en Saltillo que han sacudido a la opinión pública, o quizá más valdría llamarla la opinión privada, pues involucran a personajes relevantes de la comunidad, si bien su vida más bien se reservaba a los círculos del poder económico y público.

El primer incidente fue el del fallecimiento del prominente empresario de la construcción Sergio Verduzco Rosán, quien había llevado una vida azarosa, por decir lo menos. Por el giro de su actividad empresarial, había mucha gente que había entrado en contacto con él, o más bien con su empresa a lo largo de los años, para cuestiones inmobiliarias, lo que lo hacía un personaje conocido, al menos de nombre. La Fiscalía General de Justicia del Estado dice que se trató de un suicidio, mucha gente sospecha que pudo haberse tratado de un homicidio, dadas las disputas por el control de la compañía que se registraron durante décadas, y de las que la gente de Saltillo se había enterado porque habían escalado al nivel de escándalo público.

Las demandas iban y venían, las denuncias también, cayendo en la picaresca de cómo se las iban baranjando unos y otros integrantes de la familia, y es que si no recuerdo mal, hasta anuncios espectaculares aparecieron en algún momento, en los que un hermano denunciaba al otro, y bueno. No que a nadie le importara en lo más mínimo, o lo afectara en los tratos que tenía con la empresa, pero en un pueblo tan aburrido como lo puede ser Saltillo, cualquier comidilla circula desaforadamente, y como es obvio, va adquiriendo datos y detalles que la mayoría no tiene que ver con los hechos originales y reales, con lo que determinar la verdad termina siendo una tarea imposible, algo que no le interesa a nadie, mejor seguir con el chismorreo.

Otro incidente fue el que protagonizaron dos prominentes integrantes de algunas de las familias más influyentes en la región, los Verduzco y los Oceguera. El incidente, público primero, y doblemente público, pues se dio en una ceremonia del Colegio de Notarios. Poco gremio menos discreto que el de los abogados, y si circularon fotografías en las redes sociales, en los que uno estaba golpeando al otro, mientras lo tenía en el suelo, es que los presentes prefirieron el chisme a mantener la supuestamente impoluta dignidad de su organización.

Se dijo que el pleito entre los Montesco y los Capuletos… perdón entre los Verduzco y los Oceguera se remonta a la época en la que cursaban sus estudios en la Facultad de Jurisprudencia, no lo dudaría, allí es donde se forjan los mejores y más duraderos odios.

Hace tiempo se comentaba de una bronca, tampoco a base de argumentos jurídicos sino a golpes, ocurrido entre El Diablito de las Fuentes y Rubén Moreira en su época de estudiantes, lo cual nos daría incluso pie a pensar en la recurrencia generacional de esta clase de conductas, que afortunadamente no han llegado, que sepamos, a hechos de sangre.

¿Quién tenía la razón?, ni sé ni me importa, ni sabemos ni nos va ni nos viene, pero todo Saltillo ha escuchado de los hechos y milagros de los portadores de los dos apellidos, que en cualquier chico rato pueden quedar hermanados en un acta del ministerio público, cosa que no hará feliz a ninguna de las familias involucradas.

Y el tercer hecho, del cual el propio afectado se encargó de dar a la luz pública, fue la detención en Monterrey de Armando Castilla Galindo, igual, integrante de una conocidísima familia saltillense por generaciones. Aquí la diferencia es que Armando es gente de la prensa, mal se ve la gente que vive de la información, cuando pretende evadir la que le toca o afecta, sobre todo si como en este caso, los momios están a su favor, lo que no quita que el apellido Castilla apareció en un sitio distinto del directorio del periódico, o de la sección de Sociales.

Son tres hechos distintos, sobre los cuales no emitimos ningún juicio, sobre todo porque cada uno tiene un mar de fondo del que sabemos prácticamente nada. Lo que sí nos queda claro es que, sea por casualidad, por un cambio complejo de interpretar, o alguna otra razón, las cosas de las familias prominentes están dejando de ser chismes murmurados, para convertirse en información pública con potenciales implicaciones para el devenir de Saltillo. Cosas de las que uno se va enterando, y sin buscarlas…

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