TELEGRAMA // Héctor Barragán

El fuerte, el armado, el más preparado no tiene por qué agraviar, agredir, provocar al débil, porque son actos cobardes y ventajosos, y sacarán prebendas o ganancias sin derecho alguno.
Lo anterior en lo individual, uno frente a otro, ni qué decir cuando el agresor cuenta con el respaldo de fuerzas y medios. Quienes recibirán los frutos del triunfo sin riesgo alguno.
Peor cuando los agresores provocadores son soldados y marines que amenazan de plano atacar gente inerme y en actividades pacíficas y honradas.
Buscan territorios, recursos ajenos que enriquecerán a personas honestas, sencillas con franca desventaja y sin medios suficientes ni actitudes defensivas. Sencillamente procuran territorios plenos de recursos y trabajadores; territorios extraños y países que fueron ricos y dejan en la más aguda pobreza.
Así que bien pueden desaparecer las organizaciones millonarias por la paz y el progreso, que simplemente pierden el tiempo y lo hacen perder, junto a los millones gastados sin el menor provecho y ninguna suerte de paz para gente y países en desventaja y con múltiples carencias.

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