RETRIBUCIONES
Por: Luis Enrique Morales.-

En tiempos donde a las universidades les sobran manos que las jalan hacia la grilla y les faltan manos que las sostengan en la institución, la Universidad Autónoma de Coahuila acaba de dar una lección: la unidad también se organiza. Y tiene nombre propio en la oficina del rector: Octavio Pimentel. No se trata de culto a la personalidad; se trata de conducir procesos complejos sin fracturar a la comunidad, justo cuando el quiebre se aproxima.
Primero, el sindicato. El pasado 14 de noviembre, el Sindicato de Trabajadores de la UAdeC cerró el conteo con una fotografía nítida: 3,535 votos emitidos, de los cuales 2,603 respaldaron a la planilla Azul que encabezó Nora Mireya Ramírez, 932 pidieron nuevas elecciones y 22 fueron anulados. Hubo 849 trabajadores que no votaron, en un padrón de 4,762 afiliados. El dato fino confirma el pulso: diferencia de 1,648 sufragios y un 59% de apoyo a la planilla ganadora, con cortes por región que hablan de piso y techo: 59% en la Sureste, 51% en La Laguna y 80% en la Norte. No es un accidente estadístico: es un mapa de consensos. En voz de la electa, el eje salta a lo esencial —atención cercana, salarios y prestaciones, revisión de un contrato de 95 cláusulas.
Por otro lado, el día de ayer, la Coordinación de Unidad Laguna confirmó que el clima no era espuma: Omar Rojas fue electo con un 93% de respaldo —11,431 votos— frente a un 6.7% que pidió repetir la jornada. La señal, otra vez, no es el aplauso sino la orden institucional: casillas, conteo, anuncio y transición sin estridencias, con reconocimiento público al rector por privilegiar diálogo, legalidad y trabajo en equipo. El resultado no deja margen a lecturas caprichosas: cuando los procesos se cuidan, la comunidad participa y decide.
Conviene subrayarlo porque, cada vez que hay elecciones en la casa de estudios, aparecen intentos de intromisión y ruido externo —sí, de actores políticos que han buscado desestabilizar y politizar la vida universitaria—. Frente a esa presión, la hoja de ruta del rector fue simple y, por eso mismo, difícil: reglas claras, árbitros visibles, tiempos cumplidos y piso parejo. El resto lo hizo la comunidad: votar y acatar. No hay mejor cortafuego contra la política de facción que una institución en forma.
El colofón está en los detalles: en el diálogo con las diferentes comunidades estudiantiles, en el reconocimiento a quien tiene liderazgo y el merecimiento del puesto. Ese es el abecé que muchas universidades han olvidado y que en la UAdeC se aplicó con rigor. Nadie puede pedir unanimidades; pero sí se puede exigir que los números manden y las reglas protejan.
A la vuelta de estas dos jornadas, la universidad no es un botín: es una comunidad que se reconoció a si misma en las urnas.
El rector Octavio Pimentel lo entendió: en tiempos de polarización, administrar la unidad es tan estratégico como administrar el presupuesto. Y cuando la unidad se vuelve hábito, las elecciones dejan de ser riesgo para convertirse en lo que deben ser: un trámite democrático al servicio del trabajo académico.
Que nadie se engañe: la tentación de meter mano por agentes externos volverá. La diferencia es que hoy la UAdeC mostró que tiene cómo resistir con unidad y diálogo, no con enfrentamientos internos. Eso, en la hora que corre en el país, vale más que cualquier consigna.

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