Los arroyos de Saltillo: el remedio y el trapito

BAILE Y COCHINO… // Horacio Cárdenas Zardoni

Todos tenemos bien claro que vivimos en el semidesierto coahuilense, región que a su vez, a nivel macro, se inscribe como parte del desierto chihuahuense, que abarca desde San Luis Potosí hasta, por supuesto, Chihuahua y más al norte Texas y la parte más seca de los Estados Unidos. Pero a nosotros los de Saltillo como que no nos gusta que nos digan semi… melodramáticos como somos, decimos que vivimos en el desierto, por más que si uno busca bien, hasta árboles de aguacate, papaya y plátano encuentra uno en los patios de algunas casas donde sus habitantes gustan de la vegetación más tropical. Pero por lo otro, hasta un Museo del Desierto tenemos como el gran orgullo y hasta una Sinfónica del Desierto hay, a lo mejor nos imaginamos en nuestra tragicomedia que vivimos en Ocampo o en pleno Bolsón de Mapimí.

Pero no, la geografía de Saltillo está surcada de arroyos, pocos es cierto, con agua continua todo el año, y la gran mayoría secos… hasta que llueve, y entonces recuperan su esplendor y su función natural de captar el agua para conducirla a donde la misma naturaleza decide que vaya.

Los fundadores y primeros habitantes de Saltillo no se complicaron demasiado la existencia, al contrario, se la hicieron fácil, estableciéndose a la vera de los arroyos, nada como la comodidad de salir con un guaje o con un cántaro, a llenarlo en la corriente de agua que delimitaba su propiedad de la de los vecinos, o ya cuando la pensaron mejor, la vía pública. Ya luego que se comenzó a conducir el paso del agua por acequias, sí se modificó el curso de algunos afluentes, pero no de todos. El hecho es que buena parte de los arroyos permanece todavía en nuestros días, en estado de latencia, licencia literaria que nos tomamos para decir que están secos hasta que llueve y dejan de estarlo.

Lo malo es que los saltillenses, como muchos mexicanos, pecamos de irrespetuosos para con el medio ambiente, y en particular con los arroyos y cursos de agua. En el momento en que los vemos secos, pensamos que nunca más se van a llenar si son estanques, o a llevar agua, si son arroyos. En ese momento nos sentimos con el derecho de taparlos, desviarlos, modificar su pendiente, usarlos de vertedero de desperdicios, y en el colmo de la irresponsabilidad y el cinismo, construir sobre ellos.

Y tarde o temprano pasa lo que tenía que pasar, que llueve allí mismo o cauce arriba y oh sorpresa, se deja llegar una avenida de agua que sí, puede que se lleve la basura, que arranque la vegetación que ha crecido de forma desmedida, pero también hay la probabilidad de que arrastre casas, vehículos, muebles, animales y personas.

No es ninguna novedad, ha ocurrido una vez y otra vez, y la gente se vuelve a asentar allí mismo, no vemos nada, porque así puede llegar a ser, que arrasa con todo, y pues para pronto lo vemos como libre de tomar, y pronto porque si no somos nosotros, serán otros.

Esta larga relación viene a cuento porque por enésima ocasión, el Ayuntamiento de Saltillo informó que personal de la Dirección de Protección Civil dio comienzo a la recurrente actividad de notificar a las personas que se han asentado en las cercanías de los arroyos, y en zonas susceptibles de inundación, escurrimiento y hundimientos, que tomen sus providencias, no vaya a ser que… lo de siempre, que este año 2026 sea diferente de los inmediatos anteriores, y llueva con ganas, con la consiguiente crecida del caudal de los arroyos, su probable desbordamiento, y que termine perjudicándolos, de manera leve o grave.

A lo mejor es que es principio de año, bueno ya no tanto, o que ya falta menos para la temporada de lluvias, que con esto del cambio climático, podría ocurrir en cualquier mes del año y con una intensidad descontrolada, y por eso es que el ayuntamiento echó a volar su programa de Temporada de Lluvias y Ciclones. Pero como suele ocurrir con estas cosas de gobierno, los funcionarios y empleados municipales parece que se lo toman más como una actividad política que como lo que realmente es, un asunto de prevención de una posible tragedia.

Si no son los mismos, porque lograron encontrar un mejor sitio, son otros, pero todo el mundo que vive sobre los arroyos suele estar consciente y notificada en años anteriores del peligro que corren. Por esa parte, la labor que hace el personal de protección civil es redundante, lo van a seguir haciendo obligados por sus difíciles circunstancias.

Pero ya que se tomaron la molestia de apersonarse con los más abandonados de los pobres, ¿no podrían organizar una brigada para limpiar los mismos arroyos de los que están previniendo su peligrosidad?, sí, porque una cosa es ir y decir oigan, no se deben taponear los arroyos porque el agua buscará seguir su curso, sea desbordándose o arrastrando el mugrero, que puede convertirse en proyectiles que afecten lo que encuentren a su paso.

Y ya que andan en eso, se supone, valdría la pena que se tomaran la molestia de recorrer los arroyos en toda su extensión, esto para actualizar el famoso atlas de riesgos, no vaya a ser que desde la última vez que le echaron un ojo a las imágenes del satélite, al Google Maps o que pasó alguien por allí, les hayan tirado varias camionadas de escombro que representen un peligro que no existía.

Sí, qué bien que vayan, pero que su visita no sea solo para tomarles el pulso y regañarlos, que lleguen con palas, talaches, medidores de nivel, a ver si no hay sorpresas que luego se conviertan en tragedias.

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