La lógica en la entrega del Premio Nobel de la Paz

TELEGRAMA // Héctor Barragán

El premio Nobel, particularmente el de los luchadores por la paz, proviene de la fortuna generada por las ganancias en negocios producidos en la guerra, con la particularidad de que frecuentemente se nombran como probables beneficiarios y destacados, personajes notables, que por supuesto nada tienen de gente pacífica y mucho menos promotores de la paz.

El caso de estos días es también conocido como discutible. Un señor que aspira a ser el amo del mundo, tal como le pretendieron personajes de la historia que persiguieron lo mismo, a costa de la derrama inmisericorde de sangre, primero de sus pueblos y enseguida de sus aliados forzados y por supuesto de quienes se oponen a ser dominados.

En mucho más de una forma, cuenta con la aquiescencia de muchas naciones, por el dominio comercial, la posesión de sus negocios importantes, los que vayan surgiendo, la exclusividad o preferencia de sus compras y la preferencia para venderles cuanto necesiten, el dominio tecnológico y sus patentes, propias o compradas.

Sin que sea casualidad o coincidencia, su influencia bancaria, financiera y el negocio de las rutinarias y exitosas ramas relacionadas con los vicios y por supuesto las armas. Habrá que respetar la lógica en el otorgamiento del premio Nobel de la Paz. Cuando menos.

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