Lady Relojes descubrió «Casi el Paraíso» saltillero

BAILE Y COCHINO… // Horacio Cárdenas Zardoni

Allá por los años sesenta, obvio del siglo pasado, Luis Spota escribió un libro que causó revuelo entre la sociedad de la capital del país, pues retrataba con colores bastante poco favorecedores, la forma de pensar y de comportarse de las ‘mejores familias’, descendientes y herederas de los generales revolucionarios, que lograron amasar grandes fortunas, pero que aun así, sentían que algo faltaba a sus existencias, algo que el autor sintetiza en las palabras clase y nobleza.

La historia es muy sencilla, de hecho, es un argumento de muchas otras obras literarias a lo largo de la historia, en muchas sociedades porque, aunque parezca que avanzamos mucho, no ha de ser tanto, donde repetimos las mismas conductas, los mismos errores y hasta los mismo ridículos. Llega a la ciudad de México un fulano de buena planta, que además se hace llamar conde o príncipe, y como está guapito, tiene un apellido de prosapia, y supuestamente una fortuna que en nada desmerece de la de los cachorros de la Revolución, pues le dan entrada a las mansiones y salones de moda, pero no solo eso, también lo comienzan a ver como prospecto para matrimoniarse con alguna de las hijas casaderas de las mejores familias, quienes en él ven la oportunidad de dejar atrás los apellidos vernáculos, para sustituirlos con uno europeo inscrito en el Who y who. Bueno, pues por allí avanza la historia, una novela que parece churro televisivo… que por cierto no han adoptado el tema porque… este… rompe con el sueño tan mexicano de ‘mejorar la raza’ a través de un buen casamiento, tema de infinidad de culebrones de enorme éxito.

Viene a cuento la referencia porque Saltillo no ha escapado a esta clase de tramas. Aislados en las Provincias Internas de Oriente, los saltillenses cayeron en repetidas ocasiones en maniobras de este tipo, todavía hay por allí apellidos importados, que fueron incorporados a la genealogía local, quien sabe si aportando fortuna o nomás leyenda, pero de que somos tan proclives a dejarnos encandilar como la gente de cualquier otra parte de nuestro acomplejado país, no hay ninguna duda.

El reciente fraude perpetrado por una chamaca con ingenio e iniciativa, pero sobre todo con una amplia capacidad para explotar las debilidades de cierto sector de la población, nos pone de nueva cuenta en la escena que describió Spota. Su blanco fueron empresarios, gente de dinero, que no tiene problema para comprar un reloj supuestamente de alta gama, y menos cuando se lo pone enfrente una muchacha de no malos bigotes, como decían los clásicos.

Foto Men’s Health Latam.

Quién sabe, o no se ha filtrado, que hubiera mediado la prestación de otros servicios distinguidos, aparte de la compra venta de un reloj que resultó chafa, y lo de cómo se fue colando de oficina en oficina, perfectamente daría espacio para otra novela, una de preferencia más picosa que la de Luis Spota, quien se enfrentó a la censura de un régimen de muy escaso humor. Sobre todo en Saltillo y Ramos Arizpe, sería bien curiosa una novelucha con nombres reales, o cambiados si prefiere, pero claramente reconocibles, de quien le presentó la bigotona a quien y con qué credenciales, con las que cayeron todas las barreras de desconfianza de gente que se supone que, si son millonarios, es precisamente por sabérselas de todas, todas.

Habrá habido algunos que se defendieron y que no cayeron, claro, ahorita son los que se están burlando de los que sí, y son quienes están soltando la sopa de los nombres de los afortunados beneficiarios de los encantos mercantiles de ‘Lady Relojes’ que, al momento de teclear esta nota colorada, ya había dejado el penal donde estaba internada, pues como se sospechaba, nadie quiso denunciar, porque ninguno de los afectados quiere ver su nombre como denunciante, y menos como víctima.

Lo último que supimos es que un abogado vivales, como lo son todos, quería armar pleito por una detención ilegal contra doña Relojes, a ver cuánto dinero sacan entre ambos, ambas… hasta de la Fiscalía, esa es buena.

Lo que sí, hay que admirarle la capacidad empresarial de la licenciada Relojes… a los 23 años, haberse transado a 18 farolones, no es poca cosa. El botín ronda, según estimaciones, los cinco millones de pesos, bonita suma para alguien que se inicia en los negocios truculentos.

Nos recuerda a aquel famoso licenciado ¿o ingeniero?, Treviño, un narcotraficante que hizo negocios gordos con las mejores familias de Saltillo y la región, negocios muy buenos para todos, que no eran otra cosa que lavado de dinero. Incluso hubo algunos que, viéndose afectados, a la hora que la entonces PGR lo puso en un avión para extraditarlo a Estados Unidos, se quisieron quedar con unos terrenos y otras cosillas, vinieron de su parte a cobrárselas y bien cobradas, no faltó el que se puso gallito, hasta que le secuestraron un hijo y otros métodos que hasta a los empresarios más bragados los bajaron de su penco.

En fin, que los ricachones de Saltillo, Ramos y Arteaga, con todo lo que tienen de abusados, también tienen sus debilidades, nunca falta quien quiera explotarlas, para lo cual se dan sus habilidades… muy convincentes, según nos cuentan.

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