
CDMX., 12 marzo 2026.- Aunque no existe una declaratoria pública de cierre definitivo, el Nacional Monte de Piedad llega a marzo de 2026 envuelto en una crisis que ya encendió todas las alarmas entre sus usuarios: el paro está por cumplir seis meses, alrededor de 320 sucursales siguen cerradas y no hay una fecha oficial de reapertura generalizada. En los hechos, para miles de familias el problema ya dejó de ser laboral y se convirtió en una angustia patrimonial.
La huelga estalló el 1 de octubre de 2025. El 20 de febrero de 2026, un juez concedió un amparo a favor de la institución y declaró “inexistente” la huelga, pero el conflicto no terminó: el sindicato sostuvo que la resolución no es definitiva, promovió su revisión y abrió incluso la posibilidad de escalar el caso a instancias superiores. Es decir, mientras en el papel se habla de una salida, en la realidad las puertas siguen cerradas y los clientes siguen esperando.
La postura oficial del Monte de Piedad es que las prendas están resguardadas en bóvedas, cuentan con seguro y serán devueltas una vez que se restablezcan operaciones. Sin embargo, la propia institución reconoce que hoy existe una “imposibilidad física, material y jurídica” para entregar artículos, incluso a consumidores que ya pagaron el desempeño. También informa que los pagos pueden seguir haciéndose por Mi Monte Web, app, Banamex, OXXO o SPEI; que si ya se pagó el desempeño no se cobrará custodia; y que los clientes pueden acudir a Conciliaexprés de Profeco o al Tribunal Laboral Federal de Asuntos Colectivos dentro del expediente 1001/2025 para intentar reclamar sus bienes.
La situación de la empresa que recientemente cumplió 251 años, según información del Servicio de Administración Tributaria (SAT), está en optimas condiciones económicas y tiene actualmente cerca de 60 mil millones de pesos que pocos órganos manejan semejantes cantidades.
Pero en la calle y en los comentarios públicos el tono es otro: desesperación, enojo y miedo. En un caso documentado en Veracruz, una clienta relató que pagó desde antes del paro y aún no logra recuperar sus pertenencias. En comentarios localizados en publicaciones oficiales y recopilaciones periodísticas aparecen reclamos que se repiten una y otra vez: personas que dicen “ya pagué mis prendas” y siguen retenidas; otras advierten que los recibos de pago ya se están borrando; y algunas más reclaman que necesitan sus joyas para atender emergencias o volver a empeñarlas. Un recuento periodístico de febrero del Sol de Orizaba reunió 133 quejas y opiniones de usuarios, entre ellas denuncias de prendas pagadas que “no aparecen en resguardo” y exigencias de entregar, al menos, los artículos ya liquidados.
La dimensión del golpe explica el nivel de alarma. De acuerdo con reportes citados este año, el Nacional Monte de Piedad opera con más de 300 sucursales, realiza 7.2 millones de préstamos prendarios al año y atiende a 1.16 millones de clientes. En Coahuila, el paro afecta siete sucursales en Monclova, Saltillo y Torreón. No se trata, pues, de un conflicto menor: es una parálisis que impacta a una institución histórica y a miles de personas que dependen del empeño como válvula de emergencia económica.
Por eso hoy el temor de los clientes no es exagerado. No necesariamente porque exista ya una sentencia de desaparición, sino porque cada semana sin solución erosiona la confianza en una institución que durante décadas fue vista como refugio de última instancia. Y cuando una casa de empeño deja de entregar incluso lo ya pagado, lo que queda retenido no son sólo anillos, cadenas o relojes: es el patrimonio inmediato de familias que ya cumplieron y que hoy sienten que nadie les responde.

Deja un comentario