BAILE Y COCHINO… // Horacio Cárdenas Zardoni

Desde siempre, bueno desde que la beberecua se institucionalizó como una droga permitida, es que existe la división entre los consumidores y los proveedores. Y seguramente al poco tiempo de esto, es que, entre los vapores del alcohol surgió en alguna mente todavía no demasiado obnubilada, la reflexión aquella de lo difícil que es pasar de borracho a cantinero, de ser un artista del disfrute de la bebida en sus diversísimas presentaciones, a ser uno de esos que le niegan el placer, a menos claro, que ponga uno unas monedas o billetes encima de la barra, eso le quita la mitad o más al gusto, imagínese lo desagradable que es tener que trabajar, o ingeniárselas para conseguir dinero antes de poder sentarse con los briagos de los cuates a convertirlo en alucinaciones etílicas.
Siglos han pasado desde entonces, y aparte de que el negocio etílico sube como la espuma en un tarro de cerveza, la frasecita esa ha pasado a ser una referencia borrachil a un principio conductual en muchos ámbitos de la vida social, estableciendo y enfatizando la distancia que hay entre el ‘linguili línguili’ y la cosa seria, sea esta la que sea.
En esta ocasión le platicamos sobre un tema muy de nuestros tiempos, el paso de la muerte que implica el pasar de ‘influencer’ a político, que si no muchos, sí cada vez más, intenta gente que ha encontrado su forma de vida nadando en las redes sociales.
De por sí que es difícil encontrar una definición precisa de la palabreja esa, con decirle que ni el siempre pendiente de actualizaciones Word nos permite ponerla sin subrayarla de que está mal, para que la corrijamos, o la agreguemos al diccionario, el personal, no el del sistema, que tampoco se trata de llenarlo de basura. ¿Qué es un influencer?, pues la aproximación más elemental es que es un fulano o una fulana que influencia… o que tiene la capacidad de influenciar ¿en qué o para qué?, ah eso ya es otro cuento. Normalmente para puras simplezas, comprar alguna cosa que no necesita, ir a gastar dinero a un sitio de moda, que ellos dicen que está de moda, y cosas así, con la característica de que… no lo hacen de a gratis.

Algunos influencers presumen de ingresos enormes, que no logran sobándose el lomo como cualquiera de sus followers, ah, porque hay que entender que entre los dos conceptos, forman una relación simbiótica, el influencer no es nada sin alguien que lo siga, y estos, pobres, siempre andan buscando a alguien de quien estar pendientes día y noche, desde las cosas más triviales hasta las más escatológicas.
Uno acá, de la vieja guardia, ya pendiente de jubilación, no sigue a nadie. Lo único que me entero yo de una influencer equis es cuando la matan afuera o adentro de una estética carísima y super bien puesta en una plaza comercial, que era suya; o cuando a otra la secuestran, bajándola de su trocota Hummer que cuesta varios millones de pesos, que quien sabe de dónde sacó, pues no jala más que de eso, subir tarugadas a las redes sociales; o de otros, de estos ya van varios, a quienes acusan de estar relacionados con cierta banda del crimen organizado, a la que sus enemigos jurados quisieron perjudicar matándole a uno, o varios, de sus apologetas.
Esos son los que conocemos, habrá otros que hablen de cosas interesantes o importantes, que caigan en la categoría de influencer, usen o no la palabra, y más importante, obtengan o no, los ingresos de procedencia poco clara.
De los casos que se han dado de influencers que incursionan en política, hay una constante, de repente se dan cuenta de que lo que les van a pagar como regidores, como diputados, como directores de esto o aquello, se queda muy por debajo de los ingresos que perciban influenciando… además que aquello implica cierto nivel de dedicación que pudiera equipararse con trabajo, mientras que lo que han estado haciendo no es más que platicar sandeces delante de la cámara del celular, eso sí, de la más alta gama, para lucir no como son, sino con los filtros de rigor, como quieren que los vean.
Acá en Saltillo nos pasó el caso con una que fue candidata a presidente municipal y que quedó como regidora, Alejandra Salazar, que muy al principio de su dizque gestión tuvo el desplante de presumir que como influencer tenía ingresos por ciento ochenta mil pesos, y que lo de la regiduría era muy poco. Sus seguidores le festejaron su queja, quienes más, quienes menos, quisieran ser como ella y ganar lo que ella dice que gana, mientras que el resto la agarró de botana, calificándola de mamila y de mentirosa, pero bueno, se entiende que es su primera incursión pagada en la cosa pública.
Quizá por eso, por lo poco que gana como regidora, por todo lo que ha dejado de ganar, o porque tiene proyectos políticos a futuro, es que la tal Ale Salazar se creó un club de fans, pero no crea que es como cualquier club, este parece estar inspirado en aquella plataforma Onlyfans, en la cual la gente interesada en acceder a ‘contenido exclusivo’, y por lo general no se trata de recetas del arroz con leche o cosa así, sino lo que la mente cochambrosa de cada quien se quiera imaginar.
Aquí sí le voy a fallar, no se cómo andan las tarifas del Onlyfans, pero el club de fans de Ale Salazar anda en tres mil pesos, o si lo quiere pagar en dólares, 150, cerrado al tipo de cambio de 20 pesos por dólar. Que si es mucho o poco, allá sus followers, a lo mejor con su credencial le dan beneficios como los que otorga la Mera Mera, la credencial del Bienestar, la más Chida, o tantas que andan por ahí que reparten los políticos, con la diferencia de que todas estas son gratuitas y la de Ale cuesta bastantito.
Sería interesante checar ¿cómo declara la regidora influencer esos ingresos a Hacienda, como donaciones, como premios, o alguna otra figura?, y ya entrados en averiguaciones ¿qué tiene que decir el INE o el IEC sobre pedir dinero con fines electorales fuera de los tiempos de campaña, los declare o no?
Por lo pronto, si la curiosidad o el morbo lo corroe… ya sabe el caminito, mocharse con tres mil pesos para ser Onlyfan de Ale… ahí me cuenta si se encontró algo picosito a cambio de su generosa aportación.

Interesante relato quedan dudas influencer vemos políticos no sabemos