BAILE Y COCHINO… // Horacio Cárdenas Zardoni

Apareció hace pocos días una nota que tiene lo suyo de interesante, pero también de preocupante, porque nos deja el sabor de que lo que se hace, y lo que se haga, está muy lejos de resolver los problemas a que hace referencia. Más bien nos da la impresión de que hacen como que hacen, para mantener una apariencia de que se están ganando su salario y que, si se los siguen pagando, tarde o temprano ‘saldrá su asunto’.
Nos estamos refiriendo a la nota en la que José Ángel Herrera Cepeda, responsable de la Fiscalía de Personas Desaparecidas de la Fiscalía General del Estado, informaba que, luego de las exhumaciones masivas llevadas a cabo en cementerios en territorio coahuilense, se recuperaron mil 117 restos de personas no identificadas, que luego de ser analizadas con los elementos a su disposición, lograron la identificación de 167 personas reportadas como desaparecidas. Esto equivale a un 15%…
Analizando un poco la nota:
La noticia sobre la que dio información el funcionario se refiere solo a personas que fueron inhumadas y luego exhumadas en panteones, las siempre tenebrosas fosas comunes, lo que mal que bien implica que recibieron una atención mínima de parte del servicio médico forense, durante el tiempo que los tuvo en sus gavetas refrigeradas, quizá hasta les dieron algún tratamiento para conservarlos, y luego los sepultaron, no para que terminaran de descomponerse, sino para alguna clase de preservación, mientras salía algo…
Aquí me surge una duda, si estos cuerpos fueron a la fosa común fue por decisión de alguna autoridad, la fiscalía, el forense, algún juez, se me ocurre que antes de la sepultura, o durante el procesamiento que se hizo buscando su identificación, se tomaron muestras y se hicieron descripciones, lo que sea el procedimiento para una probable comparación con datos almacenados en bases de datos estatales, nacionales o internacionales… así de pretensiosos somos. De contarse con esos elementos, no se necesitaría, en nuestra lega opinión, exhumar los cuerpos para sacar lo que ya se supone que tienen, pero ¿yo qué sé?

La misma referencia del fiscal, a que se trataba de un universo controlado… los que habían ido a dar a un panteón, nos habla de que no eran restos que hubieran sido localizados en fosas clandestinas, que hubieran sufrido probablemente maceramiento, calcinación u otro medio de los que echan mano los asesinos, para deshacerse de los cadáveres. Digamos que se trataba de cuerpos o trozos de cuerpos más o menos limpios, la parte sencilla de la chamba de identificación, porque hay otros cuerpos que… se ensañan con los restos como se ensañaron cuando estaban vivos.
Conste que esto es lo que deducimos de los datos aportados por Herrera Cepeda, a lo mejor entendimos mal, y se trata de restos que encontraron enterrados, los desenterraron, los volvieron a sepultar y los vuelven a sacar, cuando desde el primer paso debió quedar todo debidamente documentado.
Ahora vamos a la estadística. Una efectividad del 15% no es que digamos para tronar cuetes, si lo que les faltara de identificar fuera un 15%, estaríamos ahogándolos en confeti, pero con lo que reporta… es más bien para ponerse a llorar, luego de correrlos a todos.
Sí, sabemos que no es nada fácil, y que México literalmente nada en cadáveres no identificados de gente que probablemente están listados en algún lado como desaparecidos, o ni siquiera eso. Lo reportado es de lo que localizaron en cementerios, falta lo que usted quiera considerar, que puede ser mucho o muchísimo más, pero aquí se conforman con reportar eso y a partir de eso… el 15%.

Es cierto, lo ideal es que no se perdiera nadie, ni los que se van con el novio o la novia, ni los que se llevan, levantan, secuestran o cualquier otra causa. El ideal también sería que nadie muriera sin identificación, y aquí no le estamos dando por su lado al vacile ese que se traen con el curp biométrico, que es levantamiento biométrico, con curp y sin curp, nadie debería llegar al hospital o a la morgue en calidad de desconocido, que es redundante de lo anterior, pero pese a todas las flores que se echa el gobierno de ser un estado de derecho, la verdad es que hay demasiado que desear.
De ninguna manera vamos a decir que el trabajo de identificar restos humanos sea sencillo, al contrario, si averiguar que un trozo pertenece a qué hueso, y si los otros veinte o cincuenta son de la misma persona, o de otra o de otras… pero nos da la impresión de que lo están recorriendo a un paso de lo más pausado, eso cuando no se detienen a descansar, o se regresan… y el colofón, nada nos quita el sentimiento de que no van a acabar nunca, mientras los cadáveres no paran de apilarse.

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