Acero de AHMSA, los malos negocios

BAILE Y COCHINO… // Horacio Cárdenas Zardoni

Imagen de una planta industrial con estructuras metálicas y chimeneas, en el fondo un cielo despejado. En un círculo, se muestra un retrato de un hombre con corbata y un fondo neutro.
Alonso Ancira. si AHMSA hubiera sido sólida, no se habría desmoronado en pedazos como lo ha hecho. (Foto de Zócalo Monclova)

No sé usted, pero acá un servidor, desde la primera ocasión que escuché hablar de Altos Hornos de México, la empresa estaba emproblemada.

Cincuenta y feria de años después, ni una sola ocasión puedo decirle que el negocio de la siderúrgica instalada en la región centro del estado de Coahuila estuviera en una situación boyante, segura y en procede expansión. Mera apreciación mía, algún vocero de la compañía, del corporativo o de sus subsidiarias podrá contradecirme, restregándome en la cara sus estados anuales de resultados, y los pagos de dividendos a sus accionistas.

Seguro tienen todos los elementos y además cobran por ello, pero si es así ¿Por qué y cómo hemos llegado al punto en que estamos, y no me voy a creer que todo sea culpa de Andrés Manuel López Obrador, que le tenía particular tirria al presidente del consejo de administración y accionista mayoritario Alonso Ancira Elizondo?

Que no le voy a negar, AMLO fue y sigue siendo un enemigo temible por rencoroso, pero si la empresa hubiera sido sólida, no se habría desmoronado en pedazos como lo ha hecho AHMSA. Desde que Carlos Salinas de Gortari decidió vender Altos Hornos a gente cercana, quizá cercanísima a él, y luego de haber depurado la empresa paraestatal para dejarla libre de polvo y paja, para que el negocio despegará sin contratiempos, la compañía se manejó no con el debido cuidado, sino como nos enseñaron en la escuela que se define un corporativo: un conjunto de empresas siempre al borde de la quiebra.

Tan sencillo como que en el momento en que les sobra algo de dinero, y luego de pagar sus dividendos a los inversionistas, lo que queda lo aplican en una nueva aventura, otro negocio, otro giro, otro país o continente, en una espiral de crecimiento que puede ser admirable, pero que no le permite tener un flujo de efectivo como para enfrentar una crisis, y AHMSA ha pasado por varias, saliendo de ellas con muchos compromisos financieros que, en honor a la verdad, no ha honrado debidamente.

Logo de AHMSA en un edificio industrial
López Obrador fue y sigue siendo un enemigo temible por rencoroso.

Si lo suyo era la siderurgia ¿a qué meterse a la minería?, igual ¿Para qué meterse al negocio de la energía, adquiriendo montón de concesiones para la explotación de roca de esquisto? Esto último solo se entiende como una apuesta muy a futuro, que ¿quién lo iba decir?, ahora están en condiciones de negociar con el gobierno federal, ni más ni menos que con el segundo piso de la cuarta transformación que le hizo la vida de cuadritos, que hasta a Ancira metió a prisión, dónde por cierto no aprendió nada, ni a portarse bien ni a pagar sus deudas.

Ahorita con esas concesiones que alguien llegó a decir que ocupaban tres cuartas partes de la zona donde se podría dar la explotación del gas y petróleo shale, puede ser que a los tenedores de esos papeles y en un muy lejano último lugar, también a los trabajadores siderúrgicos, a la gente interesada en la reactivación de la empresa, les vaya un poquito bien, pero no hay garantías.

El asunto está en que Altos Hornos nunca fue vista como una empresa productiva, mucho menos como una con carácter regional e impacto social, la vieron y la usaron como una fuente de dinero a ordeñar, y así lo hicieron.

Nos la hemos vivido años con que sí la quiebra, con que sí la subasta, con que sí la compra, la asociación, el rescate o la reactivación, y nomás nada. Y nomás nada porque a nadie de los involucrados les interesa el negocio del acero, producirlo y venderlo, por eso es porque plazos dan y plazos de vencen, para dar paso a nuevos.

Sería triste ponerlo en estas palabras, pero ahí va, mientras esté en manos de esta clase de gente, los Altos Hornos nos se volverán a encender, ni una sola rondana saldrá de Monclova, ahora demuestren que el equivocado soy yo.

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