BAILE Y COCHINO… // Horacio Cárdenas Zardoni.-

Saltillo y Coahuila tienen una larga tradición de construir para luego destruir, y poner una cosa nueva encima de la que había antes. No es que no ocurra esto mismo en cualquier otra ciudad del país o del mundo, la diferencia es que acá se hace con una saña que raya en sadismo.
Todavía nos acordamos cómo el Ayuntamiento de Saltillo recibió una importante donación de parte de la Fundación Pedro Domecq, que al parecer mandaba representantes por todo el territorio buscando algunas obras que valiera la pena remozar, para beneficio de toda la población de los lugares favorecidos. Si no me acuerdo mal, fueron 800 mil pesos, los que donaron para la construcción de un pedestal, a todo lujo y sin escatimar en materiales y trabajo en piedra de cantera, para recolocar en un espacio digno la estatua del poeta Manuel Acuña.
Todo fue que Óscar Pimentel, siendo presidente municipal, quisiera arreglar el sitio como estaba antes, para crear la que todavía existe, plaza de las ciudades hermanas, dentro de cuyo proyecto se incluyó otro pedestal para la misma estatua de Acuña. Sí, nada más que la de los arquitectos de Domecq la hicieron a todo lujo, respetando el paisaje urbanístico del bulevar Francisco Coss, y en especial de los edificios sobre él, principalmente el teatro de la ciudad Fernando Soler. Les valió sorbete, y al pobre Manuel Acuña la pusieron sobre un cono que parece la tapa de un silo de esos desde donde se disparan los cohetes balísticos intercontinentales. A lo mejor para quien nunca vio la ‘evolución’ de los pedestales de Don Manuel Acuña, verlo trepado en la pirámide cónica esa no significa nada, pero para los que sí…

Enrique Martínez hizo dos distribuidores viales, uno en Torreón y otro en Saltillo, del que dicen que presumía que se veía desde la Luna, vaya a saber si dijo esto o no, luego vino su sucesor, Humberto Moreira y alegremente dinamitó el de La Laguna, ya ve que traía a todo la fiebre de los puentes, y le estorbaba aquel, al que le inventaron que estaba mal hecho. Poco que se hace, cuesta un dineral, y viene otro a destruirlo, por las razones que sean.
Recién nos enteramos que la obra magna de José María Fraustro Siller, ¿hubo una obra magna en el trienio de Chema?, el parque azul y verde que se instaló en la Colonia Brisas, es objeto del enésimo atentado, en esta plaga de construcción, destrucción, para poner otra cosa, que no suple lo que deshacen, ni de lejos.
Nos acordamos de algunos detalles de aquel proyecto. Primero que nada su ubicación, lo pusieron en la Colonia Brisas, una de las más abandonadas de toda la capital coahuilense, hablando de las autoridades, como que eligieron un parque en condiciones de abuso y abandono, para que sí, se notara la ‘intervención’, como ahora le llaman a cuando se ponen a hacer algo.

En segundo lugar, no fue ni una iniciativa ni una inversión del Ayuntamiento. Este estaba muy ocupado, hágame el favor, con su estrategia de ‘maratón de obras’, que echó a andar Chema Fraustro, más como un modelo publicitario, que como uno de obras públicas, pero ¿qué podíamos esperar de él y de su administración?, se dedicó a hacer como que hacía, y dejar correr el tiempo, que lo que le urgía era ya dejar el hueso, no fuera a ser que comenzaran a acumulársele los reclamos.
Pero el detalle más importante de la infraestructura azul y verde en la plaza de Brisas poniente, fue que se trató de un iniciativa externa, y por externa no nos referimos solo a la motivación, sino al proyecto en sí y a la aportación de recursos, que provino de una fundación alemana, interesada en crear esta clase de ambientes urbanos, que pudiera ser primero mostrado y luego repetido por todos lados, viendo las autoridades de los distintos municipios que sí funcionaba, que era aceptado por la población y que los vecinos lo adoptaban para cuidarlo, esto punto y aparte de su utilidad para almacenar agua de lluvia, para que se fuera filtrando al subsuelo y eventualmente llegara a los mantos freáticos, casi que le leían la mente al gerente de Aguas de Saltillo, que desde que llegó se ha empeñado en decir que las lluvias que caen en la capital coahuilense no sirven para recargar los mantos acuíferos…
Total que era un proyecto importante, que hacía ver bien a Saltillo y quedar bien a sus autoridades, que declararon que era un proyecto piloto, que luego de su evaluación, sería replicado por toda la ciudad… cosa que por supuesto que no ocurrió, luego de tomarse la foto, se olvidaron no solo del parque azul y verde, sino también de la colonia Brisas, y tanto, que la han agarrado de uno de sus punching bag favoritos para experimentar con su deseada y muy productiva, para cierto sector empresarial y sus socios políticos, de la gentrificación.
El parque azul y verde no sé si ya acabaron de arrasarlo, o están en ello. El pretexto es que la zona sufre de inundaciones… mire qué cosa, precisamente por eso está allí, para captar el agua y mandarla a donde debe estar, no sacarla de la ciudad primero con un cárcamo, y luego descargarla en algún arroyo. Los vecinos, obvio, estén en pie de lucha, hartos de abusos, dispuestos a enfrentar a las autoridades, que les han jugado gacho y las empresas, todavía peor.
Por una vez, y de aquí en delante, esperemos que logren preservarlo, ya estuvo bueno del jueguito político económico que tanto destruye de lo poco que tenemos para presumir en nuestra ciudad.

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