BAIE Y COCHINO… // Horacio Cardenas Zardoni.-

¿Se acuerda los primeros meses del gobierno de Andrés Manuel López Obrador, cuando como dice el corrido de la Maquinita, sin saber cómo, ni cuándo, México se encontró en una crisis de desabastecimiento de combustible? Fue la primera probadita de lo que llegaría tras del desmadre que vendría después en prácticamente todos los ámbitos de la administración pública mexicana.
Nunca había habido escasez de combustible, o bueno sí, pero era porque había alguna guerra en algún lado y los Estados Unidos no nos estaban surtiendo toda la que les deberíamos de comprar, o porque había ocurrido una explosión en algún ducto, pero no era tan fácil atribuirlo a negligencia, incompetencia o un interés político concreto, como se acabó detectando en este caso.
La ridícula historia fue más o menos así: en un de repente, el presidente se dio cuenta de que se estaban robando el combustible de los ductos de Petróleos Mexicanos, que era un delito que le costaba al estado mexicano, a las arcas que él comenzaba a administrar como su billetera personal, y en última instancia al pueblo bueno y sabio, y eso no podía permitirse.
De un plumazo ordenó cerrar los ductos que transportaban combustible… y se vino el mundo encima de millones y más millones de mexicanos, porque según él había dado la orden de que todo el combustible que se requería en cualquiera y todas las gasolineras del país, se transportara por camiones cisternas, las popularmente conocidas como pipas.
¿En qué cabeza cabe?, en la de alguien que no tiene ni idea de volúmenes, logística, disponibilidad del parque vehicular, costos, y un largo etcétera, al que además, todos sus achichincles le tienen miedo de decirle la verdad de lo que podría pasar, mejor que se friegue todo el país, antes que contradecir a su supremo y tropical mesías.

En uno de sus arranques, López Obrador ordenó a su entonces secretario de Relaciones Exteriores, Marcelo Ebrard, sí ese mismo que tenía a su hijito vaquetón como huésped de lujo en la embajada de México en Londres, que fuera y comprara dos mil pipas, a ver a dónde, obvio a donde se las dieran más baratas, que la cuarta transformación no podía romper desde el primer mes de gobierno con la ‘austeridad republicana’ que la caracterizó todo el sexenio…
Y allá se fue Marcelo, como a él le gustaba, viajar por todo el mundo con pasaporte diplomático y tarjeta corporativa para darse vida de gran visir, ¿y las pipas?, nadie puede decir que haya presenciado el paso de convoyes de cientos de pipas recorriendo para arriba y para abajo las carreteras del país para llevar Magna, Premium y Diésel desde Mérida hasta Ensenada, y el Pilón como si nada.
Sí nos acordamos que se ofrecieron salarios de 29 mil pesos para choferes de las pipas que se iban a comprar… tampoco sabemos de nadie a quien hayan contratado para esa chamba, de la que por cierto dijimos, ganarían lo que un jefe de departamento o subdirector en las dependencias públicas, y con eso de que nadie podía ganar más que El Peje, los salarios de la burocracia se compactaron entre los límites de los citados 29 mil, y 108 mil que ganaba el presidente.

Esto viene cuento porque se publicó un informe del Instituto Mexicano de Ejecutivos de Finanzas en el que se dice que durante el año pasado las pérdidas por huachicol, no del fiscal que es petróleo de otro costal, sino del normalito, llegaron a 123 mil millones de pesos. Un dineral, por cualquier lado que lo vea. Pero el asunto no es lo que se perdió en el año 2025, sino la estimación de que para este 2026 lo más seguro es que la cifra se repita, y en un descuido, que se incremente sustancialmente…
Lo que inferimos nosotros es que las acciones que supuestamente ha emprendido el gobierno contra el huachicol y los huachicoleros no han servido para nada. López Obrador lo declaró extinto al tercer mes de su gobierno, y no solo mintió, sino que los dejó hacer a su gusto, y tanto que creció como nunca antes, hasta llegar a los números de escándalo que tenemos ahorita y que todo hace indicar que continuará, porque es negocio, la administración de Sheinbaum no lo está tocando para nada, de vez en cuando para efectos de relaciones públicas cae alguna pipa, pero lo grande, sigue igual y empeorando.

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