El arte de comer sapos y culebras

BAILE Y COCHINO… // Horacio Cárdenas Zardoni.-

Reunión de varios hombres en una mesa, uno de ellos recibe información de otro que se acerca con atención.
Esos desplantes de Atolini, de Hurtado, de uno que pelea el distrito de Monclova que quiere aparecer muy machín… No son maneras de atraer el voto despreciando, ninguneando y victimizando a las personas, mucho menos amenazándolas, así sea solo el juego de palabras en la contienda electoral.

A lo mejor recuerda usted el caso de Lorenzo Córdoba, uno que la giraba como presidente del Consejo general del Instituto Federal Electoral. Durante meses, no, durante años, MORENA y los partidos paleros de este, lo trajeron de un ala, acusándolo de todo, discriminación, violación de los derechos humanos, y cuánta cosa, todo porque en alguna ocasión se burló de un pretendido líder de algún pueblo originario.

Cera y pabilo hicieron los morenistas, de presidente para arriba y para abajo, hasta juicio político pidieron en su contra, le recortaron el presupuesto todo lo que les fue dado. Es cierto, el cuate les caía mal, no obstante que su padre había sido profesor del Andrés Manuel López Obrador en su brillantísimo y sobre todo larga carrera profesional, nunca le quitó la mira de encima, Pero no pudo con él.

En general Lorenzo se portó a la altura, todo el tiempo o casi, Pero en aquella ocasión supuestamente imitó al lidercillo, caracterizándolo como jefe indio de película de vaqueros.

Córdoba tuvo tiempo de arrepentirse, aunque lo más seguro es que si no lo hubieran perseguido por eso, lo hubieran hecho por cualquier otra cosa.

Una carrera, si no impecable, si razonablemente buena era la de Lorenzo, que se perdió por un chiste. Ni modo, así pasa.

Será que Córdoba no aprendió aquella máxima del sistema político mexicano, recogida por el Tlacuache Garizurieta, citando a algún presidente la república: siempre te irá mal por algo que digas, nunca por algo que no digas… Y aquella otra que dice que la política es el arte de comer sapos y culebras sin hacer gestos. La primera creo que fue de Díaz Ordaz y la segunda de Ruíz Cortines, ninguno de los cuales se puede quejar de cómo le fue.

La política es entonces un ejercicio continuo y permanente de disciplina y autocontrol, algo que a veces exige más de lo que están dispuestos a dar, sobre todo en estos tiempos, en los que la política se entiende como decir y hacer lo que les salga de las narices.

En efecto, con la nueva clase política morenista, parece que privilegian las emociones por sobre cualquier otra cosa, inclusive la propia conveniencia.

A la presidenta Sheinbaum la hemos visto molesta, enojada, furibunda, regañona, dejando no entrever sino brotar sus emociones de manera totalmente inconveniente y contrario a sus intereses.

No aprendió, su que debería haberlo hecho por la relativa cercanía que tuvo con Jorge Carpizo, con quién coincidió en el tiempo, él, como rector que quiso romper la inercia en la UNAM, y ella como porra que se oponía a todo, nomás porque sí.

Bueno, Carpizo dijo, cuando ya era secretario de gobernación, que el que se enoja pierde, y literalmente le aventó la renuncia a Carlos Salinas de Gortari, quien se la aventó de regreso. Al rato lo quitó, Pero cuando él quiso, al presidente, del estilo antiguo, nadie le renuncia.

Pero los políticos morenistas, a lo mejor inspirados en su presidenta, o vaya a saber por qué, les ha dado por dejar ver su peor cara, aunque quizás sea la única que tienen.

Grupo de personas posando con certificados en un evento de la organización Morena en Coahuila.

En los pocos días que van de campaña para renovar el poder legislativo en el estado de Coahuila, ya se han dado dos que tres casos, o más, en los que los candidatos morenistas muestran el cobre a las primeras de cambio.

No sabemos si son los nervios, la inexperiencia, obvio que sí, la falta de escuela, y mucha más de buenas cualidades, cuando que les sobran defectos y muy poco tienen con que cubrirlos.

Esos desplantes de Atolini, de Hurtado, de uno que pelea el distrito de Monclova que quiere aparecer muy machín… No son maneras de atraer el voto despreciando, ninguneando y victimizando a las personas, mucho menos amenazándolas, así sea solo el juego de palabras en la contienda electoral.

¿Qué espera uno de un diputado? Para empezar cabeza fría, capaz de aguantar lo que sea, a nadie le conviene un legislador de mecha corta, por supuesto, capacidad de conciliación, por sobre las ganas de resolver las cosas a golpes.

Pero dudo que aprendan sobre la marcha, desafortunadamente la marcha es muy corta, menos de un mes, lo que no sabían ya, no lo van a aprender en este rato, o tal vez sí… La derrota en muy instructiva a veces…

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