TELEGRAMA // Héctor Barragán

Una molestia persistente es la oferta de tarjetas de plástico para que el usuario compre lo que no necesita de momento y genere comisiones al expedidor y al banco también y a estos en los frecuentes casos de que no se pague al vencimiento de los plazos, que en tantos casos son verdaderas fortunas.
También con interminables telefonemas, se promueve la oferta de créditos para que paguen las deudas atrasadas que es una forma de vender dinero y añadidos para renovar los adeudos que se hayan acumulado.
Es un verdadero tormento por la frecuencia de llamadas, que se prolongan por años generando gastos para el que otorgó el crédito no pagado e ingresos para el cobrador profesional y burocrático, que invierte tiempo, salarios y quita el buen humor al infortunado poseedor del número telefónico elegido por el deudor incumplido que es desconocido para el receptor del mensaje de pretendido cobro.
Se aprecia que los cobradores son ineficientes y desconocen la rutina para perseguir con efectividad a los insolventes. Pero algún día se hará justicia y el mundo de afectados, encontrará las formas que le corresponden para ocupar el tiempo que le ha quitado la avaricia bancaria y mercantil, como resultado de su ansia de aumentar ganancias.

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