BAILE Y COCHINO // Horacio Cárdenas Zardoni.-

No nos consta, pero es de esas leyendas que recorren las redacciones y los corrillos de periodistas. Se cuenta que hubo momentos en los que el gobierno ordenaba requisar la edición entera de un periódico o de una revista. Ni siquiera se esperaban a que llegaran a los puestos de periódicos, allí en las puertas de carga de las casas editoriales, allí mismo se cargaban los paquetes, antes que los voceadores o los repartidores los pudieran recoger para entregarlos. Eso era cuando se gobernaba con mano de hierro.
Luego hubo algunas épocas un tanto más benévolas, en los que igual, llegaban las camionetas de gobierno a los puestos de periódicos antes que comenzara la venta fuerte, y les compraban a los puesteros y voceadores desde el primero hasta el último, aunque de vez en cuando algún madrugador se hacía de un ejemplar antes que vinieran por todos.
Estaba por supuesto la supervisión que se hacía desde el gobierno de lo que salía en los noticieros televisivos y radiofónicos. Aquellas oficinas desde donde se hacía el monitoreo debieron ser algo digno de verse, no por lo caro de los muebles o los equipos, sino por la cantidad de gente viendo tele u oyendo el radio, para efectuar el reporte correspondiente. Algunos de estos implicaban que el comentarista que se había ido de la lengua en un asunto de interés del gobierno, ya no volviera a aparecer en su espacio, y los más urgentes se traducían en una llamada a la estación para decir que en ese instante cortaran la nota… y se hacía, que se diera de santos el periodista que no ordenaban que saliera de cuadro o del aire.
Pero las cosas fueron cambiando. Recordamos cuando Vicente Fox Quesada fue presidente de la república, y con ese estilo tan campechanote que siempre lo caracterizó, recomendó a la gente durante una gira que no leyeran periódicos, que traían puras noticias desagradables, que mejor vieran programas de televisión, que esos sí, eran super entretenidos y les hacían olvidarse de las preocupaciones. Y eso que Fox había sido oposición, y se había valido de lo que publicaban los medios de comunicación contra el régimen al que había jurado sacar de Los Pinos, cuando Los Pinos era Los Pinos. No es lo mismo ser borracho que cantinero, y aunque de una manera muy por encimita, lo suyo no dejó de ser una intentona de censura.

Como sabemos, Andrés Manuel López Obrador ejerció su muy particular estilo de censura, pero esta fue muy selectiva. Sí, dijo que no daría más contratos a los medios de comunicación, a los periódicos, revistas y emisoras que según él eran opositoras a él o su movimiento, o que pretendían ser estrictamente imparciales, les suspendió la publicidad oficial. En cambio, a los medios de comunicación afines… vivieron su mejor época, y la siguen viviendo. Según él, el recorte fue parejo, pero en la práctica esto no ocurrió así. A algunas casas editoriales las llevó casi a la quiebra, y pues ni modo, así se las barajan.
Pero nadie como Claudia Sheinbaum, quien de plano recomendó en una de sus conferencias ‘mañaneras del pueblo’, al poco o mucho pueblo que entusiastamente la sigue, que no vea TV Azteca…
Salvo el resbalón de Fox, y comentarios como aquel de López Portillo a la prensa de que ‘no les pago para que me peguen’, o el todavía más folclórico de Peña Nieto a los periodistas de la fuente de que ‘ya sé que ustedes nunca aplauden’, cuando de eso pedía su copetona limosna, el de Sheinbaum denota una actitud mucho más terminante y hasta represiva, que la de sus predecesores, a los que los exabruptos les servían para liberar la presión.
Eso fue un día, y luego la cosa se puso peor, pues dijo la presidenta que lo que había dicho el día anterior no era un intento de censura de parte de su gobierno, sino una opinión personal… pues sí, pero pues no, porque quien ocupa la presidencia de la república no tiene opiniones propias, lo que tiene son manifestaciones de su política, en este caso para con los medios de comunicación.
Cabría preguntar ¿y dónde quedó aquello de ‘yo ya no me pertenezco’, frasecita que le copió a su mentor López Obrador, que a su vez le copió al suyo propio Hugo Chávez?, en efecto, quien ocupa esa posición, y otras muchas, dejan de tener opiniones personales, para convertirse en opiniones de gobierno, y esto es lo que es verdaderamente grave, porque lo que según Claudia Sheinbaum fue una opinión basada en lo que sea, su aversión al propietario Ricardo Salinas, a los periodistas que allí trabajan, al medio de comunicación, al estilito burlón que ha adoptado y que le ha funcionado tan bien, se transforma en… censura y represión, no faltará algún aprontado, de esos que le pululan a MORENA, que tome como orden lo que fue un deseo presidencial.
Quede claro que no somos, ni hemos sido nunca fans de TV Azteca, pero ahorita son de los pocos que hacen el trabajo de incomodar al régimen, en ese nivel, hay muchos otros que lo hacen en redes sociales o medios, y lo que se ganan es una granizada de bots. Pero ¿qué le vamos a hacer?, la falta de humor de los rojillos morenistas es lo que les lleva a censurar, mal cuento para México.

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