BAILE Y COCHINO… // Horacio Cárdenas Zardoni.-

El día 15 de abril de este año Citlalli Hernández renunció oficialmente al puesto de Secretaria de la Secretaría de las Mujeres, disculpe usted el pleonasmo, pero es que eso de la titularidad u otros recursos de los que los periodistas solemos echar mano para evitar las repeticiones, como que todavía no alcanzan a cuajar en este caso, y es que, siendo tan nuevo el puesto, lo creó Claudia Sheinbaum cuando reconfiguró el gabinete presidencial para hacerse su trajecito a la medida, no ha recibido la suficiente atención de los medios de comunicación, vaya usted a saber por qué.
Citlalli es uno de esos personajes ubicuos de la cuarta transformación, es todóloga, en cuanto a que la pueden poner en cualquier lado y más o menos hace el trabajo que le encargan, si es que le encargan algo, pues muchos de sus malquerientes opinan que la acomodan donde no estorbe mucho. Y bueno, Citlalli renunció a un puesto recién creado, digamos que también a su medida, y que por ser tan nuevo, podía darle el lustre que ella quisiera, cosa que no ocurrió, tanto así que lo dejó tirado para regresarse al partido de sus amores, MORENA, a hacerse cargo de la Comisión Nacional de Elecciones.
Muy al estilo de la presidenta, lo manejó como una decisión de la que se iba, a la que rindió todos los honores del caso, aunque lo que todo el mundo entiende es que se deshizo de ella, después de todo formaba parte del gabinete legal de la presidencia de la república, y la manda a un puesto que igual, ni existía en el partido, pero a supuesta petición de su dirigencia, a hacer funciones que tampoco existían y que probablemente interfieran con la estructura y operación partidista, pero eso es lo de menos, la decisión estaba tomada de echarla fuera.
Fue hasta la semana pasada que la presidenta Sheinbaum anunció la designación de Laura Itzel Castillo Juárez como nueva titular de la Secretaría de la Mujer, ya vamos aprendiendo, pero también dijo que no tomará posesión del cargo hasta el mes de septiembre, pues de momento tiene la responsabilidad de presidir la Mesa Directiva del Senado de la República.
Si de por sí los analistas comentaban lo sospechoso que era que una secretaría de estado permaneciera acéfala por alrededor de cinco semanas, todavía les pareció más, que el puesto se ocupe hasta dentro de tres meses, para completar más o menos cinco meses sin quien mande allí. Los comentarios de los que le saben a la grilla y a la burocracia son que esa dependencia que Sheinbaum se sacó de la manga, y con la que debió de estar más que cómoda por ser de su estricta invención, en muy poquito tiempo se convirtió en un cero a la izquierda, en algo que nadie tomaba en cuenta para nada, como no fuera para acomodar a algunos ‘cuadros’ de la 4T a los que se les tenía la deferencia de incluirlos y sostenerlos en la nómina, pero de los que se prefiere que no hagan nada, y digan todavía menos.

Triste destino para un proyecto en el que muchas mujeres fincaron tantas esperanzas, en concreto la de hacer cierto aquello de que ‘llegamos todas’, anunciado por la presidenta en su toma de posesión. Las decepciones liquidaron más que pronto a todas esas aspiraciones.
Acá en Coahuila tenemos un caso parecido, el de la presidencia municipal de Torreón, para la que fue electo Román Alberto Cepeda, y quien se desempeñó, dependiendo del gusto de cada quien: muy bien, al grado de merecer estar en alguna ocasión en el primer puesto entre los presidentes municipales de México en alguna de tantas encuestas que se hacen al respecto, o pésimamente mal, según sus múltiples malquerientes, algunos de los cuales le dieron seguimiento más que puntual a supuestos malos manejos y negocios turbios, lo que devino en denuncias en medios de comunicación, ninguna de las cuales cristalizó en una exigencia para investigar el caso de corrupción, si es que existía.
Román Cepeda padecía de cáncer de estómago, difícil decir desde cuándo, oficialmente se dio a conocer en diciembre de 2024, y su condición física se fue deteriorando paulatinamente hasta su fallecimiento a principios de este mes de junio.
Durante todo este tiempo su presencia al frente del municipio fue discontinua. A veces acudía a los eventos obligados, en otras se le veía en palacio municipal, pero también es cierto que pasaban semanas sin que se advirtiera su presencia, situación que se fue agudizando desde principios de este 2026.
Se llegó a hablar de una renuncia, cosa que no ocurrió, murió en el puesto, pero así como que se acusara un vacío de poder, pues no, la administración municipal funcionaba más o menos como siempre, siendo solo una suposición que había acuerdos con los directores para ver qué hacían y qué corregían.
Y aunque se puede hablar de interés por saber quién será su sucesor, no se puede hablar de una efervescencia política. En otros casos, en otros momentos, los grillos andarían desatados por que el dedo elector se fijara en ellos, cosa que seguramente ocurre, pero muy a las calladas, casi desganado. Mientras tanto, Torreón permanece sin presidente municipal, a la espera que el congreso designe al interino que les ordenen desde palacio rosa.
Vistos los últimos meses de la administración de Román Cepeda, como el año y feria de gestión de Citlalli, nos queda el saborcito de que… si los gobernantes están o no, ni se nota, el gobierno funciona o no funciona, con su presencia o su ausencia, y esto, si bien no es para preocupar a nadie, si es de hacerse notar. A lo mejor nos están sobrando puestos, secretarías enteras, y varios miles de burócratas, cosa de pensarse, con eso de la austeridad republicana…

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