¿Ahora sí el arroyo?

BAILE Y COCHINO… // Horacio Cárdenas Zardoni.-

La promesa del alcalde Javier Díaz está, no pasa de este año iniciar las obras de canalización del Arroyo del Cuatro, veremos y esperamos que sea así.

Como mucha gente de Saltillo y muchos visitantes de hace varias décadas, conocimos la parte norte de la ciudad como una gran planicie. Había, eso sí, grandes huertas e impresionantes nogaleras, probablemente también otros cultivares, pero para reconocerlos había que acercarse mucho, cosa que no era fácil, pues ya sabe, hay que respetar la propiedad privada.

Yo creo que como a mucha gente, le sonaba simpática la manera que tenían de denominar a los predios, ranchos, o antiguas haciendas: los Silleres, los González, Los Valdés, los… será que los sitios no daban mucho para efectos de toponimia, el paisaje era más bien plano, además de que los nombres que hubieran podido conservar de las poblaciones indígenas, se habían ido con el exterminio de ellas, así que ponerle el apellido de quienes se habían asentado allí estaba bien, es cosa común en el noreste de México, en Nuevo León nos encontramos con Los Ramones, los Cavazos, y así. En algunos todavía quedan personas con los apellidos originales, incluso poseen algo de la tierra, y en otros lo único que queda es el nombre.

Para quienes habitaban en esa zona del norte de Saltillo, las lluvias eran cosa normal, tanta huerta, tanto árbol, tanta vegetación, dicen los que saben, atrae las precipitaciones, y sí, llovía bastante, como para que fuera funcionar el sistema natural de arroyos, de pantanos y estancamientos, mismos que eran aprovechados por quienes sembraban esto o aquello, que alimentaban el mercado de la región y de más allá.

Las inundaciones no lo eran tanto, el agua llegaba a donde tenía que llegar, en las épocas en las que tradicionalmente se le esperaba, y aun que no digamos que todo estaba bien, las cosas se daban por hechas, y la vida adelante.

Todo fue que aquellas antiguas granjas, fincas y haciendas las fueron fraccionando para hacer viviendas, o como les gusta llamarle a sus promotores, residencias, porque vivienda suena a barato, y son todo menos eso. Pero como no se podía construir en un pantano, ni se iba a perder la utilidad de varios terrenos fraccionados, nomás porque por allí solía pasar un arroyo, pues a emparejar el terreno, todavía más de lo que ya estaba, todo muy correcto desde el punto de vista de los negocios… pero nadie le dijo al agua que se abstuviera de seguir cayendo y corriendo por esos terrenos que ya no eran tierra de inundación, ni siquiera tierra de cultivo donde pudiera estancarse en la superficie plana ni filtrarse al subsuelo, sino calles con nombres elegantes, aspiracionistas, y de preferencia, con nombres de santos, como si la pura invocación sirviera para protegerlos de todo mal.

Como cada año, en diversos momentos, curiosa o no tanto, coincidentemente con la temporada de lluvias, desbordamientos e inundaciones, vuelve a salir el tema de la necesidad, la urgencia de corregir los errores, las insensateces y la irresponsabilidad de quienes omitieron considerar la naturaleza, en sus distintas manifestaciones, específicamente las relacionadas con las lluvias periódicas, y menos las que ahora llaman atípicas, como si eso explicara algo.

Cada año nos salen las autoridades con una serie de explicaciones burocráticas, en las que tiene uno que echarse un clavado a ver si logra entender ¿cuándo van a empezar, cuándo van a terminar las obras, cuánto van a costar y quién las va a pagar?, por lo general tienen un tono optimista, no podía ser de otra manera tratándose de políticos profesionales: nos hablan de convenios, de liberación de recursos, de estudios y expedientes técnicos… todo muy convincente, que comienza a olvidarse en el momento preciso que inicia la evaporación del agua y se secan las calles y avenidas que se habían inundado, quedando solo los pozos, baches y socavones, además del sustrato resentido.

Los únicos que se acuerdan y continúan exigiendo no rollos, sino acciones, son los que resultaron afectados por las lluvias y avenidas de agua, que perdieron su mobiliario, tuvieron que entrarle a una limpieza profunda, y en no pocas ocasiones, a entrar en obra para reforzar los muros que se cayeron o que están a punto.

La promesa del alcalde está, no pasa de este año iniciar las obras de canalización del Arroyo del Cuatro, veremos y esperamos que sea así. En la época del año que estamos, todavía pueden repetirse las lluvias, o ser aún más intensas, lo que serviría para evitar el consabido olvido y que pospongan, por enésima ocasión, comenzar, ya no digamos terminar los tales trabajos.

Y entre tanto surge la pregunta ¿y ya nadie está construyendo arroyo abajo? ¿no hay nuevos fraccionamientos autorizados o en proyecto, en que se estén cometiendo los mismos errores intencionales que río arriba? Preguntamos porque la ciudad sigue creciendo, los fraccionadores no se vuelven precisamente menos codiciosos, ni de repente les da por cumplir la ley a carta cabal. Del Arroyo del 4 venimos oyendo horrores por décadas, pero es solo en los escasos kilómetros del área ya urbanizada ¿y la que van a urbanizar, allí hay garantía de que no habrá problema en las décadas por venir?

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