El interés tiene ruedas

BAILE Y COCHINO… // Horacio Cárdenas Zardoni

Ocurrió el fin de semana anterior, en el estado más seguro de la república, en la capital más segura del país, elementos de la policía estatal se empeñaron en realizar un operativo en uno de tantos bares, tugurios, antros y congales, que le dan su característico colorido a la no muy limpia mancha urbana de Saltillo.

Digo, operativos puede haberlos mañana tarde y moda, los 7 días de la semana si así se quiere, después de todo tenemos un prestigio de estado seguro que mantener, si no para otra cosa para poder seguirlo presumiendo.

No debería haber ningún problema por eso, la autoridad está actuando como dicen los clásicos burócratas, conforme a derecho, y los propietarios y administradores de los bares y sitios de mala muerte, están más que enterados que deben prestar todo el auxilio para que la autoridad cumpla con su función. Todo, hasta allí está perfectamente claro.

Ni qué decir que los parroquianos, pueblo bueno y sabio si son de izquierda, y gente de bien si son de derechas, también deberían, en presencia de la policía, o cualquier funcionario en ejercicio de su trabajo aceptar la revisión, y apegarse a los reglamentos, sobre todo aquellos que hablen de edad para estar presentes en ciertos sitios, o él todavía más delicado de que le sean servidas y consuman bebidas alcohólicas si están por debajo de aquella.

Así me lo imagino, todo en Santa Paz, buenas noches vengo a revisar, si pase usted, señoras, señores, está presente la autoridad, esto no tomará más que unos cuantos minutos, y a darle puntos.

Ah no, tenía que salirles lo saltillero, envalentonó a unos y les nubló el juicio a otros, y se fueron a los golpes, mal cuento. Porque hay que entender que, los policías estatales, y conste que no son de los de tácticas especiales o de reacción, van a lo que van, en lo cual no está incluido servir de pilmamas a jovencitos, jovencitas y jovencites.

Me acordé de aquel corrido que dice, que todos salieron huyendo en tan críticos instantes, y la bronca de adentro se trasladó para afuera, y en qué momento se juntó un montón de taxis de aplicación, es un asunto que vale la pena estudiar y analizar desde el punto de vista social, policíaco, legal y hasta político.

Podría imaginarme, que viendo entrar a los policías, y sintiendo que la fiesta se había acabado, los parroquianos comenzaron a pedir un carro de aplicación, para que viniera por ellos para trasladarse a sus casas, o citando aquella otra canción de Chava Flores, invítenme a otra fiesta ¿No?

Han de haber sido un montón de llamadas, y por la hora, no ha de haber habido demasiado trabajo, porque en un de repente se juntaron dos o tres decenas de carros de aplicación, con sus conductores listos para prestar el servicio, y más que eso, a defender La corrida, o como sea que le llamen a la prestación del servicio.

Yo los he visto afuera de alguna universidad, son bastante ordenados tanto los clientes como los carros, se identifican mutuamente y se retiran del lugar, pero en un zafarancho, ese es el mío, no ese es el tuyo, no me lo quieras ganar, y la policía que se viene encima, pues la gente obviamente se comienza a desesperar, los parroquianos por querer huir lo más pronto posible, sin daño físico, ni merma para su imagen, y los taxistas de aplicación, ellos ya contaban con ese dinero.

¿Cómo o por qué entonces se armó un zafarrancho?, eso que lo analice el área de inteligencia de la comisaría o de la fiscalía, no a toro pasado sino para un efecto de prevención, de que esta clase de cosas no se repita en su siguiente operativo. Porque los operativos tienen que seguir, y algo que no se puede permitir es que ahora los choferes de aplicación acaben portándose como durante años criticamos que se portaban los taxistas, que ante un accidente o cualquier problema, inclusive aquellos que involucraban a Uber o a Didi, para pronto se dejaban venir dispuestos a broncearse para que nadie abusara del compañero, según el Eterno principio de hoy por ti mañana por mí.

Mucho presumen aquí de sus drones, de sus estadísticas, de sus resultados, y sin embargo a la hora de un operativo, aparentemente sin mayor trascendencia, al mejor cazador se le va la liebre. Y sí, podríamos dejar pasar este incidente como tantos otros, pero visto cómo se pusieron, los unos y los otros, hay que estar prevenidos, para que cualquier día de estos, un operativo sin importancia, vaya a pasar a mayores.

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