Agradecimiento a profundas reflexiones médicas a mi más reciente entrega: El Dolor

Por el Dr. Eugenio Deister Mateos.

Hago alusión a comentarios recibidos.

Créditos: Boletines Dependencias.

Más que comentarios yo los considero un profundo análisis de profesionales de la salud, que se han tomado el tiempo de evaluarlo a profundidad y enviarnos sus opiniones, matices y propuestas lo cual tiene para mí enorme valor y en mi opinión merece por ende un espacio prioritario único.

Me permito comentar de manera puntual:

Sus reflexiones donde expresan que el tema del dolor es fundamental y no recibe la debida atención, control y atención médica digna de calidad, les comento el valor de esos comentarios son invaluables para mí en lo personal, cuando detecto que destacados profesionales de la salud coinciden conmigo respecto al concepto médico de responsabilidad ética que nos debe mover.

Las reflexiones son correctas, mi artículo se interpretó respecto al dolor y de manera no intencional como, si su definición y concepto fuera muy limitado y por tanto reducido, por supuesto que el dolor constituye una experiencia compleja donde intervienen factores múltiples cómo: biológicos, psicológicos y sociales, por tanto, se debe abordar de forma multidisciplinaria e individual para alcanzar su cometido. Yo omití de manera no intencional ahondar, explicar e identificar los componentes que lo forman y constituyen, estos los señalados y aplicados elementos empleados, en las clínicas y establecimientos nacionales del Sector Salud para Control y Atención al  Dolor en Francia, Bélgica y Gran Bretaña.

Los elementos torales a los que los colegas hacen referencia, son fundamentales y de inestimable valor, no únicamente por coincidir con mi opinión, sino por la razón de que seguramente han estado presentes en diversos servicios en los que pudieron atestiguar la forma como se lleva a cabo de manera cotidiana está fallida atención en pacientes quemados, oncológicos y postoperados de diversas especialidades, así también incluida la del dolor crónico, al igual que en respetables opiniones respecto a  lo incorrecto de aprobar y aplicar el concepto mal establecido que reza: «el deber es aguantarse» ese que experimenta el paciente.

Las aportaciones a mi artículo del dolor son atinadas, debí separar los niveles y tipos de analgesia y sedación, al igual de manera específica cada una, ya que no es lo mismo una sedación consciente controlada y baja dosis endovenosa como apoyo para un procedimiento con anestesia local y/o regional administrada por anestesiólogo, que una sedación profunda con narcóticos e inducida a la inconsciencia del  paciente y que debe ser solamente manejada en hospital.

También debí aclarar que, no es comúnmente la costumbre de manejar a un paciente inducido a inconsciencia no intubado y permitir su cuidado a los familiares, me refería cuando se trata de un paciente en fase terminal, en sus cinco sentidos pero que requiere un nivel de sedación y analgesia de forma intermitente durante el día para control de su dolor incesante intractable, y por la razón de tener un pronóstico de sobrevivencia  hasta de meses, ya que atenderlo en hospital resulta inoperante en el sector público y muy costoso en el sector privado;  ejemplo un paciente con cáncer terminal de próstata de entre 40 y 50 años de edad en buenas condiciones sistémicas, cuyos familiares aceptan ser calificados por un anestesiólogo e internista para su cuidado las 24 hs durante el tiempo de sobrevivencia, si se constituye  como un caso de excepción lo cual aquí debo destacar y puntualizar.

Debí ser más específico, afirmé  la no existencia de este tipo de clínicas de control del dolor en México, era mi obligación establecer que comparadas a las de Gran Bretaña, Francia y Bélgica multimodales con nueve componentes para atención integral del paciente, ofrecidas por sus sectores públicos de salud y accesibles a toda su población, en comparación con las de México que no cuentan con esos componentes, más aclaro no reside en una falta de capacidad ya que México cuenta con médicos y enfermeras muy capaces de nivel del mejor país del mundo, lo que sucede es que sus clínicas para este fin son hoy inadecuadas y también inaccesibles para gran número de pacientes, por un lado debido a costos y por otro lado falta de clínicas exprofesas  que además están saturadas y mal distribuidas en el país.

Créditos: EOC

Referente al tema mucositis, plasmado en este  apartado, me complace saber que coincidimos y se que la coincidencia reside seguramente en que los médicos que comentaron mi artículo cuentan con una amplia práctica y experiencia médica.

Mi afán es destacar la falta de real seguimiento es decir atención específica cuando los pacientes van acudiendo al tratamiento sea con y/o quimio y radioterapia.

Respecto al comportamiento del médico, enfermeras y personal de salud que atienden al paciente con dolor, soy muy crítico e intolerante con ese personal, sin embargo no me detuve a abordar las causas de las deficiencias del personal y  los insumos con que deben contar, pues es muy importante detenerse en la capacitación, y formación profesional de todos ellos y sus específicas carreras, y más aún en sus profesores.

Referente al programa de formación de las enfermeras me consta que el de la Escuela Nacional es impecable, sus egresadas son muy capaces y más aún las que alcanzan capacidad y especialidad en posgrado en diversos ramos, resultan imprescindibles en el sector público y privado, esto lo observé y constaté en mis tres años a nivel central cuando fui asesor del director de prestaciones médicas del IMSS, ya que realizamos reuniones nacionales semestrales para evaluar el desempeño de los profesionales de atención a la salud del IMSS.

Aunado a esto me tocó la pandemia del AHN1, las enfermeras de Salud Pública y las de atención hospitalaria fueron quienes detectaron y advirtieron la aparición de un padecimiento no conocido, resistente a responder favorablemente al tratamiento de neumonías de diversa índole, señalando también su incremento, ahora debo señalar que suele un sector significativo de ellas desviarse en  cuanto a la debida atención por influencias de sus jefas y el sindicato.

Para no ahondar más, en el caso de los médicos del sector salud público las causas de caer en la mala atención, son prácticamente las mismas, y me atrevo a señalar inició por mala influencia de sus médicos de base, y jefes de servicios desde fines de los 70s, más la filosofía sindical. Y esto permeó desde el pregrado en el cuarto y quinto año de prácticas hospitalarias, internado y residencias médicas; respecto a otras causas cómo saturación de servicios y falta de personal estoy en total acuerdo.

Las conclusiones de los médicos que leyeron mi artículo son apreciadas, ya que era justamente mi objetivo destacar la necesidad de desarrollar un espíritu humanista en el personal de atención a la salud al hacerles una convocatoria a mejorarla, tomando en cuenta el deber de  ofrecer su empatía ante el sufrimiento de cada paciente.

Agradezco sus propuestas de matizar y actualizar algunas afirmaciones, para lo cual hago invitaciones a los médicos interesados, si están de acuerdo en escribir una colaboración conjunta y  redondear, actualizar y enriquecer el tema de atención al dolor actual en México, basado en los datos que puedan aportar. Serán muy bienvenidos estoy cierto, lo expreso en lo personal y profesional por mí, y sin duda así será para el lector.

Créditos: Agencia de Noticias Andina.

En caso de que acepten mi convocatoria, lo cual me gustaría, mi correo es:

edeisterm@gmail.com

Finalmente, me complace saber que en lo toral estamos en consonancia en los conceptos esenciales de la epistemología y la ciencia médica orientada a tratar adecuadamente el dolor; al ser una parte fundamental de una buena práctica médica.

Les reitero mi agradecimiento por su tiempo e interés en el tema, y sobre todo sus exhaustivos análisis, y aportaciones, al igual las propuestas de revisión .

Debo comentarle que para mí, sus opiniones y aportaciones, me han resultado una espléndida experiencia, pues el intercambio y diálogo en la medicina y la ciencia son imprescindibles, más en éste tema que me cautivó y espantó por la gran responsabilidad que implica pretender resolverlo, desde mis años de formación que datan de 1964 y así el resto de mi ejercicio profesional.

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