BAILE Y COCHINO… // Horacio Cárdenas Zardoni

Durante muchos años, el ideal de vida de muchísima gente en Saltillo, fue el fraccionamiento residencial San Alberto. No lo podríamos decir a ciencia cierta, Pero tenemos la impresión de que fue el primer fraccionamiento cerrado qué hubo en la capital del estado de Coahuila, y si no el primero, si el más significativo. Pero no solo se trataba de la barda de ladrillo, o del diseño de las casas, no el haber ubicado cada una de estas en la más imaginativa convivencia con los árboles que constituían una impresionante nogalera.
Una de las cosas que se decía, con o sin razón es que, a los diseñadores del fraccionamiento, les importaron más los árboles que las casas que estaban comercializando, pero verdad o no, lo cierto es que mucha gente aspiró, durante muchísimos años, a hacerse de una propiedad en esa pequeña comunidad.
Tampoco podríamos decir de cierto, cuándo fue que se sembraron esos nogales, pero una apreciación superficial nos decía que pasaban de los 60 años hace 30, con lo que muy probablemente algunos ejemplares ya estén por cumplir el ciclo de vida, de ahí el grosor de sus troncos y ramas, y la sombra que pueden ofrecer, con lo que es un pequeño ecosistema de privilegio.
Dice un proverbio chino que el mejor momento para plantar un árbol fue hace 20 años, pero el segundo mejor momento, es hoy mismo. ¿Qué queremos decir con esto? Que si quisiéramos tener un fraccionamiento con una nogalera, una alameda, o en fin un pequeño bosque, si lo comenzáramos a desarrollar el día de hoy, podría aspirar a estar como San Alberto, dentro de mínimo unos 50 años.
De más está decir, que dadas las características del negocio inmobiliario en estos tiempos que corren, lo que les interesa a los desarrolladores de fraccionamientos, es que la propiedad se venda pronto, que no salgan muchos vicios ocultos dentro del período de garantía, de recuperar la inversión lo más pronto posible, lo que se logra a través de no negociar directamente con el cliente, sino a través del Infonavit, o créditos bancarios.

Lo cierto es que nadie piensa en cómo va a estar mi colonia dentro de 50, 70 o 100 años, que no les interese mayormente ocuparse del entorno tal como está antes de comenzar a hacer los planos, y luego ejecutarlos.
En estos últimos días, ha causado cierto revuelo la autorización que dio el municipio de Saltillo para construir un fraccionamiento en el sur de la ciudad en un predio amplio, que actualmente ocupa una frondosa nogalera, vale decir una de las pocas que todavía quedan en la capital.
Es de notar, que ahora con la nueva tecnología, se obtuvieron y publicaron imágenes con drones, que nos hacen ver a todos nosotros, que efectivamente está allí el terreno densamente arbolado, rodeado de otros en los que no crece más que los típicos matorrales propios del semi desierto que hemos ido dejando.
La pregunta, si usted quiere demasiado elemental, que se nos ocurre es ¿Y por qué no dejan en paz esa nogalera y construyen su fraccionamiento en los terrenos aledaños?, y la respuesta será la que usted quiera, que no es de ellos, que se los venden muy caros, lo que usted guste y mande, casi seguramente en un futuro no demasiado lejano, allí también habrá otro proyecto inmobiliario, presionando los problemas que ya tenemos todos los saltillenses.
Pero, además el proyecto habla de la tala de los árboles, con lo que queda claro que es un fraccionamiento de esos de muchas casas, nada de reproducir otro San Alberto u otro San Lorenzo, sino cualquiera de los de casitas en serie, en las cuales si acaso dejarán un espacio de tierra, propietario siempre un arbolito escuálido, o algunas plantitas, si es que es de los cada vez menos, que tienen debilidad por las cosas naturales.
En vez de sembrar, talamos, y luego andamos con programas de reforestación que ni de lejos se aproximan a resarcir los daños causados.

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