Telegrama // Héctor Barragán.

Saltillo ha escalado del aire a un nivel peligroso de contaminación del aire, como era de esperarse de una entidad en desarrollo, que aportara fuentes de ocupación mejor remunerada, para un cuantioso número de personas.
Los comentaristas del fenómeno polución, de otras aglomeraciones humanas, han constatado la imposibilidad de evitar los daños, luego de publicarse que la mayor parte de la contaminación proviene de los vehículos automotores. La restricción de permisos de circulación para todo auto por un día a la semana, no sirvió, y por el contrario favoreció el aumento de unidades, porque las personas se acostumbraron a utilizarlo dejando de caminar, y agravando la problemática local, con la pérdida de salud, vitalidad y el aumento de enfermedades de cierta gravedad.
Las autoridades no han podido aportar soluciones como suficiente transportación masiva, eficiente y barata, ni cuenta con recursos para aumentar la capacidad vial ni de estacionamientos, como tampoco conseguir la colaboración de los vecinos para apoyar a los suyos, y que muchos dejen de utilizar el automóvil.
De modo que volver a la rutina de caminar al modo anterior, podría devolver la salud personal, mejorar la calidad del medio ambiente, así como también ahorrar combustibles y abaratarlos, disminuyendo el consumo Y gasto en medicamentos, siempre que se detenga a considerar que no hay de momento, otra manera de resolver el tremendo problema que aquí apenas comienza a manifestarse.

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