BAILE Y COCHINO… // Horacio Cárdenas Zardoni

Una de las canciones menos festejadas de Cri Cri, es aquella que dice algo así como que mi amigo Hans tiene un tío alemán, que es un señor muy enojón, lo hace estudiar la química, la física y el cálculo integral… De acuerdo es solo una canción, que relata la historia de uno que de niño fue contemporáneo de Francisco Gabilondo Soler, y no deja de ser interesante que quien obligaba al niño extranjero a estudiar todo lo que pudiera, sus papás, ni sus profesores en la escuela, sino el tío, que ya no sabemos si vivía o visitaba la casa, a lo mejor a los otros también les interesaba el desempeño académico de Hans, pero al menos en la canción no queda claro el punto.
Traemos esto a colación, porque no recuerdo yo alguna otra referencia musical que motive, o incluso critique al sistema educativo, y eso qué Cri Cri también tiene una canción, Esta sí mucho más popular, Caminito de la escuela, u otra en la que un niño español se rebela contra el profesor por una diferencia de lo que se debe entender por jota.
Y sí, canciones didácticas para aprender las letras o los números hay montones, algunas más afortunadas que otras, pero así de crítica, ninguna otra.
Se supone que la educación que ofrece el estado, o la que supervisa, esto para utilizar la propia redacción del artículo tercero de la constitución política de los Estados Unidos Mexicanos, está basada en alguna filosofía educativa. Allí se dice que debe ser nacionalista, apegada a los avances de la ciencia y la tecnología, respetuosa de los Derechos Humanos, no discriminatoria y un montón de cosas más, Pero una filosofía como tal, o siquiera un modelo educativo, no está.
No es que tuviera que estar en la constitución, no se le puede pedir todo a los Constituyentes, y a las hordas de reformadores que han venido después, pero sí debería estar en la ley general de educación, en las leyes de educación de los estados, y en otras leyes relacionadas, pero resulta que, tampoco está.

La educación es uno de los ámbitos de la sociedad, en los que prácticamente todo el mundo tiene algo que decir, a veces mucho que decir, después de todo, como estudiantes o como egresados del sistema, lo conocemos desde sus entrañas, y muchos dentro de nosotros no estamos precisamente a gusto con lo que allí encontramos. Pero aparte de esto, cada profesor tiene su propia visión de cómo debería ser la educación, y su diagnóstico de cómo es y cómo está el sistema. Todavía más aparte, hay pedagogos, filósofos, antropólogos y cuanta cosa especializados en educación, todos los cuales sienten que tienen algo que decir, y lo dicen.
Luego de que la semana última se dieran a conocer los resultados de la prueba PISA en los que el sistema educativo mexicano salió para llorar, lejísimos de los indicadores promedio, que podrían considerarse la mínima aprobatoria, todo el mundo se ha soltado diciendo qué es lo que en su opinión está mal, y cómo mejorarlo.
Algunas de las aportaciones son bastante pragmáticas, con los pies bien plantados en la tierra, mientras que otras tienen la cabeza metida en las nubes, convirtiéndose en mero Ruido Blanco que no complica la comunicación y el entendimiento de lo que realmente es el problema o los problemas, y desde luego casi nadie se ocupa del pedestre asunto operacional, o sea ¿ cuánto dinero se necesitaría para modificar sustancialmente el sistema educativo nacional, de manera que pudiera lograr resultados comparables con los de otros países? Para luego pasar a ocuparse de nimiedades como ¿de dónde va a salir ese dinero, cuánto tiempo se va a requerir, quién lo va a hacer, cómo vamos a saltarnos a la oposición de los sindicatos entre otras minucias?
Pero de momento no hay más que acusaciones, y de allí dudo que vayamos a pasar, porque esta película la hemos visto ya varias veces, sin que nadie se ocupe de que las cosas cambien.
Lo que sí hemos visto que ha cambiado, y nos parece una evolución monumental, es la discusión del tema educativo en las redes sociales. Como nos consta prácticamente a todos, la irrupción de los memes como recurso expresivo tanto de ideas, como de opiniones e incluso de sentimientos se ha traducido en una auténtica revolución, no solo en el tema de la comunicación, sino el de la difusión de ideas a una velocidad inusitada. Los planteamientos quedan hechos en tan solo 128 caracteres, en un par de imágenes, o lo más usual en un pequeño video, y queda allí para su análisis, respaldo o contradicción, pero cuando menos la idea ha sido difundida, y en un descuido puede ser aceptada por el gran público, discutida por legisladores y hasta adoptada.
No es que le hayamos dado seguimiento, que se ha de poder, pero sí hemos visto varias versiones de una pregunta básica ¿estarías de acuerdo en que esto se enseñara en las escuelas?
Y recordamos algunos planteamientos específicos: un grupo de alumnos en torno a una mesa aprendiendo a cocinar lo elemental, desde hacer tortillas para freír huevos, desinfectar verduras antes de cortarlas, lavar los trastes después de usarlos… Esa es una, en otra propuesta está otro grupo de niños de pocos años, cultivando un pequeño huerto escolar, están utilizando las herramientas de jardinería, sembrando semillas, deshierbando, regando, cosechando…
Todavía una más, que nos pareció llamativa, está un grupo de escolares, aparentemente japoneses, limpiando su salón, barriendo, sacando la basura, quitando el polvo, todos ellos con uniforme completo, hasta con corbata…
Con todos los años que tenemos dentro del sistema educativo, esta clase de actividades prácticas en México, ocurren como meras excepciones, como ocurrencias del profesor, como cuestiones extracurriculares sin valor para la calificación, o simplemente no pasan, por el simple hecho de que rompen el esquema de toda la vida, del maestro exponiendo y los alumnos haciendo como que escuchan.
A lo mejor pensamos que la filosofía educativa debe ocuparse solamente de los grandes temas, de las enormes intelectualizaciones y de los inmensos conceptos, que jamás aterrizan en el aula, en cambio cosas tan elementales como las indicadas como ejemplo, y muchas otras del mismo tipo, lo que están construyendo es que los alumnos aprendan, o mejor, que los alumnos sepan cuestiones que pueden parecer simples, y que sin embargo le son tremendamente útiles en su vida, al tiempo que conviven con sus compañeros, que conocen lo que les gusta y no les gusta, pero en general que los problemas y las soluciones están en sus manos, y que no tiene nada de malo ensuciárselas de vez en cuando…
A lo mejor si en vez de tanta filosofía, sociología, antropología educativa, nos bajáramos al nivel de que la escuela debe servir para algo, no estaríamos buscando culpables de los pésimos resultados obtenidos en la prueba PISA, que lastimosamente no pasamos ni de panzazo.

Deja un comentario