El bien y el mal, tema siempre insoluble

TELEGRAMA // Héctor Barragán

Una persona sostiene dos máscaras, una blanca y una negra, frente a su rostro, con un fondo neutro.
Créditos: Universidad Panamericana.

Es probable que todo individuo sepa, desde la primera infancia, lo que se califica de bueno y su contrario, como no faltará persona que participe, de modificar la actuación propia, de acuerdo con su particular punto de observación y experiencia. Seguramente con poca influencia para modelar al infante.

Pero con la particular vivencia seguirá conformando su existencia, acumulando sentimientos uno y otro sentido, poco habrá de satisfacer o gustar la acumulación de lo positivo, pero con menor sensibilidad todo lo derivado de las malas acciones, que se denominarían remordimiento o arrepentimiento. Sobre todo porque por lo regular no tendrán corrección, y mucho menos remedio.

De manera que probablemente lo que habrá que hacer es procurarse personalmente el perdón, y con ello tal vez la corrección, es decir el no volver a incurrir en el actuar maligno, lo que pudiera generar algún malestar, así como el temor de recibir un castigo por los hechos perniciosos, de la misma manera que sucede con la esperanza de algún premio en el futuro incierto y misterioso, del mismo modo que se Ignora el verdadero origen de la vida, de los pensamientos, de la fortuna, de la amistad o del amor.

La respuesta estará en la misma fuente en que nace la duda que se plantea en este texto, así como sus consecuencias y finalmente, el destino de la humanidad en su conjunto.

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