Paraísos para invertir

BAILE Y COCHINO… Horacio Cárdenas Zardoni

Montón de monedas junto a una planta joven que crece en pilas de monedas, con una persona usando un teléfono móvil y gráficos en el fondo.
Créditos: Real Estate Market & Lifestyle

Hace algunas décadas, México se vanagloriaba de ser uno de los países de mayor atractivo para la inversión extranjera directa. Los gobiernos de aquella época, el federal y los de los estados y municipios que recibían fuertes inversiones de empresarios de otras naciones, llenaban sus discursos ensalzando las características y las cualidades que, según ellos, y a su país, su municipio o su estado.

México siempre ha sido atractivo para la inversión productiva, y dentro de México Coahuila especialmente, dada su ubicación en la frontera con el mayor mercado del mundo, con el que además nuestro país tiene firmado un tratado de libre comercio, Por más que ahorita este es usted tambaleando.

Era de llamar la atención que los gobernantes no hicieran más para conseguir mayor cantidad y mayor volumen de capital de las inversiones. Nuestro país adolece, desde casi siempre, de una sobreregulación. En efecto, los burócratas de todos los niveles, procuran demostrar su valía estorbando lo más que puedan la llegada de inversiones, cada quien alega lo que le corresponde, desde razones ecológicas hasta laborales, pasando por un largo etcétera.

A lo mejor lo hacen de buena fe, y ya pegándose a los ordenamientos jurídicos que tienen a su cargo cuidar, pero ese exceso de celo y su característica ineficiencia, llevan a que también México se haya convertido en uno de los países más requisitosos, para la instalación de nuevas empresas productivas.

Algunos gobernantes lo han intentado, usted ha escuchado frases como la simplificación administrativa, la ventanilla única, la des burocratización, entre otras por el estilo, y sin embargo, negocio sigue sin ser cosa fácil. La Triste realidad es que ni siquiera la gente que tiene un capital, que pudiera invertirlo productivamente en nuestro país, se anima a hacerlo, ni siquiera los políticos, que son quienes por momentos les surgen capitales importantes, lo que antaño se llamaba enriquecimiento inexplicable, y ahora los de la cuarta transformación llaman sus ahorros de toda la vida, se animan a hacer inversiones productivas.

De hecho, entre ellos, han sido señalados de incurrir en la práctica, aunque quizá no en el delito, de llevarse su dinero a otros países, invertirlo en su sistema económicos, porque abierta o secretamente opinan que fuera es más conveniente que aquí. Muchos políticos mexicanos, tienen cuentas en el exterior, de preferencia en lo que se ha dado en llamar paraísos fiscales.

La verdad es difícil de entender porqué se lleva su dinero, sobre todo cuando aquí declaran su patriotismo, su amor y su confianza en el país, pero a la hora de los centavos, prefieren ponerlo a buen recaudo, entendiendo por esto, que no le sea fácil a la autoridad quitárselo, si es que quisieran proceder en ese sentido.

Vista aérea de una isla con edificios coloridos, playas y botes en una costa de aguas turquesas.

Los paraísos fiscales ofrecen aparte de esa relativa seguridad, rendimientos que resultan interesantes, sobre todo porque cargan menos impuestos y comisiones que los que pretende cobrar el sistema financiero mexicano. Si tiene el dinero en Suiza, en Londres, y Gibraltar, en alguna de las islas del Caribe, me rinde más que tenerlo aquí, pues me lo llevo, y que la patria me lo demande, y a ver de a cómo nos toca.

Si se atiene a los discursos políticos, México es poco menos que la gloria, pero si hacemos caso de otra clase de informes económicos, veremos que no es tanto así, ni de lejos. Una parte muy alta de la Bonanza económica registrada por México en las décadas pasadas, proviene de la inversión extranjera, y de las remesas que envían ciudadanos mexicanos a sus parientes en el país, pero así que haya capitalistas mexicanos entusiasmados por invertir su dinero en México, lastimosamente tenemos que decir que no los hay.

Su trabajo les costó amasar sus fortunas, algunas a la sombra del poder, y otras a pesar de este, el problema es que ellos sí conocen México, lo que ofrece, lo que cobra, sus defectos, que nos duele decir superan a sus cualidades, y en general que, los gobiernos favorecer la inversión, parecen hacer hasta lo imposible por estorbarla o de plano impedirla. Como si las empresas nuestras fueran perfectas, queremos que las extranjeras sí lo sean, de allí tanta regulación, regulación que por demás está decir, es muy costosa.

Tan necesitado que está México de inversión productiva ¿y continuar poniéndole tantas trabas? ¿con tantas amenazas de los políticos de izquierda de expropiar las empresas para beneficio del pueblo? Así ni quién se anime a traer su dinero, A menos claro, que les ofrezcan seguridades, de esas que no se publican en los periódicos, ni aparecen en los contratos.

La estrategia debería ser al revés, invitar a la inversión, garantizar su ganancia, favorecer sus negocios, apelando a su ética que, en todo caso, no puede ser mucho peor que la de los gobernantes, cuando ellos mismos andan buscando manera de consolidar sus fortunas personales. ¿Deveras es tan difícil pensar en México como un paraíso para las inversiones?

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