Los pelos de la burra…

BAILE Y COCHINO… // Horacio Cárdenas Zardoni

Una persona sonriente con camisa blanca frente a un complejo industrial con tanques de almacenamiento y vías de ferrocarril en un paisaje verde.
Créditos: Hoy Tamaulipas.

Hay una frase nacida seguramente en las clases más elevadas del Imperio Romano, cuando existía el Imperio Romano, y que luego no solamente se popularizó, sino que llegó a convertirse en una de las frases más persistentes distintas sociedades del mundo, esto más bien por la enseñanza y el aprendizaje que desea lograr quien la cita, que por la anécdota que habría dado lugar a ella en primera instancia.

Nos estamos refiriendo a aquella que, supuestamente refiriéndose a Mesalina, esposa de Claudio, dice que la esposa del emperador no solo debe ser honesta, sino también parecerlo…

Esta historia picaresca, que tiene por lo menos 2000 años, repetirse y de poner en muy mal tanto a la Emperatriz, a la que se trata de ligera de cascos, y a su marido, el más poderoso hombre de su tiempo, al que sin embargo no se baja de cornudo, tiene muchas aristas de las que se puede sacar, o debería, un aprendizaje.

Por qué una cosa es que, cualquier gente del pueblo aquello de lo que se enteró de oídas, de cuarta o quinta mano, o más todavía, corregido y aumentado, y otra cosa radicalmente diferente es que las personas del primer círculo de la casa imperial, hayan sido quienes divulgaron las aventuras de Mesalina, si no es que fueron ellos los que las inventaron. ¿Con qué propósito harían esto?, con el que usted guste, básicamente por deslealtad hacia el jefe de estado, el emperador Claudio, luego elevado por el senado romano a la categoría de Dios Claudio, quizá por correr algún riesgo de incurrir en su furia y ser castigados por ello, tal vez por algún interés político, El eterno ‘quítate tú para ponerme yo’, aunque también cabría que se tratara de simple y llano aburrimiento de la clase alta de una sociedad que normalmente se pone como ejemplo de la decadencia que se puede llegar a alcanzar, ya sabe, pérdida de valores, relajamiento de las costumbres, y cosas así.

El hecho que hoy estemos platicando de Claudio el Dios, y su esposa Mesalina, que por cierto es el título de una gran novela histórica de Robert Graves, es que alguien no se ocupó de acallar los rumores que corrían, como tampoco de crear una versión oficial de los hechos, inventados, supuestos o reales, en torno a lo que ocurría en los aposentos privados del palacio real. Quién sabe si hubiera cambiado las cosas, si hubiera habido mano de hierro, para silenciar ese asunto, aunque el chismorreo suele ser bastante persistente, y ninguna represión es completamente perfecta.

Todo esto es como antecedente de lo que se ha llamado en redes sociales, el oso de Batman, refiriéndose a la actuación del Gobierno Federal, y en particular del secretario de seguridad y protección ciudadana Omar García Harfuch, y la fiscal general de la república, Ernestina Godoy Ramos en torno al incidente de lo que presumieron como un megadecomiso de hidrocarburos ilegales, de proporciones históricas.

Uno podría entender que desde la presidenta Claudia Sheinbaum, hasta el último de sus colaboradores cercanos, se sintieran tentados arreglar una información que subiera sus bonos a ojos de la población, que al parecer según las últimas encuestas, ya no tiene tan buena opinión ni del régimen, ni de su desempeño, ni de quién lo encabeza.

Una funcionaria hablando en un podio con el escudo de México, frente a un fondo de instalaciones industriales.
Créditos: El Financiero.

Agarrándose del proverbial clavo ardiendo, dieron por bueno que los 59 millones de litros de gasolinas, efectivamente caían en la categoría de huachicol fiscal, y por lo tanto podría informarse como un logro de las autoridades su aseguramiento. Todo para que al día siguiente de que se informara aquello apareciera a nivel nacional un desmentido de la empresa propietaria de las instalaciones, diciendo que, el combustible no era de ellos, que su negocio es solamente almacenarlo, y que para ello, documentan hasta el último litro. Puestas así las cosas…

Imagínese usted todo lo que hubo que pasar para que lo sucedido en San José Iturbide, estado de Guanajuato, llegara hasta el escritorio de la fiscal general y el secretario de seguridad, y de allí al guión de la conferencia de prensa mañanera de la presidenta Sheinbaum. ¿Le gustan 10 filtros, 12 tal vez? Y ninguno de ellos fue para preguntar ¿y es cierto todo esto?, ¿está comprobado al 100%? O puesto más coloquialmente ¿tienen los pelos de la burra en la mano? Nadie preguntó, seguro, y nadie dijo nada.

Políticos de otros tiempos, y también de otro estilo, después de preguntar por los pelos de la burra, hubiera dicho a su subordinado más inmediato ‘a ver muéstramelos’, y eso hubiera dado pie a una cadena de comprobaciones para que la información a proporcionar y a presumir, fuera incuestionable.

El objetivo es muy sencillo, para toda la jerarquía de empleados, proteger al superior inmediato y a la cabeza máxima, ofreciendo datos sólidos y pruebas más allá de toda duda, pero no, como dicen los jóvenes se les fueron las patrullas, y lo que tenemos como resultado es lo que menos necesita el gobierno actual, mayor descrédito del que ya tiene.

Todo está, estaba en este caso, y estará en cualquier otro, en conocer perfectamente los hechos, y tener una explicación suficientemente creíble de cómo y por qué ocurrieron.

Suelen decirnos que antes de la mañanera, muy temprano en la madrugada, ocurre una reunión con el gabinete de seguridad nacional, y antes o después se analizan los temas que se tocarán, si todo está así de bien planeado ¿cómo es que nadie es capaz de prevenir esta clase de chascos, o de plano le tienen tanto miedo de señalarle a la presidenta  lo que puede ocurrir?

Deja un comentario

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.

Ofrecido por WordPress.com.

Subir ↑

Descubre más desde El Demócrata

Suscríbete ahora para seguir leyendo y obtener acceso al archivo completo.

Seguir leyendo