RETRIBUCIONES

Por: Luis Enrique Morales.-
El hambre y la ambición por la rectoría de la Universidad Autónoma de Coahuila pueden despertar las pasiones más insospechadas. Basta imaginar la más remota posibilidad para que se enderecen las espaldas, se desempolven los currículums y aparezcan, como por generación espontánea, las vocaciones de servicio “más nobles y desinteresadas”.
El poder tiene ese extraño perfume: algunos lo perciben desde lejos, incluso antes de que quien ocupa el cargo haya terminado su trabajo.
Pero la Universidad no es un partido político, ni una comunidad cualquiera. Es el lugar donde muchos de nuestros jóvenes coahuilenses sueñan con prosperar, el lugar donde luchan para ser mejores personas… y salir de la pobreza, a base de meritocracia.
En la UAdeC, tal parece que comienza a vislumbrarse la continuidad del rector Octavio Pimentel. Y, más allá del ruido y toda la politiquería barata, la comunidad estudiantil, la verdadera y no la de perfiles falsos en redes sociales, tiene bien claro que nada le vendría mejor a la Máxima Casa de Estudios que la reelección del rector, pues los resultados de su administración hablan por sí solos.
Y si no creen que esa es la mejor oferta, vámonos a los números. En su segundo informe, presentado en febrero, la UAdeC reportó que el 34 por ciento de su matrícula recibía algún tipo de beca y que más de cuatro mil estudiantes habían accedido al crédito a la inscripción durante 2025. Una beca puede aliviar la angustia de una familia; el crédito, aunque deba pagarse, permite distribuir un desembolso que de golpe resulta imposible. Detrás de esos mecanismos está una aspiración elemental: que estudiar siga siendo una posibilidad.
El mismo informe dio cuenta de 552 computadoras, tres mil 952 mesabancos, 161 minisplits y 22 obras estratégicas en distintos campus. Quien haya intentado aprender en un salón sofocante o trabajar con equipo insuficiente u obsoleto entenderá el valor de esas inversiones. La dignidad también necesita mantenimiento.
Y si a resultados académicos nos vamos, la Universidad informó este agosto que 145 investigadoras e investigadores obtuvieron permanencias, promociones o nuevos ingresos al Sistema Nacional de Investigadoras e Investigadores. Cincuenta y uno correspondieron a nuevos ingresos.
El mérito científico pertenece a quienes investigan, a sus equipos, a sus años de preparación y a las instalaciones donde laboran. Precisamente por eso importa la conducción institucional: una rectoría debe crear condiciones para que ese esfuerzo avance. Reconocer al rector también implica reconocer a la comunidad con la que trabaja.
También hay decisiones cuyo valor se encuentra en aquello que ayudan a prevenir. Desde el primer informe se reportaron acciones de salud mental y cambios en la atención de la violencia de género, incluido el fortalecimiento del Tribunal Universitario y un registro de personas sancionadas. En septiembre de este año se celebró la segunda edición de Manada Saludable, dirigida al autocuidado y bienestar de estudiantes de bachillerato.
No basta poner a un joven frente a un pizarrón y esperar que aprenda mientras su vida se desmorona. El miedo, la ansiedad y la violencia entran al salón con él. Atenderlos forma parte de la responsabilidad de una institución que pretende educar personas, sin dejar de lado el sentido humano.
Desde luego, como en todas partes, quedan problemas por atender. En septiembre, el propio Pimentel Martínez reconoció que el déficit pensionario del ejercicio anterior había rondado los 600 millones de pesos. Esa presión financiera exige soluciones sostenibles, cuentas claras y decisiones que protejan tanto los derechos laborales como la viabilidad de la Universidad.
Y aquí aparece la otra cara de la moneda: la tentación partidista de meter mano en la vida universitaria. Porque la ambición partidista tiene una manera peculiar de mirar los edificios: donde una comunidad ve aulas, puede ver territorio; donde hay estudiantes, calcular votos; donde existe un presupuesto, un posible saqueo. Esa mirada debe quedarse fuera de las decisiones universitarias.
Aunque para muchos es tema aparte, lo cierto es que la UAdeC podría ser el principio de una invasión política en Coahuila. En estos tiempos tan difíciles y confusos, es Pimentel el encargado de defender la Autonomía universitaria y la paz estudiantil que hoy impera en nuestras facultades. Los resultados de su gestión ofrecen razones para respaldar su continuidad; el riesgo de una intervención externa exige, además, claridad para defender lo que pertenece a toda la comunidad.

Deja una respuesta