RETRIBUCIONES

Por: Luis Enrique Morales.-
Hay varias frases negativas que han definido a Saltillo desde que tengo memoria. Algunas como la de “bonito Saltillo, nomás de pasada” y la favorita de nuestros vecinos los regios, quienes perjuran despectivamente que “Saltillo es un rancho”.
Y sí, puede que Saltillo sea un rancho, y este concepto, que surgió puramente con la idea de minimizar a nuestro pueblo, ha sido reconfigurada por el gobernador Manolo Jiménez, para revivir la identidad de los habitantes de estas tierras a nivel nacional: la identidad del vaquero.
Mal que bien, la identidad es un factor importantísimo, un recurso invaluable para los pueblos. Gustos en común pueden ser el parteaguas entre la división y el progreso de una comunidad.
Por poco y no conseguimos boletos, y por poco y no puedo escribir esta columna de opinión. Afortunadamente las cosas se dieron, y pudimos acudir este domingo al Rodeo Saltillo. Y vaya que me sorprendió ver un evento de alto calibre en esta ciudad, que siempre había sido caracterizada por eventos ‘chafas’ y cero atractivo turístico (exceptuando obviamente el Museo del Desierto).
Es por esto que la fiesta que vivió Saltillo logró revivir en mi la ya casi perdida capacidad de asombro: de que las cosas sí pueden cambiar. Ví turistas nacionales y extranjeros, pero más allá de eso… a los locales; y sobre todo, a locales orgullosos y contentos. Contentos de, por fin, tener una fiesta bonita en su propia ciudad, sin tener que irse a Monterrey o a Aguascalientes para poder disfrutar de eventos de altura.
Tal vez Manolo ni siquiera lo sepa y tal vez ni siquiera fue planeado. Tal vez y fueron sus propios gustos la chispa de la idea. Pero el resultado fue que se acaba de revivir la identidad y orgullo de un pueblo, y demostrar que Saltillo es hoy la capital ranchera de México.
Muy a pesar de todo, no faltaron los envidiosos ni los negativos. Con el éxito del evento brincaron los opositores de siempre primero a la construcción de las instalaciones del Rodeo y después para la apertura del mejor evento que ha tenido la capital desde hace muchísimo tiempo. Gente que solo sirve para criticar incluso, hasta la forma en que los saltillenses portan el sombrero.
¿Por qué les molestará ver gente feliz?
Eso sí, cabe aclarar, muchos de los que critican, ni siquiera son originarios de Saltillo y solo habitan aquí para tratar de convertir a la ciudad en un rehén de sus ambiciones políticas, pero ¿qué va a saber la chilangada lo que significa ser de este bello rancho de Saltiyork? ¿Qué va a saber por ejemplo el tigrillo Mejía, dirigente del triste PT local, de la identidad coahuilense, si es una persona que vivió toda su vida en Acapulco?
Los primeros cálculos de algunos expertos indicarían un aproximado de 150 millones de pesos en derrama económica para los comerciantes del evento, además de generar alrededor de 2 mil empleos temporales. Si a datos duros nos vamos, un rotundo éxito. Así que sí, bienvenido sea el Rodeo Saltillo, y no nomás de pasada.

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