TELEGRAMA // Héctor Barragán

Son apellidos falsos, García, Rodríguez, y menos frecuente Ornelas, posiblemente también plagiados para tomar prestado y adquirir cosas, cualquier clase de cosas sin pagar. Ciertas personas aprovechan el descuido de algunos empleados, y a la hora que les piden un número de teléfono, señalan el primero que se les viene a la mente, por supuesto ajeno, y es el caso el problema de cobrar lo que jamás pensaban pagar, transfiriéndolo primero al comercio descuidado, luego al banco, y luego a los cada vez más populares e insufribles despachos de cobranza.
No tienen estos empachos en perder del tiempo en telefonemas, y robar el tiempo al titular o al poseedor del número telefónico agraciado, en donde por supuesto no conocen a los pillastres, incomodando y molestando al inocente aleatoriamente elegido.
El asunto es que duran meses persiguiendo a los inmorales clientes, y recibiendo malos tratos del receptor de las búsquedas, sin que les importe insistir, y con ello recibir la pésima imagen para la empresa abonera y a la cobradora, que no entiende ni puede resolver dejar la cuenta en paz, por seguir un trámite diverso, que realmente sea en algún momento efectivo… Entre tanto a seguir colgando el teléfono cada vez más rudamente.

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