Derecha la flecha

BAILE Y COCHINO… // Horacio Cárdenas Zardoni

Andrés Manuel López Obrador habla ante un podio con el escudo de México y la bandera nacional al fondo.
López Obrador impuso a Taddei en el INE. Hoy Morena la desconoce. Créditos Uno TV.

Va a decir, y con todo derecho además, qué qué anda leyendo uno, y dónde se anda metiendo, pero así son las cosas, El caso es que, alguna vez leyendo el libro de Ejercicios espirituales de San Ignacio de Loyola, nos llamó poderosamente la atención, ya sabe que la llamada siempre ha de ser poderosa, si no es así como que no vale, de que el practicante de los ejercicios, debía ejercer la confesión, como es exigible a todos los católicos, pero la gran diferencia es que dentro de la visión jesuítica de la espiritualidad, la confesión debe ser completa y recurrente, es decir, que no importa si usted ya confesó una o 100 veces un determinado pecado, por el cual ya fue absuelto y cumplió la penitencia que le indicaron, de todos modos ha de volver a confesarlo, y volver a sufrir pena… como si fuera la primera ocasión.

Aquello le pareció un servidor una exageración, y aunque cuando lo dispuso San Ignacio no existían esas consideraciones, algo de masoquismo, que también es pecado, porque oiga, si el representante de Dios ya lo perdonó a uno, claro que es pecado que uno falle en perdonarse a sí mismo, pero además hay implícito algo de tortura: Imagínese al confesor teniendo que escuchar, semana a semana, o día tras día en un extremo, el relato de los mismos pecadillos o pecadotes, que ya había perdonado… Si pensamos que este ejercicio pretendidamente espiritual, hasta el final de la vida, pocas cosas se nos hacen más patológicas que esto.

Le parecerá una disquisición fuera de lugar, pero tiene su razón de ser, por allí dicen también con bastante razón que los extremos se tocan, y es el caso que la cuarta transformación termina acercándose peligrosamente a los principios y procedimientos de sus enconados enemigos de la derecha.

Dos mujeres hablando en un evento; una aparece en primer plano con las manos levantadas y la otra sostiene un micrófono.
Sheinbaum la defiende como una persona íntegra, pero eso sí, instruyendo que se audite su gestión, hasta que quede todo perfectamente claro.

Luego del estallido del escándalo de corrupción en el Instituto Nacional Electoral, protagonizado por su ahora expresidenta consejera Guadalupe Taddei, secundada por toda una corte de otros tantos, igual o más corruptos que ella, el régimen tuvo que aceptar que era insostenible y hasta riesgoso seguirla conservando en una posición tan delicada, no por el dinero que pudiera desviar, sino porque como decían de la esposa de Calígula, el emperador romano, que no solo debería ser honesta sino también parecerlo ¿qué credibilidad podría tener el INE en el conteo electoral, si sus administradores eran tan manirrotos con el dinero público?

Algunos analistas, críticos y hasta los que están a favor de la cuarta transformación, el pueblo llano y hasta el pueblo bueno y sabio, ha comenzado a tener dudas sobre la salud mental de la presidenta Claudia Sheinbaum. Apegándonos a la nueva sabiduría popular, que señala que siempre hay un tuit, o que siempre hay un video, ahora se pueden repetir hasta el infinito las declaraciones de la titular del poder ejecutivo, donde expresa las contradicciones más incomprensibles. Así tenemos que la mandataria se congratula de la salida de Taddei y su camarilla del Instituto Nacional Electoral, llegando al extremo de llamarlo un triunfo de la democracia, y por el otro la defiende como una persona íntegra, Pero eso sí, instruyendo que se audite su gestión, hasta que quede todo perfectamente claro.

Pero eso sí, como no hay morenista que no aproveche cualquiera y toda oportunidad, para fustigar a sus enemigos reales o imaginarios, Claudia Sheinbaum amplió el rango de su auditoría de persecución a la gestión de quienes ocuparon anteriormente la presidencia de lo que era antes el Instituto Federal Electoral, centrándose por supuesto en su aborrecido Lorenzo Córdoba.

Y es aquí donde nos parece que la 4T peca de lo mismo que Íñigo de Loyola, al exigir confesión y penitencia de pecados que ya fueron confesados y perdonados, auditados pues.

¿Qué es lo que podría encontrar una auditoría del actual gobierno que no haya localizado la gestión del siempre vengativo Andrés Manuel López Obrador, quién de haber encontrado algo, así fuera lo más mínimo, habría quemado en una pira de leña verde en el Zócalo a todo el consejo ciudadano del INE anterior, y no lo hizo, dudo mucho que haya sido por su economía de perdonar lo pasado, tan rencoroso que ha sido siempre para todo y con todos.

¿Qué caso tiene hurgar en una pila de documentos ya sancionados como correctos, conforme a la ley? Si a esas vamos no nos extrañaría que al rato se pidiera auditar al IFE de antes, para comprobar de cierto que efectivamente el archirrival Felipe Calderón Hinojosa se robó la elección del 2006, o que Manuel Bartlett propició la caída del sistema en la elección presidencial de 1988 al darle un jalón al cable de la computadora donde se almacenaban los datos… Y así podríamos seguirnos hasta la elección de Acamapixtli como primer emperador azteca, quien también habría llegado al poder aplastando a la pobre oposición de izquierda ancestral.

No hablamos por hablar, ya ve que con la cuarta transformación han su acabado hasta el principio de cosa juzgada, y dado el tamaño del odio y el rencor…  Cualquier cosa podría pasarles por la mente.

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