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Es falso que dejará las finanzas municipales en “cero deuda”. Jericó debe aclarar el grave saqueo del Fondo de Pensiones

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El escándalo no acaba de terminar en el Vaticano, en donde, el todavía Papa Benedicto XVI, aventó el arpa por razones de edad, de salud y por no poder atender su ministerio como debiera. Pero tal parece que detrás de esas razones, muy válidas por cierto, hay otras demasiado impactantes para la comunidad católica del mundo.
Se trata de las actividades sexuales que cardenales, obispos y curas realizaban en el propio Vaticano, generando escándalos y conductas reprobables para una Iglesia que por milenios se ha ostentado como toda rectitud. Las perversiones sexuales de los altos jerarcas de la Iglesia Católica, como cardenales, obispos, curas y personas ajenas a la este reducido grupo religioso, que se entregaban en bacanales escandalosas, no son nuevas, ni extrañas para nadie, ahí están documentados los abusos del padre Marcial Maciel, quien le desgració la vida a cientos de niños, así como los malos ejemplos de obispos y sacerdotes alrededor del mundo, que fueron negados u ocultados por el Vaticano durante muchos años.
Sin embargo, se dice que el Papa no aguantó tanto grado de descomposición social en la cúpula de la Iglesia, ni tanta grilla que provoca los cardenales y jefes del estado Vaticano se claven puñales por la espalda en cualquier instante y por ello renunció para no seguir siendo parte de esta deleznable actitud de quienes deberían ser ejemplo de honestidad.
Ahora mismo está por salir el libro Las Finanzas Secretas de la Iglesia, que escribió el periodista norteamericano, Jasson Berry, quien habla de la manera en que Marcial Maciel gastaba sumas millonarias en regalos y dádivas a los jerarcas de la Iglesia, empezando por el propio Papa Juan Pablo II.
El fundador de los Legionarios de Cristo, acumulaba poder mediante estos costosos regalos y por ello las quejas que se presentaron en su contra en su momento no prosperaron, aunque todo el mundo sabía que era pedófilo y que había abusado de muchos niños.
Asegura el periodista que en 1995, por ejemplo, Maciel le entregó un millón de dólares a Juan Pablo II, quien además llegaba a oficiar misas privadas –en su capilla del Palacio Apostólico– para los acaudalados amigos de Maciel, que solían recompensar al pontífice con donativos de hasta 50 mil dólares en efectivo.
Al ver el enorme poder que tenía Maciel durante el pontificado de Wojtyla, el actual Papa Benedicto XVI, entonces encargado de la Congregación para la Doctrina de la Fe, decía que no era “prudente” investigarlo por sus actos de pederastia, que para entonces ya eran conocidos en todo el mundo”, afirma el periodista norteamericano.
Además rastreo una serie de datos, como el hecho de que no solo el Papa y su secretario recibían dinero en efectivo, pues también “los cardenales y los obispos que decían misas para los legionarios recibían pagos de 2 mil 500 dólares y más, de acuerdo con la importancia del evento”.

El grado de corrupción que alcanzó la cúpula de la Iglesia Católica, convierten en un chistecillo el crimen del Padre Amaro y el de muchos sacerdotes que tienen sus hijos, queridas o que gozan de manera diferente con personas hasta de su mismo sexo que las hacen felices, pero bueno cada quien con sus ondas.
Por otro lado, los mexicanos ya podemos dar por hecho que se aplicarán impuestos a los alimentos y las medicinas, una vez que los legisladores del PRI recibieron línea presidencial para abordar el tema. Lo malo de esta situación es que igual que lo hizo el PAN, los priístas están impulsando el crecimiento de la pobreza, con medidas que ya son virtualmente insostenibles para la inmensa mayoría de los mexicanos.
Y es que los diputados creen que un obrero de fábrica, que son los que a veces ganan un poco mejor que la generalidad de los trabajadores, reciben cuantiosos salarios y prestaciones y que con 6 mil pesos, como decía Ernesto Cordero, pueden alimentarse, vestir, viajar, pagar su vivienda y mandar a sus hijos al Tec de Monterrey.
Cosa más absurda e idiota, porque hay familias que viven peor que en los años que antecedieron a la revolución, porque el sueldo no les alcanza ni para tres días, en sus casas comen frijoles con tortillas, muchas veces duras porque se quedan sin gas para calentarlas, o que van de casa en casa rentada, porque tuvieron que abandonar la que les financió el Infonavit, pero que los trajo como perros del mal porque se atrasaron en los pagos.
Los diputados federales no ven la miseria en que están por lo menos 50 millones de mexicanos y siguen ahorcándolos con incrementos de precios en bienes y servicios, en impuestos y con salarios reducidos al mínimo.
Y por desgracia nadie le dice el presidente Peña, que ya no es posible seguir engordando las arcas federales, a costa de los famélicos mexicanos.

Es cierto que muchos tienen un buen empleo, preparación académica, o se sacaron la lotería cuando los nombraron funcionarios públicos, o mejor aun cuando engañaron a la gente y se convirtieron en diputados y senadores, pero por desgracia no es la mayoría.
Unos están rozagantes, con sus hijos en los mejores colegios nacionales y extranjeros y otros como mi vecino y amigo, Andrés, de solo 18 años que fue discriminado por el Universidad Tecnológica de Coahuila, por haber egresado de la escuela secundaria número 66, de la que salió con muchos esfuerzos lavando coches, cargando bultos de cemento y haciendo mandados.
¿Querrían en la UTC que Andrés hubiera egresado del Tecnológico de Monterrey, para abrirle las puertas inmediatamente? Pues fíjense que si hubiera salido de esa instituto de ricos, necesitaría a la UTC para dos cosas…
En México no basta con ser inteligente, o echarle ganas a lo que haces, si no tienes palancas, padrinos o desvergüenza para burlarte de la ley, pos nomás ahí te quedas en el montón sin futuro y sin esperanzas.
Por otro lado, como balde de agua fría cayó sobre los burócratas del municipio de Saltillo, la nota que publicó El Demócrata en su primera plana, en la edición anterior en la que reseña que el Fondo de Pensiones del Municipio está en quiebra por el inmenso saqueo de que ha sido objeto y aunque el alcalde Jericó Abramo Masso, grita a los cuatro vientos que va a dejar en ceros la deuda pública, aunque desde ahora se habla de unos 430 millones de pesos del municipio y una cantidad similar de pensiones, muchos no creen en esa posibilidad.
Y sus trabajadores esperan que no sea a costa de dejarlos encuerados, porque muchos de ellos están por jubilarse, pensionarse o los que ya lo están no quieren enfrentar el problema de que no hay dinero para que les paguen.
Los trabajadores deberían pedir explicaciones al alcalde, antes de que se vaya, porque el asunto es sumamente grave, sobre todo para los ex burócratas que ya están grandes de edad, enfermos y que solo tienen como expectativa para salir adelante la raquítica pensión que reciben para mal comer.
La deuda de 430 millones de pesos que se atribuye al municipio de Saltillo, fue revelada por la Auditoría Superior del Estado, organismo que justamente está para vigilar el buen ejercicio de los recursos públicos, que ojalá y auditara la llamada Ciclo Vía, a ver si se gastaron tantos millones de pesos en rayas chuecas y en barras de goma que obstaculizan el tránsito de la ciudad, solo para que se pasee el doctor Alejandro Dávila, mejor conocido como el “Huevón de la Bici”, porque va acostadito, usando esa vialidad que nos costó una millonada.

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