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Se burla Fraustro Siller de maestros

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Escribe: Roberto Adrián Morales

Les niega plazas que regala  a sus parientes

Decenas de maestros, de jóvenes egresados de las escuelas normales del estado, acuden a diario a las instalaciones de las Secciones Quinta y 38, que tienen sus sedes en Saltillo, para ver si, al fin, después de semanas y semanas de acudir a esos sitios, se encuentran con la posibilidad de recibir una plaza, aunque sea para dar clases en Sierra Mojada, o La Esmeralda, o Hércules. A donde quieran mandarlos, ellos están dispuestos a ir.
Pero no hay espacio para ellos. Las plazas están reducidas y los lugares que dejan los jubilados sirven para cumplir caprichos del Secretario de Educación José María Fraustro Siller quien no tiene empacho en obsequiar a su familia el mayor número de horas posibles, con todo y que jamás, incluyéndolo a él, pisaron un salón de clases de las normales de Saltillo o Parras de la Fuente. No conocen el olor a gis, o a pintarrones. Nunca los han visto, ni siquiera en manos de sus profesores porque no concluyeron, algunos de ellos, ni siquiera la Escuela Secundaria.

Sin embargo, el puesto de secretario de Educación es mágico. Desde ahí se puede tomar entre las manos una chistera y sacar horas y más horas para entregarlas a la parentela, a los cuates, a quienes reciben como premio un lugar en esa dependencia sin ser profesores. La lealtad pesa más, el parentesco, ni se diga, los cuates del secretario de educación y del secretario del secretario y aún más lejos, del secretario del secretario del secretario, que llegaron con las manos vacías ahora se ufanan de cobrar 40 horas como maestros, algunos hasta rebasan la cifra, llegan a tener hasta 70 u 80 horas y aparte quieren más. Y el secretario cede a esos caprichos porque ellos saben, incluyendo los líderes de la Sección Quinta, que se está sirviendo con el cucharón y no precisamente con horas de maestro de primaria, no. Los beneficiados reciben horas de las que mejor se pagan, de la educación superior, y los incrustan como aviadores en algunas dependencias como el IDDIE, Investigación, o de plano los mandan comisionados a las secciones sindicales, como si tuvieran maestrías y hasta doctorados.
Los maestros apestan, dicen los allegados a Fraustro Siller quien se jacta de ser egresado del Tecnológico de Monterrey. El es ingeniero, nada qué ver con la raza de bronce, con los maestros que a diario se parten el alma por cumplir con sus obligaciones a cambio del raquítico salario que perciben. Por eso no recibe a nadie en sus oficinas.
Los empleados de la Secretaria de Educación se muestran extrañados. Ni siquiera cuando hace algunos años estuvo uno de los peores secretarios de educación se realizaba este tipo de bloqueos. «Y es que los maestros nada más vienen a pedir» «A pedir plazas», «A pedir cambios», «A pedir favores» y esos los tienen que hacer sus líderes sindicales, no la Secretaría.
Y así, los maestros se marchan de las lujosas oficinas de Fraustro Siller sin imaginar siquiera que el señor secretario de Educación dispone de la mitad de las horas de quienes se jubilan por acuerdo que tiene con la Sección Quinta del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación. Como vulgares ladrones se reparten el botín, cincuenta y cincuenta. Y ellos deciden a quién ayudar, a quién darle horas, a quien proteger con una base.
Pero en esto se habla principalmente de la educación superior. «Las horas son muy peleadas», dice un maestro que espera, después de diez años de servicio que le incrementen aunque sea seis horas más su raquítica plaza. «Es que apenas se jubila alguien y ya el sindicato anda encima, ya hasta saben a quien le van a dejar las horas. Lo que sucedió en el IDDIE no es ninguna novedad. ¿Sabe cuántas personas tienen a toda la parentela metida en educación superior, en Investigación, en las Normales? Es una mafia, una mafia tolerada por el Secretario de Educación porque, al fin de cuentas, es de los más beneficiados con esa corrupción que cabalga en lo que debiera ser la dependencia más noble.

En una de las bancas del patio frontal del ex hotel que alberga las instalaciones de la Sección Quinta, se encuentran unos jóvenes maestros. Charlan entre ellos, en sus rostros se dibuja el desánimo y la desesperanza. ¿Por qué? Pues sencillamente porque llevan meses esperando que se les brinde la oportunidad de cubrir una plaza. Están dispuestos a ir a donde sea. Y cuando el reportero platica con ellos y les comenta sobre la forma en que se regalan las plazas entre los parientes de los funcionarios, una maestra llora. No puede creer que, primero los años de estudio y ahora los de espera no sirvan para nada y en cambio se proteja a personas sin perfil, sin conocimientos de maestros, sin nada y lo más grave, que un ingeniero tenga que estar decidiendo los asuntos educativos de un estado que se jacta de contar con uno de los mejores sistemas educativos del país.

Es comprensible que se nieguen a proporcionar sus nombres. Si actualmente se encuentran en estas condiciones ¿se imagina lo que puede pasar si se enteran, los que reparten las plazas, que estamos denunciando que llevamos meses en la búsqueda de un lugar en la educación oficial?
No queda mas que callar, agachar la cabeza, hundirla entre los hombros y esperar, esperar a que algún día el gobernador Rubén Moreira Valdez, quien también es profesor y no reniega de sus orígenes, les tienda la mano y erradique esa corrupción que cabalga sin que nadie le ponga remedio.
Hay confianza en el mandatario estatal. Sacar a los que no saben de educación y están apoderados de ella desde hace muchos años. Tienen secuestrada la educación superior y parten y reparten cuanto puesto existe, cuantas becas hay y cuantos puestos existan o se puedan crear.
Al fin de cuentas, para eso existe la nómina secreta. En ella los nombres se diluyen, no existen los parientes, ni los amigos, ni los políticos, ni los hijos de los políticos. Los que cobran más en la nómina de la Secretaría de Educación no aparecen por ninguna parte, al menos eso creen ellos.
Ahí, en esa nómina, familias completas cobran tiempos completos. Son familias felices que lograron subirse al carro de la revolución. Hoy le toca el turno a la familia del Secretario de Educación y de sus más allegados colaboradores, quienes disfrutan de las mieles del dinero que les arrebatan a los maestros que viven, un día sí y otro también, a la espera de una plaza, de un trabajo digno para subsistir, de unas cuantas horas para sacar adelante a sus familias.
Pero eso no va a suceder mientras el sindicato y el gobierno sigan solapando los abusos y la corrupción, mientras no entre la barredora y acabe con la delincuencia institucionalizada, las cosas seguirán igual o tal vez peor.

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