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Con los bueyes que tienes…

Baile y cochino

Escribe: Horacio Cárdenas

villarreal1

Ante tanta crítica y tanta burla, fue Luis Echeverría el que inventó aquello del estilo personal de gobernar. En la época en la que fue presidente de la República, no había correo electrónico ni redes sociales, el escarnio que hacía el pueblo mexicano de su mandatario se transmitía a la manera antigua, la de siempre, a través de chistes, historias ciertas o falsas y uno que otro panfleto, que molestaban mucho al presidente, quien se sintió en la obligación de justificarse ante la nación, ¿que hubiera hecho Don Luís ante una andanada como la que tumbó a Humberto Benitez Treviño de la Procuraduría Federal del Consumidor?, y aunque suene a parábola, ni los halconazos hubieran podido comerse al pajarito azul.
Pero sentó precedente, y sí, cada quien tiene su propio estilo de gobernar o de desgobernar según la opinión de algunos, y en esto se han amparado para administrar sus respectivos feudos a como se les da la gana, haciendo verdad aquello otro de que cada pueblo tiene el gobierno que se merece, ¿México se merecía un gobierno que ni merecía ese nombre, como el de Vicente Fox?, ¿México merecía un castigo tan soberbio como el de Felipe Calderón?, ¿Coahuila se merecía un fraudulento desfalco aderezado de bufonería como el de Humberto Moreira?, ¿o nos merecemos la poco menos que ingobernabilidad que se ha asentado a nivel nacional, regional y hasta en nuestro estado?, cada quien tiene derecho a su propia respuesta.
Si de algo ha dado muestra el presidente Enrique Peña Nieto, es en no tocarse el corazón a la hora de tomar decisiones. El mexiquense puede ser calificado como un político de mano dura como pocos en el pasado reciente, incluyendo a un Felipe Calderón a quien tampoco le temblaba precisamente la mano, aunque por otras razones. Peña Nieto metió en la cárcel a Elba Esther Gordillo, despidió sin contemplaciones a Humberto Moreira cuando este dejó de servirle en la presidencia del Partido Revolucionario Institucional y comenzaba a costarle al entonces candidato el descrédito de cargar con gente acusada de desmedida corrupción y abuso de poder, el último botón fue el ya citado de Benitez Treviño, hombre que lo había acompañado y servido desde que era gobernador, y a quien sacrificó sin más contemplaciones, cuando la opinión pública exigió su cabeza por un caso clásico de charolazo, que ni siquiera de tráfico de influencias, que por lo demás es el pan de cada día de la clase política mexicana.

La diferencia entre lo que está pasando en el actual sexenio federal y lo de antes, es que el presidente no se anda por las ramas, si lo va a correr tarde o temprano… que sea temprano y ya. Recordamos que acá en Coahuila se presentó hace años un caso similar, Humberto Medina Ainslie era procurador de justicia y Rogelio Montemayor Seguy era gobernador, el primero se las había arreglado para regarla en todos los asuntos que le habían caído entre manos, y al gobernador la IP, el pueblo, los partidos le exigían que lo cambiara, y aunque Rogelio estaba ya harto de su cuate que tantas complicaciones le había ocasionado, no lo quitó para no mandar la señal equivocada de que a él lo podían presionar. Ya cuando todos se habían cansado de exigirle y de pegarle a Medina, entonces lo quitó, pero fue cuando el quiso y no antes. ¿quien iba a decirlo?, pero Montemayor con todo lo de tecnócrata que le corría por las venas, se portaba como los más antediluvianos de los dinosaurios, y Peña que es Atlacomulco hasta las cachas, él si es capaz de ceder… si eso es lo que considera que le conviene, lo que en ajedrez se llama una jugada de sacrificio.
Pero lo que pasa allá a nivel federal, no alcanza a permear acá en Coahuila, donde el estilo personal de gobernar de Rubén Moreira Valdés tiene todo… menos estilo, pasan cosas que no tienen explicación y otras que deberían de pasar, se les da una salida que nomás no se cree nadie.

Allí tiene lo de Gerardo Villarreal, truculento personaje que nunca debió formar parte del gabinete ante las sospechas que pesaban sobre su persona de colusión con el clan Torres Charles, y sin embargo lo anduvieron paseando por puestos de primera importancia en la estratégica área de seguridad, un día lo elevaban, otro lo distanciaban, lo enfriaban, y más parecía que querían volverlo loco o hartarlo, que deshacerse de él como debió ocurrir desde el principio. Que si era amistad, que si eran compromisos, que si era negociaciones, el caso es que allí sostenían a lo insostenible, trayendo como consecuencia que el esfuerzo de seguridad pública, por lo demás el más exigido por los ciudadanos, nunca haya dejado la tibieza que se le conoce, pese al discurso de toma de posesión, ¿como se explica la presencia todo este tiempo de Gerardo a partir de la frase “de la seguridad me encargo yo”?, como no sea que lo tenía por parte del problema

y prefería tenerlo vigilado, que como parte de la solución, pero esta es pura especulación nuestra.
Otro tema igual de complicado es el de la secretaría de salud. De por sí que fue sorpresiva la designación a principios de la administración de Bertha Castellanos al frente de la dependencia que ya había ocupado en el sexenio de Enrique Martínez, quien todavía no tenía el peso político que luego adquirió. ¿Porque Bertha?, pensemos que por sus cualidades y por su experiencia, mismos que en un par de años habrían desaparecido al grado de ameritar ponerla de patitas en la calle a ella y a todo su equipo, por incompetencia y malos manejos que no podían ya ser pasados por alto en un sexenio que se ha pasado de permisivo, pero no con todos.
Además, si hay responsabilidad civil, administrativa o penal, como se sospecha y se comenta ¿porque darle la “salida elegante”, que tampoco nadie se cree, de mandarla a la planilla del candidato del PRI a la alcaldía?, ¿alguien se piensa que de veras Bertha trae algo en la bolsa para “reforzar” la campaña del Diablito de las Fuentes?, más bien parece que le quitaron la posibilidad de contar desde la posición de la primera regiduría de alguien que trabajara de firme para conseguir sufragios, en vez de alguien que, si bien le va no va a mover un dedo, y si como se sospecha, pesará en las urnas… pero en contra.
Por supuesto que no somos nadie para dar consejos de como administrar, pero como comentábamos antes, el gobierno de Coahuila da la impresión de una total improvisación, de proteger a quienes le representan un costo político y desaprovechar a quienes podrían servirle con eficiencia. Esto más que estilo personal de gobernar parece el gusto por tener a todos permanentemente en jaque, esperando que les de mate, lo que puede pasar hoy, mañana o nunca, dependiendo de los humores del gobernador. De los que están, muchos nunca pensaron ocupar el puesto que tienen, como tampoco tienen la certeza, a menos que se les suba el humo a la cabeza, de allí permanecer o terminar el sexenio, no son las mejores condiciones para trabajar con todas las ganas.
Aquí no hubo gabinete de desgaste, como le llamaban los clásicos, no hubo luna de miel con los gobernados, no hay perfiles para trabajar como tampoco para la sucesión, Coahuila como nunca… vive al día, y no solo por la inseguridad, por la pobreza en que nos dejaron, sino por la ausencia de mando político.

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