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Jericó recorrerá nuevos caminos de la mente sin fiel escudero

 

Te lo dije… Era la sentencia de un anuncio publicitario del Instituto Federal Electoral para avisarle a la gente que su credencial estaba por caducar o ya, de plano no servía para nada, ni para comprar un boleto de cine.
Así, ahora, cuando avisamos de los abusos cometidos por Jericó Abramo Masso y su pandilla de ladrones y el saqueo de las arcas municipales en el año de Hidalgo más largo de la historia de Saltillo, cuando llegue su sucesor, llámese como se llame, se percatarán que falta todo, todo, todo de oficinas, de dependencias, de tesorería, de cajas registradoras, de caja cinco… Y habrán de recordar el «te lo dije…» que les hemos estado dando a conocer desde hace tiempo en las páginas de El Demócrata.
Pero ahora, lo más grave, resulta que el alcalde de Saltillo está tomando atribuciones que no le competen, como esa de querer enfrentarse al crimen organizado, anuncio que no es más que una mentira más del alcalde que cada día presenta mayores síntomas de locura, no de sociópata, como suele ocurrir a la gran mayoría de los políticos, no, el alcalde entró a un estado de demencia, de delirio de persecusión, de encontrar sapos y ranas en cuanta piedra levanta que ahora hasta se hace la víctima y jura y perjura que los Zetas, las Y griegas ydemás abecedario le han llamado, a su casa, a su teléfono particular, a su oficina, para decirle que lo van a matar y a rematar por haber cerrado los casinos, por ordenar la clausura de cantinas, de yonkes; por cobrar impuestos desorbitados a los ciudadanos, por duplicar el cobro del uso del drenaje, por tener sin alumbrado público a decenas de colonias, por los baches que se presentan en cada calle de la ciudad…

En fin, de todo hacen culpable al inocente y por eso acusa a la sociedad toda de amenazar con colgarlo, con volarle la tapa de los sesos, cosa que podrían hacer apenas con un cañón por la dureza de craneo, con despellejarlo completito, o deshuesarlo vivo, o cuanta cosa se le ocurre a este pillo demente que termina su gobierno municipal en dos meses más, el 31 de noviembre, diría él, en sus pagados spots de radio y televisión, con todo y que noviembre no rebasa los 30.

Después de esto, no queda mas que invitarlo a ser miembro activo de la casa de la risa. Porque nadie se cree eso de las amenazas, nadie se cree que se lo van a comer vivo en cuanto salga de la presidencia municipal, aunque él si esté tan seguro de que dejará a decenas de enemigos a punto de tumbar la puerta de su seguridad y por eso se mandó comprar una unidad blindada 4X4 que llamó «Gurkha» y que adquirió, según él, para combatir al crimen organizado de una forma más efectiva. Aseveración temeraria y hasta estúpida porque ¿quién lo autorizó a combatir al crimen organizado pasando por encima del Ejército Mexicano, de la Marina, de la Policía Federal y de la propia Procuraduría General de la República?
No queda duda, el alcalde de Saltillo ha perdido la razón, lo malo es que en sus viajes de locura no cuenta con ningún colaborador que quiera hacer las veces de Sancho Panza y esos nuevos caminos de la mente tendrá que recorrerlos por sí solo, sin fiel escudero, ni siquiera su jefe de prensa Héctor Reyes porque es al que menos se le conoce la fidelidad de Sancho y ya coquetea, de nuevo, con el acérrimo enemigo de su familia, de su abuelo, de su padre: el diablito Fernando de las Fuentes; por eso partirá solo a su nuevo «proyecto de vida», aunque tal vez lo haga acompañado de su Gurkha y de una que otra metralleta de plástico que le pemitirán ingresar a la casa de la risa.

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