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Delincuentes se apoderan de Saltillo ¿y el alcalde?

Contra lo que las autoridades pregonan de que en la región volvió la calma y la seguridad, los hechos demuestran que no es así y por el contrario, ahora la gente está a merced de los cuerpos de seguridad, que lo mismo violan a madres en sus propias casas, que asaltan o practican redadas ilegales en barrios y colonias, afectando como siempre a los que menos tienen.
Si bien es cierto que cesaron los crímenes atroces que ocurrían hasta hace unos meses, en que se encontraban cuerpos desmembrados o ejecutados, incinerados o sepultados en narco fosas, la realidad es que estamos muy lejos de sentirnos seguros, porque siguen ocurriendo deleznables hechos de inseguridad, como ocurrió en el restaurante Los Pioneros, en donde algunos sujetos armados despojaron a la clientela de sus joyas, carteras, dinero y de lo que pudieron, como si estuvieran en algún tugurio de Uganda o Tombuctú.
La delincuencia común no cesa y aunque las autoridades parecen no hacer mucho caso de eso, porque según dicen, son delitos de bajo impacto, no lo son tanto para la ama de casa o el jefe de familia o los hijos que sienten el frío cañón de un arma, o la amenaza de muerte, o que alguien se mete a su casa, o que no encuentran como apaciguar las borracheras callejeras que abundan por toda la ciudad y que no dejan dormir a la gente de bien, especialmente a los obreros que tienen que entrar a trabajar en la madrugada.
Hasta este momento no se supo que suerte corrió el policía municipal que acudió con un grupo de compañeros a la colonia Saltillo 2000, en donde se celebraba una fiesta y agredieron a los asistentes, además de violar a una joven ama de casa.
El alcalde Isidro López Villarreal confirmó la violación ocurrida y que se realizaba una investigación para dar con él o los responsables, pero desde ahora le puedo decir con algo de certeza que no va a pasar nada ¿y sabe por qué? pues porque los policías se protegen entre sí, porque todos tienen cola que les pisen y pues en ese contexto mejor se quedan callados.
Pero la sociedad exige que se haga justicia, que se aclaren las cosas y se sancione a los responsables, porque en un estado de derecho no pueden ocurrir este tipo de cosas y menos en un estado donde dicen que hay un mando único, que hay avances en el combate a la inseguridad y que se respeta la ley.
Aquí estamos viendo que no es así.
Por eso ojalá que ocurra lo contrario y el policía violador sea detenido, procesado y enviado a dormir calientito con el llorarás, porque de lo contrario cualquier policía seguirá cometiendo tropelías con la gente, que al cabo no le dicen nada.
Este tipo de cosas demuestran la urgencia de que los cuerpos de seguridad federales, estatales y municipales estén coordinados, pero sobre todo certificados, después de que pasen las pruebas de control y confianza y sean sometidos a exámenes médicos para descartar que sean adictos a las drogas, pero ya ve, la insistencia del alcalde de no querer mandar a los del CIAP a que se sometan a esas pruebas.
Alberto Salinas, presidente de la Cámara Nacional de la Industria Restaurantera y otras cosas, clama en el desierto pidiendo más botones de pánico, para evitar que ocurran asaltos a mano armada, como el que le decía sucedió en Los Pioneros de la colonia Los Pinos, pero la verdad es que los botones no sirven de nada ni el pánico tampoco, si los policías no llegan oportunamente y menos si llegan a violar gente, en lugar de buscar y detener a los delincuentes.
Solo en lo que va de este año 5 restaurantes han sido asaltados a mano armada y los comensales han sido afectados por los hampones y mejor ni me pregunte de los resultados de las investigaciones y menos de la detención de los malandros, porque eso no sucede más que en la serie de televisión, la Ley y el Orden.
Y por acá en las cosas de Dios, el obispo de la Diócesis de Saltillo, Fray Raúl Vera López, que ya sintió pasos en la azotea, porque presuntamente contará con un obispo auxiliar que enviará la Santa Sede, volvió a insistir en que se violan los derechos humanos de los reos, en los centros penitenciarios, en donde se les golpea, no tienen servicios de salud y se les da comida en mal estado, en que no se trabaja tan fuertemente como se necesita para encontrar a los desaparecidos y no se apoya verdaderamente a los migrantes, quienes sufren múltiples abusos, violaciones sexuales y a sus derechos humanos.
Y bueno, aunque muchos pensamos que su postura es más mediática que real, porque nunca lo hemos visto visitar los barrios pobres, no al menos con la misma frecuencia con que lo hace en el Bar Chachos, a donde va a la botana acompañado por Jacky su jefa o ex jefa de prensa.
Sin embargo algo de razón debe tener el prelado cuando habla de eso y sobre todo cuando dice que los patrones deberían ponerse en los zapatos de los trabajadores que no completan para el sustento de sus familias.
Y en otros temas, tras la petición del presidente de Estados Unidos de América, Barack Obama, a los jefes de estado de los países pobres de Latinoamérica, como Honduras, Guatemala, El Salvador y otros, de que frenen la salida de migrantes que se dirigen prácticamente en masa hacia su nación, no hay más que una realidad, cruel y lacerante, pero tan real como sus políticas de opresión, explotación y de juego sucio que han mantenido siempre con sus vecinos.
Han llevado industrias que crecen, florecen y hasta desaparecen, pero que solo benefician a sus empresarios y han dejado un saldo muy negativo para la gente que pierde el empleo en la maquiladora o en la fábrica, porque tiene más edad de la permitida, o porque el costo beneficio no les deja las utilidades que esperaban.
Saquearon las riquezas naturales, como las minas, los bosques y todo lo que se puso al paso de los gringos, que además cultivaron drogas y las masificaron y ahora no encuentran qué hacer con ese fenómeno que les está mordiendo la mano.
Y lo peor del caso es que en el mismísimo Estados Unidos se cuentan por millones las personas desempleadas y se nota la caída de una de las economías más fuertes del mundo.
Ahora con el ingreso de miles de niños indocumentados y sus padres, el gobierno norteamericano ha parado las antenas y no sabe cómo afrontar la situación, porque hay estados como Texas que virtualmente están en estado de alerta y movilizaron parte de la Guardia Nacional para contener la oleada de personas que quiere migrar.
El gobierno norteamericano pide a los países latinoamericanos que frenen el éxodo, pero cómo evitar que la gente se vaya cuando no tiene las condiciones mínimas para vivir en paz, o cuando menos para alimentar a sus hijos y ni siquiera el trabajo que les han arrebatado otros países que están todavía peor que ellos.
La política económica que Estados Unidos ha impuesto al mundo ha acentuado la pobreza, la marginación, la violencia, la desigualdad social y ha provocado que unos cuantos lo tengan absolutamente todo.
Pero el capitalismo está pagando las consecuencias de su voracidad, ahora con una migración desmedida, pero mañana tal vez con guerras y muerte.
Ojalá y me equivoque y esto se resuelva por la vía de la inteligencia y la paz.
Por otra parte el tema del suicidio volvió a ocupar las páginas principales de los medios masivos de comunicación, debido a que al igual que los embarazos en adolescentes van en aumento.
Ambos fenómenos sociales hablan de que algo malo sucede en nuestra comunidad, en el estado y en el país, donde la gente se ha vuelto más vulnerable a las circunstancias que le rodean, hay más soledad a pesar de las redes sociales, hay más tristeza aunque haya más recursos materiales, hay más decepción en la gente contra las instituciones y más desesperación por sacar la familia adelante o por responder a los padres con buenas calificaciones. O hay temor de no ser lo que la familia quiere o de no llenar las expectativas de la gente que nos rodea.
Por eso creo que hacen falta muchos psiquiatras, psicólogos, sociólogos y maestros de deporte, de arte y cultura, para que la gente encuentre su razón de vivir a pesar de las situaciones que se presentan día a día.
Asuntos como el bullying que provocan daño a las personas, no son más que el deseo enfermizo de lastimar a quien está mejor que nosotros, o a quien por su naturaleza tiene alguna debilidad.
Muchos ven esto como algo normal, pero es porque no vemos en el semejante, a un ser humano igual que nosotros, a un mexicano que podrá estar en graves desventajas, pero que no deja de ser nuestro hermano.pioneros

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