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El retorno de Humberto y las cuentas claras

elbaMe jacto de ser amigo de Humberto Moreira; por eso no deja de causarme cierta satisfacción y agrado el saber que pronto regresará a las lides políticas del estado, aunque en este caso lo haga en las ligas menores, donde pretende buscar una senaduría o una diputación federal.
Sí, me da gusto el anuncio comandado por sus incondicionales en las redes sociales. Porque aunque a mucha gente no le guste –y que aclaro no es la mayoría de los coahuilenses– el profesor se fletó por los pobres, y ahora en ellos basa su posibilidad de triunfo.
Ellos, los de abajo, siguen firmes y decididos a partirse el alma en base a su fidelidad por el ex gobernador, así se lance a campaña por el mismísimo Partido Acción Nacional, que afortunadamente no es el caso. Se da la posibilidad de que lo haga desde Convergencia, organismo inventado por la Maestra Elba Esther y desde el cual se planeaba la candidatura de Humberto Moreira para la Presidencia de la República tiempo antes que cayera en desgracia, luego de que sus hombres más «leales» hicieran de las suyas, saquearan el estado, falsificaran documentos para la adquisición de créditos y metieran a nuestro ex gobernador en una bronca que lo llevó a salir por el traspatio de la dirigencia del Comité Ejecutivo Nacional del PRI.
Yace fresca la imagen de aquel brusco destierro político. La corrupción de su gente lo llevó a perder el camino recorrido. Aunque, siendo franco, fue más su ambición la que acabó hundiéndolo. No es secreto que Humberto cayó en la desgracia política, no porque se debieran miles de millones de pesos en la entidad, sino por su afán de apropiarse, junto con la maestra Elba Esther, del Congreso de la Unión y del Senado de la República.
Así dejaron entrever cuando mostraron en coalición a más de 300 candidatos a diputados federales, los que curiosamente eran maestros e iban en contienda de la mano, del Partido Revolucionario Institucional.
La maniobra estuvo a punto de cuajar, pero fue descubierta por Manlio Fabio Beltrones, entonces líder del Senado y uno de los más perjudicados por Humberto Moreira en la lucha por la Presidencia de la República. En esa maniobra de los maestros, los enemigos encontraron la oportunidad de venganza, placer de dioses.
Raudos, se entrevistaron con Enrique Peña Nieto, entonces candidato del PRI a la Presidencia de la República y a cuya campaña también fueron a parar recursos del estado, para informarle sobre la jugada sucia que pretendían hacer la dupla de profesores Elba-Humberto, a través de Convergencia.
Todo se aclaró. Elba quería el control del país y Humberto Moreira, con su carisma y don de gentes, representaba el brazo ejecutor de los ambiciosos proyectos de la maestra.
Cuando esto se puso sobre la mesa, se acabó la estrella de los maestros. A Humberto se le practicó una desprestigiosa campaña que culminó con su salida del partido político más fuerte de México. Elba fue a parar a la cárcel, acusada de desviar recursos del Sindicato Único de Trabajadores de la Educación.
Pero bueno, todo eso es historia que ya comentaré en un libro en el que trabajo actualmente y en el que señalo además a algunos personajes y personajitos de la política «coahuilera» que se prestaron a ensuciar la imagen y el nombre del ex gobernador.
Ahora, regresando a lo que es de interés en este momento, haciendo a un lado los hechos de la historia reciente, vuelvo a afirmar que me emocionó saber que el profe Humberto regresaría a la grilla estatal, a pelarse por un puesto, a conquistar el voto de los pobres con sus bailes colombianos, sus ocurrencias y sus banquetes de gorditas de chicharrón.
Pero más me emocionó saber que viene dispuesto a cobrar cuentas. A poner los puntos sobre las íes y a descubrir a los verdaderos saqueadores del estado, a los ladrones de cuello blanco que siguen incrustados dentro del gobierno estatal en el que ahora manda y dispone Rubén Moreira Valdez y que, para colmo de males, siguen controlando las finanzas y, obviamente, siguen haciendo de las suyas.
Porque nadie cree que, Javier Villarreal Hernández, el pillo que acaba de regalarle seis y medio millones de dólares a los gringos para que lo dejen en paz y le permitan su pronta y legal escapatoria de la cárcel yanqui, sea el único que participó en el caso de la megadeuda y de la falsificación de documentos para que los bancos proporcionaran miles de millones de pesos con cargo a las partidas que la federación entrega al estado.
Nada más es cuestión de un estudio para saber los nombres de los que rodeaban a este extesorero del gobierno de Coahuila e informarse de quienes más están inmiscuidos en ese saqueo y esa corrupción de la que ahora nada más se señala como culpable directo a Humberto Moreira.
Son funcionarios que hay andan, recitando palabras melosas a los oídos de Rubén Moreira, al que traicionarán también dentro de algún tiempo para rendir nueva pleitesía a quién se quede en su lugar. Son vividores del sistema, chupasangres cuyo oficio es vivir del presupuesto y traicionar a quienes van de salida o dejan de tener poder de decisión.
Los nombres de esa gente, sí, los tiene Humberto, los dará a conocer a la opinión pública, dirá cómo se fraguó la falsificación de documentos, quienes se beneficiaron con el dinero del pueblo y… quienes siguen haciéndolo y se colocan una careta de honestidad que están muy lejos de conocer.
Son esos nombres que conoce el propio Rubén Moreira y que nadie sabe por qué, muy a pesar de saberlo, los sigue sosteniendo en sus cargos, sobre todo cuando sabe que son artífices de la desgracia política de su hermano.
Qué bueno que se aclaren las cosas. Que se le llame al pan pan y al vino vino. Qué bueno que los verdaderos pillos sean por fin exhibidos ante la opinión pública y mejor aún, que bueno que Humberto, mi amigo, regresa a la política y busca la posibilidad de representarnos en el Congreso o en el Senado de la República.
Aclarar todo será más práctico. Lo mejor. O como diría un viejo slogan político del que también ya hablaré en su momento «Más Mejor».


 

Escribe: Roberto Adrián Morales

(roberto.adrianmorales@gmail.com)

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