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SUICIDIOS A LO GRANDE

suicidio_070114_gEl asunto es tan recurrente, que el lector de los diarios espera los días domingo y lunes, encontrar el obligado recuento de los suicidios e intentos de suicidios registrados durante el fin de semana. Mire la gloria de estar en la era de las telecomunicaciones, antes nos quedábamos solo con los incidentes que ocurrían en los barrios y colonias de Saltillo, en cambio ahora complementamos nuestro conocimiento sobre este negro aspecto de la realidad coahuileña con los que ocurren en Ramos Arizpe, Arteaga y Parras, y ya como algo exótico con los que se dan en la frontera y la región centro de Coahuila.
Según el recuento que hizo hace pocos días un diario de la localidad, tan solo en la ciudad de Saltillo van en lo que va del año 54 suicidios consumados, que son solo la punta del proverbial iceberg, ocultando una cantidad imposible de determinar de aquellos en grado de tentativa que llegan a oídos de las autoridades, verbigracia, aquellos que fueron impedidos por algún familiar o que el suicida se arrepintió, y que ameritaron atención médica, pero también están los muchos otros en que la persona intenta arrancarse de este valle de lágrimas sin lograrlo, y sin que nadie se de cuenta. Ah y por si fuera poco, está la estadística de quienes se suicidan, valga la expresión, y lo hacen tan bien, que su cadáver no es encontrado en mucho tiempo o nunca, baste recordar el número de cuerpos que son hallados por pastores, por campesinos, por jóvenes que andan explorando o niños que andan haciendo travesuras, a veces se hallan solo huesos, con lo que ni siquiera saben las beneméritas autoridades a que año cargarlo, y ni siquiera si deben quitarlo de las listas de desaparecidos.
Medio centenar en Saltillo, eso hasta principios del mes de septiembre, todavía nos acordamos que hace veinte años la cifra de cincuenta resultaba verdaderamente escandalosa, pero que se alcanzaba como gran total en el año, navidades y festividades decembrinas incluidas, que deprimen a cualquiera y se llevan a las almas más sensibles, nadie sabe por qué. Si eran solo cincuenta a finales de año, las dependencias de gobierno encargadas de ello podían darse de santos de que no había pasado a mayores, empleados y funcionarios podían ahora sí con toda calma darse a la milonga, a disfrutar de sus vacaciones y tronarse sus aguinaldos y bonos, que con toda esa feria quien se ocupa de cosas tristes ¿o no dice el dicho el muerto al pozo y el que tiene plata al gozo? o algo así. Conste que estamos hablando de una época todavía anterior al baño de sangre en el que nos metió Felipe Calderón Hinojosa en su enojosa e inútil guerra contra el narcotráfico, que distrajo la atención de la opinión pública a tal grado que a lo que nos dedicábamos era a contar ejecutados, desparecidos y asesinados, ¿quién se quería ocupar de un, literalmente, triste suicida o muchos tristes suicidas?, Saltillo, capital del estado de Coahuila, sucursal del cielo, «otra cosa», y tantas otras barrabasadas que sobre la ciudad se han dicho, llegó a ostentar un vergonzante segundo lugar en cuanto a número de suicidios en aquellos años noventa, apenas detrás de la ciudad de Aguascalientes, donde a lo mejor por la temperatura del agua, también se cuecen habas. Y aunque de ninguna manera pueda decirse que el suicidio sea un fenómeno privativo de Saltillo, pues según el mismo recuento antes citado, en el estado se han contabilizado 123 casos en lo que va de este año, nadie podrá negar que la proporción respecto al número de habitantes no nos favorece, aun comparándonos con Torreón, violenta perla de la Laguna, y donde además de plomo en cápsulas y en suspensión sora motivos para irse al otro mundo por propia mano. ¿Qué tiene Saltillo entonces, que lo hace tan poco estimable para la vida?
Si nos vamos a la historia, digamos antigua, ya sabe lo que dice el corrido de Agustín Jaime: «bonito Saltillo, nomás de pasada, porque pa’ quedarse está de la…», o la percepción del general Ignacio Zaragoza, quien escribió que los saltillenses eran tan poco amables como los poblanos, esos que hay que tocar con un palito por ser animal maldito, y bueno, ya más recientemente el rocanrolero Jaime López cantaba no hace mucho que ciudad más aburrida que Saltillo, solo Durango. Pero ponga que todas esas sean percepciones subjetivas, hay otras mucho más objetivas, aunque sean imposibles de recabar, de los suicidas, que de plano no encontraron en esta ciudad motivos para continuar viviendo… ni aquí ni en ningún otro lado, como si el poco ímpetu que tenían se los hubieran robado aquí.
Para bien o para mal, la función de prevenir o impedir el suicidio y su recurrencia, recae no en la sociedad, que sería como dejar la iglesia en manos de Lutero, sino en el gobierno, y es allí donde, salvo su mejor opinión, las cosas se ponen verdaderamente espeluznantes, porque Coahuila, caracterizado por gobiernos y gobernantes a cual más de chabacanos, pareciera que ningún interés tienen ya no digamos en sacar a nuestro estado de la estadística negra que tan en mal nos pone a nivel nacional, sino en un objetivo mucho más modesto, pero sensiblemente más humanista: salvar vidas, devolverle a las personas las ganas de vivir, hombre, hacer amables nuestras ciudades, nuestros pueblos, nuestra gente, para que los suicidas no tengan motivo de buscar bajarse antes de la última estación. Recordamos intentonas de lo más inefectivas: ¿se acuerda usted de aquella línea telefónica para prevenir el suicidio, que la raza malora bautizó chistosamente como el «suicitel»?, no faltó quien la pusiera a prueba un jueves a eso de las once de la noche… no hubo quien contestara, eso fue un trabajo periodístico, ¿pero cuantos suicidas intentaron obtener apoyo y no hubo quien les atendiera? solo el Diablo sabe eso. Luego salió lo del disco que con canciones iba a evitar los suicidios… se clavaron la lana y perdonando la expresión cruel, los suicidas siguieron cayendo como moscas. Ahora nos salen con que el gobierno está a la busca de una nueva estrategia para entenderse con el problema, vale decir, una que sí funcione, a diferencia de las existentes y que sirven para una pura y dos con sal.
Que si va a funcionar o quedará en más de lo mismo, está por verse, sinceramente dudamos en la capacidad de un gobierno que no ha podido resolver los problemas grandes, los medianos y los pequeños a la población que gobierna, y que vive lo más distanciado posible de ellos, ante esta circunstancia lo que se percibe es que el ciudadano que se convierte en aspirante a suicida vive sus últimas horas en el más completo abandono de la gacha sociedad a la que no se puede pertenecer y del gobierno que se desentiende de él o ella como no sea para hacer el levantamiento del cadáver cuando lo encuentren.
¿Coahuila es grande?, sí pero en suicidios y en pocas oportunidades para una vida feliz y digna, para eso sí que es grande… y creciendo con cada cadáver.

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