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¿Cómo nacen los niños, Isidro?

isidroPor la boca muere el pez, dice la sabiduría popular, y el manual de política atribuído a Cesar «El Tlacuache» Garizurieta, enseña que: siempre te irá mal por algo que digas… nunca por algo que no digas, sentencia complicadamente lapidaria para cualquier político, pues ¿qué grillo a la mexicana independientemente del partido que lo patrocine no se guía por aquella otra de que el que tiene más saliva, traga más pinole?, ningún gobernante como ningún aspirante a serlo puede soportar la tentación de hablar cuando le ponen un micrófono enfrente, no importando si tiene algo pensado que decir o si por el contrario, va a hablar sin haber checado si tiene carga su cerebro.
El alcalde de Saltillo, Isidro López Villarreal, es un hombre que llegó tarde a la política, por sus antecedentes tanto familiares como empresariales, no es alguien que en algún momento de su vida haya tenido que ocuparse de pensar en las posibles consecuencias de sus palabras, como para el caso, tampoco de sus acciones, sin embargo ahora que a su edad le entró el gusanito de querer servir a su ciudad en calidad no precisamente de gobernante, sino más bien de gerente, pues se ha topado con que no es lo mismo hacer rabietas frente a sus nanas o frente a empleados que puede despedir con la mano en la cintura, que frente a representantes de los medios de comunicación que ya ve como están siempre dispuestos a aprovechar cualquier palabra que pueda constituir una noticia, y especialmente frente a los ciudadanos, que cada vez tienen más claro que los mandatarios de todos los niveles, están allí para ser mandados, no para mandar, ni tampoco para hacerse rosca con lo que se les pide, ordena o exige que hagan, a cambio de lo cual, no le quepa duda a nadie, ganan más que la enorme mayoría de los gobernados.
Chango viejo no aprende maroma nueva, dicen los seguidores de Pavlov, e Isidro López es una comprobación que ni mandada a hacer, de esta teoría, no importa si la razón por la que no la aprende es porque no quiere tomarse la molestia de aprenderla, y es así que el alcalde de Saltillo muy poco cuidado le pone y menos se empeña en ponerle a la contención de sus gracejadas, que muchos dolores de cabeza le han provocado en el tiempo que lleva gobernando la ciudad que siempre vieron los que son como él, como su patio de juegos particular.
¿Qué fue lo que motivó a Isidro López a meterse en el berengenal de querer quitar a los migrantes de las esquinas la semana pasada?
La pregunta es interesante porque la actitud del presidente municipal ocurrió como una novedad, cuando la plaza estaba más o menos calmada luego de que lanzara su campaña mediática de que su administración no le tiene miedo a las preguntas incómodas, con todo lo de inyección de dinero que ésta implicó para calmar a algunos de los críticos que lo traían de un ala.
Importa porque si algo ha habido en Saltillo desde que existe como villa y ciudad, son precisamente migrantes, gente que va de paso con rumbo al norte, apegándose al pie de la letra al corrido de Agustín Jaime. ¿A poco Isidro López no se había enterado de que Saltillo es ruta de migrantes, escala de migrantes, refugio de migrantes, y en algunas contadas ocasiones, destino de migrantes?
Pues será el único, porque cualquier habitante de esta ciudad puede señalar sin la menor dificultad a una persona que no es de aquí, sea por su actitud, su vestimenta, su mirada, su angustia, su acento, además de que es lo primero que dicen cuando se dirigen a uno: no soy de aquí, ¿podría ayudarme con algo?, además de que particularmente ellos han puesto de moda el gesto de llevarse dos dedos a la boca cuando se acercan al carro, para indicar que están pidiendo algo de dinero para comprar algo que comer, si quiere otro dato, son los migrantes que por su ignorancia de lo que cuestan las cosas en México se conforman con una moneda de un peso, cuando un pedigüeño local le pone mal gesto a la unidad monetaria de nuestro miserable país, y en el colmo de la desfachatez, le pide más.
Es cierto que los migrantes no andan por todo Saltillo, en general se ubican en zonas cercanas a las vías del ferrocarril, en él llegaron y en él seguirán su aventura, también es claro que andan por donde más gente hay a la que puedan pedirle ayuda, las calles del centro de la ciudad, aunque también hay que reconocer que de unos cuatro cinco meses para acá, comenzaron a aparecer cada vez en mayor número por los cruceros más transitados, y hasta algunos que no lo son tanto, para pedir caridad, en sitios que efectivamente no se hallan nada cerca ni de la casa del migrante ni de las vías, teniendo que recorrer varios kilómetros hasta llegar a ellas, con el riesgo que esto implica.
Entonces, si un migrante se nota tanto como un GROM uniformado y armado en cualquier reunión de civiles, o como un gerente entre quinientos obreros ¿cómo es que el alcalde de la otrora mejor capital del mundo conocido no los había notado?, porque de que se notan… lastimosamente se notan: son símbolo vivo de la injusticia social de tres países, el que los expulsó, por el que van y al que llegarán si la suerte los favorece; son símbolo vivo del fracaso de las doctrinas y de las prácticas económicas de la sociedad contemporánea, algo de lo que el alcalde entiende como pocos en Saltillo; son muestra de esperanza, de empeño, y de unas ganas inmensas de sobrevivir, ¿y no los había visto Isidro?
La cuestión es todavía más relevante toda vez que ameritó un “posicionamiento oficial” de parte de la presidencia, ahora sí que el monito de ventrílocuo tratando de explicar qué fue lo que dijo, lo que quiso decir y lo que le salió al presidente municipal, que prefiere poner a sus asalariados a tratar de sacarlo del problema con un desplegado en medios, que salir a dar la cara y explicaciones, ¡Dios, que mortificación!.
¿Pues no que una administración honesta no le tiene miedo a las preguntas, Isidro?, ya nos quedó claro que porque a lo mejor un moreno con aires de beliceño o jamaiquino estiró la mano a la ventana blindada del vehículo del alcalde echándole a perder la digestión, este ordenó que se les quitara de los cruceros y se diera parte a migración, violando una de las leyes fundamentales de este país, la Constitución, en su apartado que garantiza la libertad de tránsito, pero más, la legislación que ordena que ningún ciudadano puede ser molestado por la autoridad para pedirle sus papeles migratorios, mucho menos detenerlo ni proceder en su contra. Todo porque el alcalde prefiere ver (o ignorar) a los limosneros de Saltillo de toda la vida, y no a gente de fueras. ¿de donde vienen esos niños, Isidro?, ¿a donde quieres mandarlos o a donde quieres que se vayan por su propio pie?, y la pregunta que también está en su campaña y es más que pertinente en este momento ¿nos amas, Isidro?, ¿de verás creerá el alcalde que con una inserción pagada diciendo que deja a las autoridades federales entenderse del asunto, el asunto ya se arregló?
Nos sospechamos que vamos a ver muchas más acciones de represión policiaca a los migrantes en el futuro inmediato, lo del hondureño violado será poca cosa comparado con lo que se viene, así son los achichincles interpretando las órdenes no dadas por su patrón. “Posicionamientos oficiales” aparte, lo que cuenta es la actitud, y esta ya quedó más que en claro ¿o no Isidro?, ¿nos vas a contestar, Isidro?

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