Lacayos cumplen órdenes del reyezuelo Rubén

Don David de Aguillón y el reyezuelo de la Coahuila Rubén de la Moreira.
Don David de Aguillón y el reyezuelo de la Coahuila Rubén de la Moreira.

El Reyezuelo Rubén de la Moreira, Señor de la Coahuila de México, dio órdenes precisas a sus cortesanos y lacayos; órdenes que convirtieron en leyes para hacerlas respetar. Y, ¡ay! de aquel súbdito que osare violarlas porque la orden casi divina de quien vive y mora en el trono de Palacio Rosa, recaerá como trueno sobre sus huesos, llevándolo a cumplir condenas inimaginables, la peor de ellas, ser denostado y obligado a abandonar la inconmensurable llanura, que no es la de Don Quijote de la Mancha, sino del gran benefactor de estas tierras norteñas, cuyas raíces provienen de los libros antiguos de Historia que se relacionan con Máximiliano.
Los principales lacayos de nuestro reyezuelo –cuya sola voz logró que pillos y delincuentes pusieran pies en polvorosa, tal y como el lo clama a los cuatro vientos–, Don David de Aguillón y Rosales y otro de singular nombre , Lito Ramos, recibieron las instrucciones más importantes para llevar a cabo medidas urgentes que los gobernados demandaban a grito abierto. Al primero se le dio la encomienda de sacar adelante, dentro de esa cabalgante democracia que impera en estas tierras, unas elecciones para diputados federales e incluso le fue entregada una dotación de dinero, suficiente para, matracas y globos en mano, hacer que la prole en larga fila acudiera a votar por los señalados por el dedo del Señor de la Moreira.
A Don David le asignaron, para su «manejo discrecional» una bolsa de dos mil millones de pesos, recién adquiridos por orden de nuestro Rey y gran disposición de la corte que dirige y controla a medias, como su quebran-tada salud, Don Eliseo de Mendoza, sujeto torvo que vendió, desde hace ya muchos años, los caminos y los pueblos a los delincuentes para que asentaran en estas latitudes y obligarán a la gente a pagar diezmo aparte del que ya, por ley, se cobra a los ciudadanos.
Así, con dos mil millones de pesos, De Aguillón y Rosales, –de quien se dice es el Maquiavelo del reino de Coahuila y quien en realidad gobierna estas tierras–, tendrá que dar buenas cuentas a nuestro reyezuelo Rubén de la Moreira, quien a su vez lo hará con el Rey Supremo de México: Enrique Peña I.
La cifra de dos mil millones de pesos parece mucha, pero si se toma en cuenta la cantidad que manejó en anterior ocasión don David, está cantidad es, solo un puñado de pesos con los que habrán de comprarse votos, conciencias y jilgueros que cantan con letras en los periódicos o lo hacen a través de las cámaras de televisión, como palomas mensajeras.
Así, los siete Distritos electorales federales contarán con candidatos tricolores en los que se invertirá ese dinero –supuestamente, porque a la hora de la verdad siempre se exige a los candidatos que paguen de su bolsa sus propias campañas y el dinero se queda en el camino. Con tanto dinero que se invertirá en esa contienda electoral para habrá oportunidad alguna de que ganen los opositores que representan a los partidos azules y amarillos.
Lo curioso de todo esto es que, los partidos opositores al Trono de Palacio Rosa y su partido, no digan nada en relación al manejo del crédito que solicitó Rubén de la Moreira y, más grave, que le permitan manejarlo libremente bajo la argucia de que con ese dinero se pagará una vieja deuda heredada por la familia real y por la que hubo necesidad de empeñar la corona coahuilense hasta por 30 años.
Así, Don David de Aguillón se muestra feliz. Sin duda logrará acrecentar más su fortuna, su buena e incuantificable fortuna, lograda a la sombra de la Gran Familia. De que pueda sacar adelante las elecciones es una cosa impredecible, de que manejará dos mil millones de pesos, eso sí se puede predecir.
Mientras esto sucede por el lado de la política y las elecciones, por otro, el de las finanzas públicas, –donde manda el lacayo más fiel de Nuestro Señor de las Coahuilas–, Lito Ramos pone y dispone para cumplimentar las órdenes e instrucciones giradas por el reyezuelo: conseguir dinero de donde sea para acrecentar su fortuna y duplicar el diezmo a sus súbditos porque, lo que se recauda en la actualidad resulta insuficiente para cubrir los gastos de la realeza, entre los que se cuenta hacer más viajes a Asia –donde visita a los brujos chinos más famosos de todo el mundo a fin de que lo curen de un padecimiento que, de no descubrirse a tiempo, pudo llevarlo a sepultura.
Esos brujos chinos, con sus menjurjes han conseguido mejores resultados que los que dieron un puñado de médicos y científicos a lo largo de tres años, tiempo en el que le fue detectada tan grave enfermedad. Por esa razón, en tiempo religioso acude a esas tierras a venerar a sus salvadores y a obsequiarles un puñado de las monedas que arrebata a sus súbditos.
Y Don Lito Ramos es el encargado de la recaudación general. De buscar ahorros en el gasto y de proveer de cuanto recurso quiera la Familia Real de Coahuila.
Es necesario pagar los gastos generales de nuestro reyezuelo. Desde un avión que se encuentra listo a partir a cualquier hora del día y de la noche en el Aeropuerto de Ramos Arizpe con destino a cualquier parte y con espacio para su séquito, parte de la servidumbre y hasta el perro; comidas exóticas en el restaurante del mundo que le venga en gana, gastos de hotelería, vehículos blindados y una nube de guardaespaldas –léase guaruras, en el diccionario de la lengua mexicana– que lo acompañan a todas partes, incluyendo al sanitario en donde corre el riesgo de un autoatentado, de morir asfixiado por los gases que produce la ingestión de frijoles, que a escondidas consume, porque la monarquía Moreira no puede darse el lujo de consumir los alimentos que son propios de la prole.
En fin, Don Lito está encargado de juntar dinero, mucho dinero para nuestro Reyezuelo. Y vaya que sabe hacerlo, mucho mejor y más fácil es recaudar dinero que hacer perdidizos los papeles contables de las finanzas públicas. Pero de eso hablaré en mejor ocasión porque el espacio se agotó.

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