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Abandona gobierno los hospitales generales

No existen las inversiones millonarias que en materia de salud dice Moreira se aplicaron

Pape
Ni los muertos descansan tranquilos en estos nosocomios

Miente el gobernador Rubén Moreira cuando habla de inversiones millonarias en materia de salud, porque las condiciones en que se encuentran los hospitales generales de Monclova, Torreón y Saltillo son paupérrimas y el personal de esos nosocomios -médicos y enfermeras- no saben en donde están tantos recursos porque lo que es en esos lugares, desde que los inauguró el entonces gobernador Humberto Moreira ningún funcionario de «alto nivel» ha tenido la osadía de visitarlos para ver las condiciones en que funciona por eso no se percatan que más parecen casas de terror que hospitales.
El Demócrata corroboró las condiciones en las que laboran los trabajadores de los hospitales generales. Por ejemplo, en Monclova sería más apto rentar una nave industrial para trasladar el hospital que permanecer en el «Amparo R. de Pape». Tal y como se ha dicho en anteriores ocasiones, el edificio se cae a pedazos y no hay recursos disponibles para solucionarlos, contrario a lo que dice el informe del gobernador, ni siquiera para darle una manita de gato con pintura de tercera.
Cuando llueve, el agua se cuela por todas partes. Las goteras caen sobre los pacientes encamados y sobre las cabezas de los que esperan consultas. En las noches la lluvia ocasiona que se vaya la energía eléctrica y la planta de emergencia no funciona, ya ni motor tiene. Entonces médicos y enfermeras presurosos acuden a donde se encuentran pacientes graves porque los respiradores dejan de funcionar y tienen que proporcionarles manualmente el oxígeno. Mientras las gotas de la lluvia caen sobre los enfermos, cual si se tratara de un hospital de guerra. Faltan tinas para colocarlas bajo las goteras que impiden que los pacientes concilien el sueño. Los familiares de los enfermos jalan con las camas hacia rincones donde no se cuele el agua o el frío y así viven noches de verdadera angustia y terror. Pero dice el gobernador Moreira, en su informe, que se invirtieron muchos, muchos millones de pesos para brindar salud y seguridad médica a las familias más desprotegidas de Coahuila.
Las ambulancias -que en nada se asemejan a los vehículos blindados en los que viaja el gobernador de Palacio de Gobierno a su casa, y a los que lo protegen, media docena de unidades lujosas de modelo reciente- no tienen torreta, no funciona; están desmanteladas, no existe equipo médico de emergencia en su interior, ni siquiera un tanque de oxígeno, ni unas gasas o una botella de alcohol. No hay nada. Son cascarones en toda la dimensión de la palabra y en esos cascarones de metal trasladan a Saltillo, Torreón o Monterrey a los pacientes graves que no pueden ser atendidos en el Hospital Amparo R. de Pape porque se carece de los más elementales instrumentos y medicamentos. El traslado lo hacen con el tremendo peligro de accidentarse, poniendo en riesgo la vida de paciente, familiar, doctores y chofer porque, cuestión aparte, los motores de las ambulancias apenas si funcionan y las llantas pueden poncharse en cualquier momento. Y ni qué decir del clima y radio, carecen de todo.
Subirse a una ambulancia de este hospital de Monclova es una verdadera odisea.
El interior del hospital también padece los estragos del olvido. Paredes descascaradas, techos sin falso plafón, plásticos negros hacen las veces de éstos; escasea la ropa de cama, sábanas, almohadas, fundas, cobijas; los colchones se convirtieron en verdaderas cunas donde ponen al enfermo no se mueve porque queda incrustado en el hueco que forman esos vejestorios y, para colmo, al llegar las lluvias, ahí también se anida el agua fría poniendo en graves riesgos de pulmonía a los pacientes.
En este hospital Amparo R. de Pape ni los muertos descansan tranquilos. El anfiteatro es un cuartucho a donde van a parar todas las cosas inservibles del hospital, boquetes enormes iluminan el lugar y en un espacio abierto de dos metros apenas, una plancha sucia, llena de moscas, de cucarachas, de ratas, descansan los restos de quienes tienen la desgracia de morir trágicamente. No hay higiene, ni condiciones para preservar cadáveres por lo que apenas llegan los mismos médicos urgen a que los parientes los reclamen.
Lo grave es cuando no hay quien reclame algunos restos, de los que se dan en los enfrentamientos entre policías y delincuentes. Ahi permanecen por varias días inundando el ambiente de olores fétidos y poniendo en grave riesgo la salud de médicos y enfermeras.
Este es el panorama general del hospital general de Monclova y, aunque el gobernador Moreira diga en su Tercer Informe que los hospitales han recibido muchos beneficios económicos de su gobierno en este 2013 que termina, las condiciones físicas en que se encuentra lo desmienten. No hay inversión. No hay con qué trabajar. Las carencias campean en esos hospitales que ya parecen la antesala de la muerte y no centros de salud. 

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