Al principio todo eran sonrisas. El tesorero del Estado Ismael «Lito» Ramos acudió puntual a la cita que le encomendó su jefe, el gobernador Rubén Moreira Valdez: acudir en su representación al primer informe del alcalde de Saltillo.
Isidro López Villarreal cubrió los protocolos, recibió atento al «invitado», aunque no pudo contener un gesto de molestia por el rechazo que sistemáticamente hace a su persona y actividades el mandatario coahuilense.
Así inició del evento, López Villarreal habló sobre sus actividades al frente del ayuntamiento de Saltillo. El aplauso a su mensaje no se hizo esperar. Posteriormente tomó el micrófono el enviado del gobernador a quien le entró pánico escénico y no podía articular palabra. Pronto, los panistas asistentes al evento, cobraron en Lito Ramos el desaire que hizo el gobernador al edil.
Las voces de los panistas inundaron el recinto y a gritos clamaron, exigieron, que diera a conocer los nombres de quienes se beneficiaron con la megadeuda de Coahuila, que explicara en qué se van a gastar los dos mil y pico de millones de pesos que acaba de solicitar el gobernador. Y al grito de ¡ladrones! ¡Ladrones!, ¡fuera de Coahuila, ladrones! –pese a la inútil intervención del alcalde Isidro López que pedía a los panistas guardar la compostura y ser moderados en sus exclamaciones– obligaron a Ismael Ramos a dar por concluido su mensaje. De esta forma nuevamente se tensaron las de por sí débiles relaciones que tienen el gobernador Rubén Moreira y el alcalde Isidro López por lo que se cree que en los próximos días arreciarán las campañas para desprestigiar al alcalde quien intentó por diferentes medios hacer negociaciones políticas que le pemitieran evitar bloqueos del gobernador, su gabinete y desde el mismo PRI, a su trabajo, bloqueos que han permitido que la seguridad públicas, las obras y demás servicios que deben entregarse a la sociedad se vean seriamente disminuidos en perjuicio de la población que es la que afin de cuentas padece las consecuencias de ese estéril enfrentamiento.

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