Entonces… ¿cómo le vamos a hacer?

gasCuando no le llueve, le diluvia al gobierno de Coahuila, por enésima vez desde el inicio de una tormentosa gestión hace tres años, sus estrategias mediáticas se convierten en su peor enemigo, con la diferencia de que en esta ocasión no solo estamos hablando de insulsas sonrisas, de territorios grandes como el narcotráfico, el megafraude o la megadeuda, sino del futuro inmediato y no tan mediato de los coahuilenses, el cual en mala hora y en una elección equivocada de principio a fin, se hizo depender de un recurso natural que aquí, como en todo el mundo se rige por el principio de que es más caro el caldo que las proverbiales albóndigas. Coahuila “un estado con energía” está a punto de quedar como foco de fonda, ahumado, lleno de cochambre, de palomillas pegadas, y fundido.
Podríamos decir que ante la escasez de recursos económicos, astringencia obligada en parte por la crisis económica que vive el país, pero también porque aunque aquí a los funcionarios les guste llenarse la boca diciendo que somos de los favoritos del presidente Enrique Peña Nieto, lo cierto es que la llave de los dineros apenas gotea para este lado, y finalmente por el inocultable e insoportable peso de los compromisos financieros de corto, mediano y eterno plazo que tiene la administración pública por efecto de la fraterna deuda heredada del sexenio pasado, la desesperación de Rubén Moreira lo llevó a agarrarse de un clavo ardiendo, cualquiera que se le pusiera a mano, con tal mala fortuna que fue este el gas shale.
Bueno, tampoco vamos a decir que fue Rubén el único, ante este espejismo han cedido una buena parte de los gobernantes actuales y no pocos empresarios de altos vuelos y poca conciencia ecológica. Ante el agotamiento de los mantos petroleros superficiales y de aguas someras, que han sido no explotados, exprimidos por PEMEX sin ir previendo como sustituirlos con otros yacimientos ni mucho menos desarrollar la tecnología para extraer los hidrocarburos de otros más difíciles, el gas y el petróleo de esquisto surgió como la gran oportunidad para regresar a los años de gloria de México como productor de energía, de la que vale decir que no era este el punto importante, sino de que de la venta de hidrocarburos se alimentaba el enloquecido dispendio de recursos públicos, no en lo que haría crecer al país cuando ya no hubiera petróleo, sino en crear gordas fortunas a la sombra del poder.
Ya lo traían desde hace dos o tres sexenios, de que Coahuila iba a ser un emporio en la producción de gas al explotarse los campos de la Cuenca de Burgos, nada más que el ritmo de explotación no correspondió nunca ni todavía con el ritmo de los discursos de los políticos locales. La mentada bonanza gasera nomás no llegó, y de repente se vio sustituida con la que está a punto de llegar con el gas y petróleo de lutitas, que a como están las cosas, capaz que también se hace del rogar.
De que la administración de Rubén Moreira le apostó todo al gas shale, ya no como detonador del desarrollo sino para recuperar algo de lo mucho que se ha perdido por efecto de las herencias malditas, no hay duda. Cada vez que salía el tema a colación se incrementaba las cifras de inversión en dólares que iba a llegar, de pozos y más pozos que se abrirían anualmente, de empleos que se crearían, sueño de opiáceos que se haya convertido en nada con la caída de precios del petróleo a nivel mundial y la saturación del mercado de gas, gracias a la explotación desmedida que han estado haciendo los Estados Unidos de sus recursos. Dentro de la estrategia moreirista y peñista de explotación del shale jamás entró, más allá de la retórica, la parte ambiental, después de todo, en México y en Coahuila el dinero siempre ha estado antes que la ecología, y por el primero estaban y están dispuestos a sacrificar hasta su madre… naturaleza. Pues bien, estando las cosas como están, capaz que esa sería la salida del túnel para los políticos y el fondo del pozo para Coahuila, expliquémonos:
Hace cosa de un mes salió una nota importante, que lamentablemente se perdió en el maremágnum de violencia e ingobernabilidad que recorre el país, el condado de Denton, ubicado al norte de Dallas en el vecino estado de Texas, famoso por ser uno de los más eficientes y productivos en la explotación de gas shale, está tomando medidas para prohibir la técnica de la fractura hidráulica, la que libera el gas, en su territorio. La explicación de esto es que los habitantes de Denton finalmente se dieron cuenta de que es imposible tener ambas, fracking y una ciudad sana. Pese a toda la riqueza que sacaron en años pasados, llegaron a la conclusión de que los impactos en el ambiente, la infraestructura, la salud pública, el bienestar, por no hablar de lo que siempre se menciona: la contaminación de los mantos freáticos, la contaminación auditiva y la calidad del aire, la disposición de los desechos del fracking y el vínculo sospechado en terremotos de baja intensidad. Por eso, Denton le está diciendo no al fracking y háganle como quieran… váyanse a Coahuila si tanto quieren.
La semana pasada el gobernador de Nueva York, Mario Cuomo, soportando tremendas presiones de los grupos de interés político y económico, reiteró la prohibición existente en el territorio del estado de usar fracking para sacar el shale. Todavía a mediados del 2013 parecía que se tambaleaba la decisión que hubiera significado miles de millones de dólares, pero el cuidado de la salud privó sobre esto, y el gas de esquisto se queda allí donde está, punto más para Coahuila.
Pues sí, porque acá, donde tenemos una larga tradición de devastación de los recursos naturales para sacar carbón, ¿Qué tanto nos costará destruir lo que queda para sacar el shale?, líneas arriba hablamos del clavo ardiendo al que se colgó Rubén Moreira, el clavo cada vez está más caliente, acercándose más a la disyuntiva de: si los otros no van a sacar su gas por razones ecológicas y de salud, ¿vamos a sacrificar nosotros ambas por un puñado de dólares?

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