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Dinero de la Megadeuda se perdió en la Bolsa de Valores

**Lo único cierto es que el tiempo pasado fue mejor, el tiempo en el que las ratas tenían amarradas las manos y al que metiera mano se la cortaban…**

impuestosHubo un tiempo dorado en el que los funcionarios públicos tenían, por decirlo así, atadas las manos en cuanto a las posibilidades de caer en la tentación de hacer mal uso de los recursos públicos.
No que no trajeran el carro de la oficina para arriba y para abajo como si fuera propio, que se apropiaran de los vales de gasolina de toda la dirección solo para ellos y su familia, que hicieran toda clase de marrullerías con lo que tenían bajo su cuidado, desde el personal hasta la copiadora, y por descontado que no exprimieran al máximo sus posibilidades de traficar influencias con tal de hacerse ricos y millonarios para los tiempos de vacas flacas, cuando tuvieran que abandonar el poder muy a su pesar gracias a esos avatares de la democracia que tan injustos les pueden llegar a parecer. Pero una cosa era sagrada, el presupuesto era intocable.
Bueno, no tanto como intocable, pero lo más parecido a ello, a lo más que llegaban los funcionarios y en particular aquellos a los que delegaban la función de administración de las finanzas, de la chequera o del fondo revolvente, es a aquello que desde hace siglos se dio en llamar jineteo.
Al jineteo de los capitales y de los intereses se debe la construcción de algunas de las más grandes fortunas de este país, esas ligadas a los más pomadosos apellidos y más rancios abolengos, pero durante sexenios se consideró una prebenda para completar el sueldo que tenían que apegarse hipócritamente a aquella maldición juarista de la honrosa medianía de los servidores públicos, y además que la gente estaba acostumbrada a que le tardaran en la entrega de pagos, cheques, asignaciones, becas y demás, achacándosela por partes iguales al exceso de burocratismo de las dependencias, la incompetencia de los empleados que operaban los programas, y a la voracidad de los funcionarios, quienes depositando en el banco un par de millones de pesos, o lo que tuvieran a la mano de viernes a lunes, se hacían de jugosos intereses por esa sola tardanza.
Hubo también una época dorada en la que el dinero de las dependencias gubernamentales estaba a buen recaudo en las bóvedas de los bancos, después de todo, gracias a la canina decisión de José López Portillo, más por el golpe mediático que porque realmente sirviera para algo para evitar más saqueos de las arcas nacionales, toda la banca era gubernamental, así si se depositaba en Banamex, en Bancomer, en Banco Mexicano, en Banco del Atlántico o en cualquiera de los que había y han ido desapareciendo, todo quedaba en manos del propio gobierno, había tranquilidad y sobre todo seguridad de que las fugas ocurrían por corrupción, no por manoseo del presupuesto.
Todavía había el recurso de depositar en las dos instituciones más seguras en las que se pueda pensar, lo que es la Tesorería de la Federación, y el Banco del Ejército, pero como que a los burócratas les daba desconfianza de que lo que depositaban en la primera no lo volverían a ver, además de que los intereses… no había intereses, y respecto del Banejército, como que con los soldados, aún vistos como colegas servidores públicos, con ellos no se juega, lo que se depositaba con ellos se devolvía tal cual, junto con los intereses devengados, que iban a la par de cualquier otra entidad bancaria.
Todo fue que se relajara el control de las finanzas públicas, quien sabe con qué buenas o qué pésimas intenciones de parte de quienes tomaban esas decisiones, para que se terminara la disciplina y los funcionarios de todos los niveles consideraran al presupuesto público como un coto de caza privado para cobrar cuantas presas se pusieran a tiro.
Allí es donde los miserables intereses que podía pagar el banco por el jineteo de los recursos públicos se consideró dinero ratonero en comparación con las suculentas ganancias que ofrecía, por ejemplo, la bolsa de valores, las cajas de ahorros, negocios como el célebremente triste FICREA, que se llevó al baile a, entre otros al Poder Judicial del estado de Coahuila y a Tabasco, cuyos administradores fueron literalmente engañados como a chinos, si es que los chinos se dejan engatusar como todo el mundo cree.
Que si se recupera el dinero, que si les van a pagar de los noventa millones perdidos, 130 mil, que si están confiados en que todo saldrá bien, eso es irrelevante, lo que no lo es, es el hecho de que un funcionario se haya sentido con autoridad para hacer negocios particulares con dinero de uno de los tres poderes de gobierno de Coahuila.
Que tampoco es la primera vez, se sospecha que parte del boquete de los treinta y cinco mil millones del megafraude hoy megadeuda, se fueron precisamente por unas malas jugadas en la Bolsa de Valores que incluso le habrían costado el pellejo a algunos muy cercanos aviadores del régimen anterior, pero claro, de esto tampoco nadie habla.
Lo único cierto es que el tiempo pasado fue mejor, el tiempo en el que las ratas tenían amarradas las manos y al que metiera mano se la cortaban, hoy de eso, no queda ni el cariñoso manazo que les dan a los que metieron las cuatro patas y que se dejaron engañar como si maestro por caja de ahorro se tratara.

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