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El enemigo en casa

**El sexenio va cuesta abajo en su rodada… el gobernador necesita cerrar filas y que sus empleados, que no sus amigos, funcionen como se espera de ellos, que si no, el que salga por piernas va a ser él**

Ismael Ramos, el peor enemigo del gobernante.
Ismael Ramos, el peor enemigo del gobernante.

Quizá la principal diferencia entre Rubén y Humberto Moreira Valdés, como personas y como gobernantes, radica en la importancia que le dan a las personas, desde el mismo eslogan de sus respectivas administraciones se notaba la distancia en la percepción entre uno y otros, mientras que los muy exitosos de “el profe nos cuida” y el “gobierno de la gente” del primero, hasta “una nueva forma de gobernar” del segundo, al que por cierto tampoco le han pegado los gobiernos que sonríen, los Coahuila es Grande (como la megadeuda, como el megafraude, como el narcotraficante que llevaba ese apodo) hasta el estado con energía que amenaza con no producir gas ni petróleo para encender un foco al menos en este sexenio, queda claro cual era el interés, si usted gusta aparente, del gobernante en turno.
Pero tampoco vamos a caer en la trampa sentimental de creer que Humberto era el gran samaritano que era capaz de pagarle de su propio bolsillo las cuotas a las que estaban acostumbradas sus lideresas, o de que frío como es en todos los sentidos, a Rubén se le derrite el corazón a la hora en que cada mes se reúne con los familiares de los desaparecidos, quienes luego de tantas encerronas ya lo acabaron de endurecer, no, sabemos que ambos son políticos, y como tales, los dos son capaces, como lo han demostrado y lo están demostrando, de llevarse entre las extremidades inferiores desde el primero hasta el último coahuileño con tal de que se cumplan sus objetivos políticos, esa y no otra es la explicación de que el primero nos haya endeudado por los siglos de los siglos, y el segundo además de servir de tapadera familiar, se haya dedicado únicamente a hacer como que administra la miseria, colgándole los milagritos de ser la más eficiente, ordenada y transparente administración que haya conocido Coahuila.
Para Humberto la gente era su gente, quienes lo acompañaron en el gobierno guardaban una cierta relación, verdadera o falsa, de amistad, de objetivos similares, de jalar todos para los mismos fines e intereses, en cambio para Rubén, desde el primero hasta el último, con muy deshonrosas excepciones, son peones, uno que otro caballo o alfil en su tablero de ajedrez. Esta manera, nueva reiteramos, de gobernar, tiene sus ventajas y sus desventajas, entre estas últimas está principalmente la ausencia de proyecto y de lealtades, aunque está la ventaja de que igual, cualquier pieza es sacrificable sin que al gobernante le duela nada, después de todo están donde están por la utilidad que puedan tener, y fallando o perdiéndola, pues a despacharlos por un tubo, y que agradezcan que alguna vez los sacaron de abajo de su piedra.
En este contexto es que se hace tan complicado el análisis de ¿como o por qué Ismael Ramos se sigue sosteniendo como uno de los principales operadores financieros del gobierno estatal?, habida cuenta que la utilidad que en su momento tuvo fungiendo como tapadera desde la oficina de la función pública y luego para tratar de desentrañar los entuertos que dejó Javier Hernández en el sistema de tributación estatal, por supuesto, sin que saltara demasiada mugre que pudiera ensuciar un inicio de administración que de por sí fue difícil.
Como se ha comentado desde hace tiempo, a Ismael se le salta el switch… el que conecta lo que debe callar con lo que no debe decir, y esto le pasa cada vez con más frecuencia no solamente durante su trabajo de gabinete, donde digamos que pudiera pasar medio desapercibido, sino delante de los reporteros, soltando datos o más bien pistas de que las cosas distan mucho de estar como al gobernador, su patrón, le gusta que creamos que están. Un empleado así, en vez de ser un parapeto, un guardaespaldas, una tapadera, se convierte en el peor enemigo del gobernante, que tiene que salir el mismo y distraer a otros de sus peones para que vayan a hacerla de bomberos ante el desorden causado por Ismael.
Malo estuvo el cuento aquel de que se habían perdido los comprobantes del megafraude al que cariñosamente llaman megadeuda, todo para al rato tener que salir a desdecirse de que no se habían perdido, andaba de parranda él y Javier que no le hizo entrega formal de lo que debía, es más, de nada. Pero todavía peor se puso la cosa cuando soltó en días pasados que había dentro del merengue de lo que se le debe a los proveedores, facturas piratas, falsas, apócrifas o simplemente gandallas y oportunistas de gente y empresas que, sin hacer obra… metieron comprobantes de trabajos que no se realizaron…
¿O sea que Ismael hizo que su jefe Rubén fuera a poner su carota de pedinche al Congreso del Estado, para que le autorizaran la contratación de 2 mil quinientos millones de pesos para pago a proveedores, sin haber comprobado que los tales proveedores eran de a de veras?, con amigos así… a muchos no nos cuadraban las cifras que daba finanzas, porque decían que lo que se debía a las constructoras de Saltillo era como 150 millones, otros tantos para Torreón y el resto del estado, no se juntaban los 500 millones, ¿para qué 2,500?, luego salieron con que había adeudos por otros conceptos, no solo obra pública, sino en quien sabe que conceptos que ni el titular ni nadie de sus alelotes supo explicar cuales eran, a lo mejor hubiera sido menos la vergüenza que tuvo que pasar el gobernador si hubieran sido solo mil millones o hasta menos.
Pero peor se la ponemos al brincar la pregunta ¿y quien era el contralor el sexenio pasado, a la hora en que se facturó obra no realizada?, ah pues ni más ni menos que Lito Ramos, a quien todas esas tracalerías le pasaron de noche, y ahora que le toca ser el pagano, resulta que anda pegando cacayacas cuando tiene las manos amarradas para hacer una chamba que ya no es la suya.
El sexenio va cuesta abajo en su rodada… el gobernador necesita cerrar filas y que sus empleados, que no sus amigos, funcionen como se espera de ellos, que si no, el que salga por piernas va a ser él, ayudado por esos colaboradores que son sus más acérrimos enemigos, a lo mejor no intencionalmente, sino por mera incompetencia.

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