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MARUCHANDO

…las obras están paradas desde hace meses, seguramente por el alud de dinero que está entrando en las arcas estatales. Esta es una misión para Marucha: los empleados que la vieron con gusto largarse, vieron con terror que regresó.

esther¿Cuándo fue la última ocasión en la que la Secretaría de Obras Públicas, infraestructura, o como la ley orgánica de la administración pública estatal, o dicho con todas sus letras, la voluntad sacrosanta del gobernador en turno, lo disponga, tuvo como titular un ingeniero, y para más señas un ingeniero especializado en infraestructura pública?
Salvo que nos esté fallando la memoria, el último fue un cuate que Enrique Martínez y Martínez se trajo de Torreón para ocupar la entonces Secretaría de Urbanismo y Obras Públicas, que fue luego al que le cargaron la culpa de que los distribuidores viales de Saltillo, Torreón y el puente de Otilio González hubieran resultado mucho más costosos de lo que se había presupuestado, que no cumplieran con especificaciones, que no se hubieran hecho los estudios que toda obra de esa envergadura deberían ser obligados, que se les hubiera olvidado el drenaje pluvial para que no se convirtieran en albercas, o que luego hubiera que dinamitar porque no le pusieron las varillas que alguien en exceso ahorrativo pensó que no hacían diferencia. Bueno, pero culpa es una cosa y responsabilidad penal es otra, porque como suele ocurrir en este país y en este estado de impunidades, ni a Jorge Viesca Martínez ni a nadie de los pescados gordos, se tocó ni con el pétalo de una orden de aprehensión, una inhabilitación y ni pensar en lo impensable, que tuvieran que devolver el dinero que dilapidaron, del que hicieron mal uso, o que se chisparon. En puras reparaciones, olvidos y volver a hacer lo mal hecho se fueron algo así como mil millones de pesos, que no está usted para que se lo recuerde uno, pero salieron del peculio de los coahuilenses paganos de impuestos.
Eso con el último que fue ingeniero de profesión, ¿pero qué tal nos ha ido con los que no habiendo estudiado la carrera de ingeniería, y que sin embargo han sido habilitados por el supremo dedo repartidos de puestos y prebendas, como secretarios del ramo?, no sé qué opinión tenga usted de los ingenieros de sistemas, pero el hecho de que por la Secretaría de Obras Públicas hayan pasado dos políticos con esta formación, algo debe indicar. Horacio del Bosque Dávila, ingeniero de sistemas uno, Jesús Ochoa Galindo el otro, son quienes ocuparon una de las áreas prioritarias en la administración pública del estado de Coahuila durante el sexenio pasado, y a quienes el entonces gobernador Humberto Moreira consideró con habilidades suficientes como para edificar algunas de sus obras más importantes, y mire que durante su sexenio Coahuila, en sus propias palabras de convirtió en CoahuiYork, de tan modernas vialidades que se empeñó en hacer.
Entre uno y otro tendrían que repartirse la culpa de los múltiples problemas y fallas que ha presentado, por ejemplo, el distribuidor vial El Sarape en la capital del estado.
Algunos serios analistas dicen que se trata de una maldición por estar asentado sobre un antiguo cementerio indio… teoría que tiene cierto grado de sustento ¿pues no estaba allí la “estatua del indio”, que también dio pie al romance de la lechera y el indio?, pero a lo mejor no es esto y es pura mala ingeniería y peor albañilería, de la cual nadie ha pedido cuentas entre los funcionarios públicos, primero porque Horacio del Bosque no está localizable entre los vivos luego del avionetazo de Piedras Negras y Jesús Ochoa es uno de los peones consentidos del ajedrez de Rubén Moreira, un peón que sabe, no de sistemas o de ingeniería civil, pero sí mucho de ingeniería financiera, y allí la dejamos.
Ya en este sexenio, caracterizado por la enorme cantidad de gas que nos tiene convertidos en un “estado con energía”, que pese a todo no da lana suficiente para sustentar un programa de obras razonable, y por eso le llaman la “nueva forma de gobernar”, Rubén Moreira tampoco pensó conveniente buscarse entre sus cuates o empleados a un ingeniero que supiera sacarle jugo a lo que el magafraude nos dejó, alguien que hiciera malabares con el presupuesto de la Secretaría de Infraestructura, como para hacer que estaba haciendo algo, echando mano de su primer círculo, puso a una de sus mujeres de confianza, María Esther Monsivais, como titular de la dependencia.
Contando con todo el apoyo del gobernador, pero apenas nada de recursos, Marucha quiso dar la impresión de que en este sexenio se iba a hacer tanto o más que el precedente, ni modo, las odiosas comparaciones, son, además de todo, incómodas para los gobernantes. Total que puso a la Secretaría de Infraestructura de cabeza, llamando más la atención por los escandalitos protagonizados, que el silencio que habría que guardar para que nadie le pusiera el ojo encima.
Una de las grandes ideas de María Esther al frente de la Secretaría de Infraestructura estatal, fue que a falta de recursos líquidos, usaría la fuerza bruta, concretamente la de los funcionarios y empleados de la dependencia. Haciendo gala de las facultades imperiales asumidas, organizó dizque brigadas de trabajo del personal de la Secretaría, a quienes puso a pintar, a limpiar de rastrojos, y lo que su condición de salud les permitiera.
Comenzaron, vale decir, comenzaron y terminaron por la unidad deportiva, porque luego del primer sábado en que sacó a los burócratas a maniobras el azadón, el rastrillo, la media cuchara y la brocha, se canceló la buena intención de la secretaria… como estarían las cosas que su propio patrón decidió quitarla de allí para que no hiciera más daño a la imagen de su tambaleante sexenio.
Y es así como Rubén mandó llamar a otro experto, el inefable Francisco Saracho Navarro, abogado de profesión y grillo de oficio, que por supuesto que se sintió a la altura de la encomienda, por más que no pudiera distinguir entre un nivel y una plomada. Su paso por la dependencia fue más bien gris, ¿de qué otra manera podría ser sin dinero para hacer nada ni interés por otra cosa que usarla como plataforma política para regresar a Acuña de alcalde o al D. F. de diputado federal?, mientras menos hablara y menos hiciera, hablando del trabajo, menor el daño a sus pretensiones, así que bien se cuidó de nada.
Viendo el gobernador chimuelo su gabinete, decidió perdonar a Marucha, que además había que “ahorrar” dinero ahora que ya no va a haber jauja energética, le desaparecieron su lujoso despacho del ejecutivo, con todo lo feo que eso se oye, así que allí tenemos de regreso a Marucha en la secretaría de la que nunca debió salir, entrar salir, entrar.
Si quisiéramos verle el lado bueno a tanto vacile, Pancho Saracho nomás hizo la mala obra de comenzar los supuestos trabajos de remozamiento de la unidad deportiva, para la cual, y pensando como siempre los burócratas en despacharse con la cuchara grande, presupuestaron ciento treinta millones de pesos, que sabemos que siempre se cae algo de la tal cuchara, o de perdida salpica.
Pues sí, pero pues no, porque las obras están paradas desde hace meses, seguramente por el alud de dinero que está entrando en las arcas estatales. Esta es una misión para Marucha: los empleados que la vieron con gusto largarse, vieron con terror que regresó, y pues a poner blocks donde no hacían falta, a emparejar estacionamientos que no necesitaban nivel, a… a ver si deslomando a sus subordinados logra destrabar otro de los tantos entuertos en los que se mete y se deja meter Rubén, eso sí, con mucha energía.

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