ADMINISTRAR LA IGNORANCIA

La nota apareció publicada en uno de los periódicos diarios de la capital de Coahuila, esa que pomadosamente presume ser la Atenas de México, y que en cualquier otro momento, en cualquier otro lugar y circunstancia, habría bastado para que ardiera Troya… no es el caso en Saltillo, donde el asunto fue tomado con la abulia que de algunos pocos años caracteriza a los saltillenses y coahuilenses en general, quienes consciente e educacioninconscientemente han aceptado que su situación no tiene remedio ni en corto ni en el mediano plazo, quien sabe si a la vuelta del siguiente siglo.
Las explicaciones al fenómeno de la falta de respuesta de la gente, del gobierno y de los sectores directamente involucrados pueden ser varias: una la aceptación tácita de que lo malo va a permanecer malo o que incluso va a empeorar, hablando del sistema educativo coahuilense, otra podría ser el paralelismo que se pudiera establecer con los resultados de la última elección estatal, en la que pese a llevar todo en contra, particularmente la asociación con los crímenes cometidos el sexenio pasado contra el pueblo coahuilense, este no votó en contra de los candidatos del Partido Revolucionario Institucional, lo que equivalía y equivale a la perpetuación de la tragedia que vivimos; una más es la de que el que nada espera del gobierno, no puede decepcionarse de él, y nada hay en el sistema educativo local que todavía pueda sorprender al respetable… ¿o sí?
Todavía no hace muchos años, cuando la prueba ENLACE comparaba los resultados de los sistemas educativos de los distintos estados de la República Mexicana, desde el gobernador en turno, pasando por los dilectos burócratas de la secretaría de educación estatal, el sindicato de profesores y por supuesto los maestros en cada uno de los planteles, ponía el grito en la estratósfera al ver que no podía Coahuila estar todavía peor, ocupando si no el último de los lugares, sí el penúltimo, y no solamente un año, sino como una situación que no registraba mayores variaciones en sucesivos ejercicios de la evaluación nacional.
No obstante que se trataba de una dependencia del Ejecutivo federal, se lanzaban solos y en manada contra las respectivas yugulares del Instituto de Evaluación Educativa y la Secretaría de Educación Pública. Pero los números eran descarnados entonces, como lo son ahora: puestos en una tabla comparativa, mientras que los alumnos de Nuevo León y el Distrito Federal obtenían consuetudinariamente los mejores lugares, los de Coahuila, para decirlo en términos beisbolísticos, eran los sotaneros, siempre.
Que si la prueba estaba sesgada, que si los reactivos no eran los adecuados, que si “no se contemplaban las bondades del sistema coahuilense”, que si no se consideraban las diferencias de nuestra población estudiantil respecto de las de otros estados, y un sinnúmero de pretextos a cual más de balines, porque la realidad es innegable: así como hay alguien que está hasta arriba, así hay otros que están en la mediocridad y otros que están francamente desperdiciando el tiempo, la vida diríamos, de sus alumnos, pues ir a la escuela o no ir, al menos en Coahuila equivale a una única y la misma cosa.
Por si hiciera falta corroboración de lo mal que salía el sistema educativo estatal en ENLACE, en la prueba PISA salíamos exactamente igual, eso para callarle la boca a tantos interesados en que se les evaluara por bonitos, no por lo que enseñaban o mejor, por lo que sus alumnos aprendían o dejaban de aprender, ¡vivan las pruebas estandarizadas!
¿Cómo llegó la educación coahuilense, de aquella tan cacareada emulación de la Atenas clásica a ser el hazmerreír de la educación mexicana, que por cierto tampoco tiene como conjunto ni por sus lumbreras, gran cosa que presumir? Sin entrar en sesudas explicaciones que pisarían las callosidades plantares de los intocables líderes y burócratas magisteriales, hay que aceptar que el deterioro se fue dando al paso de los sexenios, durante los cuales la corrupción siguió una tendencia ascendente mientras que la calidad, y el simple interés por la formación de los alumnos se iba diluyendo hasta llegar a lo que es hoy.
Decía la nota que citábamos al principio, la que no escandalizó a nadie, que solo el 1.07 de los alumnos de sexto año de primaria inscritos en el sistema educativo coahuileño, logró pasar la prueba que, disfrazada de Olimpiada del Conocimiento, les aplicó la Secretaría de Educación, supliendo la amarradura de manos que se autoimpuso cancelando cualquier otro tipo de evaluación.
El pretexto era, a saber, el averiguar quiénes eran los mejores alumnos que salían de la primaria para que pudieran representar a Coahuila en el certamen nacional, luego les cargaron el peso de hacer que de allí dependiera el ingreso a las secundarias de alta demanda, pero lo único cierto es que por torpes medidas tomadas por los actuales y anteriores y precedentes funcionarios de la secretaría de educación, no hay manera de saber quién en Coahuila se ubica por encima de la mediocridad.
Queriendo matar dos piedras con el mismo pajarazo, Chuy Ochoa asoció lo de las secundarias favoritas con el sitio ocupado en la olimpiada, siguiendo esa política alimentada por Chema Frausto de no calificar a los niños para no causarles estrés… esto como mero colofón de la sucesión de barrabasadas educativas que se remontan a cuando el profe nos cuidaba en vez de enseñarnos, o cuando Oscar Pimentel quiso enseñar ética e inglés, cuando no se enseñaba nada de nada, y así vamos.
Salvo su mejor opinión, el hecho de que el 99% de los egresados de la primaria no hayan obtenido una calificación aprobatoria en la prueba no solo equivale a una demostración del fracaso de eso que en Coahuila llaman modelo educativo, sino que representa una generación perdida en prácticamente todos los sentidos, porque ¿de qué podrá trabajar alguien que no sabe leer, escribir, contar, geografía, historia, que es lo que se enseña en primaria?, ¿Cómo podrán aspirar a estudios superiores?, ¿Cómo cuestionarán la forma de organización social y la corrupción de los gobiernos?… ah, pues a lo mejor por allí va la cosa. En tanto, la secretaría de educación, los profes, el sindicato, los burócratas viven dedicados a administrar la ignorancia de las actuales y futuras generaciones de coahuilenses, si viera usted lo que se asemeja esto a un crimen de lesa humanidad…

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