…por más que le quieran tapar el ojo al macho, Coahuila es un estado con graves problemas de desempleo y subempleo.-

Día redondo el que tuvieron Rubén Moreira Valdés y Enrique Peña Nieto el día que la empresa Constellation Brands anunció que siendo la beberecua el mejor negocio del universo, negocio medio legal se entiende, habían decidido invertir una millonada, varias millonadas, dos mil doscientos setenta y cinco millonadas y no de tristes, devaluados y acomplejados pesos, sino de dólares, la moneda que más le gusta a los exfuncionarios gubernamentales cuando luego de descubiertas sus fechorías andan a salto de mata.
Ahora sí que como dicen que dice la mafia, todo hombre tiene su precio, y el precio de que un gobernador y un presidente de la República tan recatados ellos a últimas fechas salgan de su madriguera tiene que abultar tanto como la cifra que dio el día referido Don Rob Sands, conocido en el bajo mundo cervecero local como Roberto Arenas, y allí los tiene, bien entacuchados echándose mutuamente confeti para salir con lo de siempre: que es gracias a la estabilidad económica, a la seguridad, a lo bonitos que son o que creen que están, que las grandes empresas se deciden por México y por Coahuila para traer sus inversiones.
Quizá algo tenga que ver la estabilidad, no tanto la seguridad que es un mito genial del estilo que nuestros gobernantes nos recetan a punta de ráfagas de metralleta, pero sí lo conveniente que es estar allí, a una pedrada de distancia de la frontera con el mercado más grande del mundo, los Estados Unidos, a los que Constellation Brands está interesado en inundar de chela hasta que cada gringo vea eso, estrellitas, constelaciones de estrellitas de tan briago que lo puedan poner, porque no le busque, todo con medida nada con exceso es un eslogan pegajosamente respetable, pero lo que les importa es que cada vez que destapen una lata o una botella de cerveza, sea solo el preámbulo de un six, un cartón o varios de ambos.
Pero bueno, salucita por el negocio que se está cocinando a costa de los hígados del respetable borrachaje.
¿Cuánto es en pesos 2,275 millones de dólares?, no se vaya a creer que es tanto, sí, claro que alcanza para una ampliación razonable de las plantas cervecera y vidriera de la empresa, pero si lo tomamos al tipo de cambio de quince pesos por dólar, apenas son 34 mil ciento veinticinco millones de pesos, no alcanzaría a pagar lo que se robaron los «colaboradores» de Rubén Moreira con el megafraude, si lo tasamos no en quince sino en dieciséis pesos, ah, entonces ya estamos hablando de 16,400, ahora sí estaríamos arañando lo que se robaron y lo que se debe, que es lo mismo, lástima que el ejercicio aritmético sea del todo inútil, pues no es dinero que sea nuestro de los coahuilenses, y que lo tengamos en la bolsa para cubrir nuestros (¿nuestros?) compromisos financieros.
¿Entonces por qué tanta alegría de los gobernantes estatal y federal por algo que no nos va a beneficiar ni siquiera con que baje el precio de la citada beberecua?, pues porque se saben muy bien el rollo, por más que sea una tremebunda falacia, de que a mayor inversión extranjera directa, mayores los impuestos que va a percibir el gobierno, y con eso van a poder, ellos, saldar los adeudos que tienen con los leoninos bancos, pero la triste realidad es que lo que no les hayan cedido vía exenciones, digo para que no se fueran a instalar en algún otro estado o país que les ofreciera agacharse todavía más, va a ser bien poco lo que caiga a las arcas oficiales, y tan es así que en nada ha variado la política de renegociar lo que se debe para sexenios por venir, mientras más, mejor.
Ah, y a ese día redondo le siguió otro parecido, otra empresa anunció otra inversión gorda, esta en Ramos Arizpe por más modestos 80 millones de dólares, que le sirvieron al gobernador para pararse el cuello al decir que se había rebasado la meta de crear cien mil empleos en el sexenio, casi casi que con eso ya podía él irse a descansar, ¿más?, pues su misión está cumplida.
Pero como siempre, entre tantas buenas noticias, no falta el pelo en la soporífera, o como una nota que salió en los periódicos de todo el mundo, no falta en la cajita feliz una exquisita rata empanizada: Altos Hornos de México se desdijo de su declaración de que pondría de patitas en el boulevar Pape a dos mil trabajadores, no: serían cuatro mil quinientos, y eso nomás para empezar. Eso no es un pelo en la sopa de fideos, son puros pelos y nada de pasta.
De nada sirvió que el mismísimo Enrique Peña saliera a decir que su gobierno, tarde, tardísimo, cadavéricamente tarde, impondría medidas compensatorias al acero chino y ruso que le están partiendo todita la maceta a la producción nacional, y llevándose de encuentro al paraíso de los empleos, al aportados número uno al PIB, al gran exportador de vehículos, Coahuila.
Si hubieran estado haciendo su trabajo de vigilancia, y si no le tuvieran miedo a los chinos por lo de los trenes y otros pecadillos que se saben aquellos, no estarían pensando casi cinco mil familias monclovenses ¿Qué es lo que van a hacer ahora?, sobre todo si los que eran trabajadores de la acerera se van de mojados al otro lado, sabedores como son de que conseguir un empleo en la región centro, aún con los programas de rescate del gobierno del estado, va a estar más negro que meterse en una mina de carbón.
¿O qué, todos esos extrabajadores del acero, un trabajo rudo como pocos, van a lograr una colocación en la planta cervecera de Nava, o en la industria automotriz en Ramos Arizpe?, por más que le quieran tapar el ojo al macho, Coahuila es un estado con graves problemas de desempleo y subempleo, todos los discursos al calor de unas chelas recién salidas del alambique no pueden desmentir ese lastimoso hecho.
No, no eran suficientes cien mil empleos, a lo mejor con doscientos mil, con trescientos mil quedaban a mano, pero gobernantes que se tiran por lo bajo… terminan abajo.

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