La turbulenta sucesión

la sucesión será todo menos tersa, no solo no hay nadie entre los posibles que sienta que le debe algo a Rubén, todos y cada uno de ellos tiene algo que cobrarle…

De los amigos de Rubén, solo algunos quedan. Inclusive el "gobernador en funciones" David Aguillón ya fue dado de baja.
De los amigos de Rubén, solo algunos quedan. Inclusive el «gobernador en funciones» David Aguillón ya fue dado de baja.

El tiempo pasa inexorablemente, y se acerca el momento en el que la clase política coahuilense tendrá que salir de debajo de su piedra para movilizar sus piezas en el tablero de la grilla comarcana, para perfilar primero, definir y decidir después, quien será el sucesor de Rubén Moreira Valdés como gobernador constitucional del Estado de Coahuila.
No hay sexenio que no se cumpla, no polaco que se pueda estar sosiego todo ese tiempo, así que desde ya, y vale decir desde hace ya buen tiempo, los que quieren ser, los que creen que pueden ser, los que tienen padrinos que intercedan por ellos ante el supremo dedo elector, se han estado moviendo a las calladas, porque como dicen que dice la ley, o como decía hasta hace muy poco según sentencia de Fidel Velázquez Sánchez, el que se mueve no sale en la foto, pero al parecer ya ni está prohibido pronunciarse, y hasta resulta tan recomendable y aplaudible como salir del closet los que algo hacían allí escondidos.
Siguiendo con otra de las máximas de quien fuera uno de los pilares del sistema político mexicano en las épocas del viejo PRI, hoy como pocas veces en el pasado reciente, la caballada está gorda, o más que gorda, sobre alimentada, sobre entrenada, y en excelente forma, física, mental, política y emocionalmente dispuesta a entrarle a una carrera en la que desde el primero hasta la última, se sienten con plenas posibilidades de triunfar sobre sus correligionarios, o para decirlo sin ambages, sus contrincantes, por más que supuestamente profesen la misma filiación partidista. Porque quede claro, en este bizarro como pocos, estado de Coahuila, la sucesión se resolverá entre priístas, pues aquí la oposición no existe, pues sus integrantes de izquierda y de derecha, se encargaron ellos mismos de liquidarla.
Pocas dudas caben de que el gobierno de Rubén Moreira Valdés ha sido todo menos ortodoxo en las formas y en los modos. Quien sabe si el que se decía que controlaba todo en el estado mientras su hermano se la pasaba en la grilla y en el bailongo, a la hora que le tocó gobernar de a de veras se sintió tan débil que tuvo que echar mano de grupos que hasta el día precedente a la toma de posesión, habían sido sus enemigos acérrimos. Mientras que otros gobernadores, estos sí con el poder administrado con soberbia mano de hierro, como Enrique Martínez o como Rogelio Montemayor se deban el lujo de congelar, ningunear y hasta exiliar a los que les caían mal, Rubén los cobija dentro de la administración, y no solo eso, sino que los encumbró hasta el grado de que si eran un peligro probable, se han convertido en un peligro cierto.
Nunca nadie entendió la “maniobra” de, el sexenio pasado, adelantar la salida de Jesús Ochoa Galindo de la rectoría de la UAdeC, eso de designarlo subsecretario de nada en obras públicas, para luego de allí proyectarlo a todos los puestos por los que ha pasado y todavía ocupa, es un esquema poco menos que esquizofrénico que quien sabe si el susodicho perdone o agradezca, o del que en algún momento intente ponerse a mano. Lo mismo con José María Fraustro Siller, todo el tiempo que estuvo en la secretaría de educación estatal se estuvo preguntando primero ¿por qué y cómo llegó?, y luego ¿Cuánto voy a durar?, y duró lo necesario para luego ¿recibir la oportunidad? de romper con el único candado que se interponía entre él y una eventual nominación para la gubernatura. Chema es otro que muy poco tiene que agradecerle a Rubén, que quien sabe si podría compararse con Enrique Martínez en eso de tratar despótica-mente a sus colaboradores a los que siempre hizo sentir empleadillos tan despreciados que jamás despertó lealtad ninguna entre ellos.
La lista se continúa con Enrique Martínez y Morales, que si bien ya sufrió un descalabro en sus pretensiones de ser diputado federal por Saltillo, eso fue antes de que su padre Enrique Martínez y Martínez se convirtiera en uno de los hombres de más confianza del hoy presidente Enrique Peña Nieto cuando era delegado del PRI en el Estado de México donde era gobernador. El puesto que tiene Enriquito como delegado de la Secretaría de Economía en Nuevo León se arregló muy por lo alto, allá mismo donde se arreglan las candidaturas al estilo del viejo nuevo PRI. Entre la familia Martínez y la Moreira no hay nada de amor, más bien todo lo contrario. Si la candidatura a la gubernatura recayera en Enrique junior, muchas afrentas y facturas que han quedado pendientes se cobrarían.
Otro grillo sin amor por sus grandes amigos los Moreira es Jericó Abramo Masso, otro al que le prometieron en público de la gente, suculento hueso en el gabinete, pero del que suponemos no se fue con la finta ni se sintió ninguneado cuando le hicieron de chivo los tamales… o más bien cuando hasta sin tamales lo dejaron. Como buen político Jericó agradece en público lo que se supone les debe a sus mentores, en la práctica… ni hay ningún cariño, y de que la quiere, la quiere, de que puede, muy probablemente también, pero ya estando arriba quien sabe lo que pudiera pasar con el actual gobernante.
Está también Hilda Flores, otra que ha sufrido el mismo trato esquizo-frénico de parte de Rubén Moreira, quien a lo largo de los pasados años la trajo para arriba y para debajo de un puesto a otro, todos de elección popular, con lo que el electorado se sentía mínimo traicionado, Hilda obedecía, estaba haciendo lo que a lo mejor le convenía y a lo mejor no, pero al parecer ya se cansó de eso, y como los otros, no solo no lo agradece, sino que pudiendo, con la candidatura en la mano, se las cobraría gacho.
Dicen que el delfín del rubenato es el alcalde de Torreón Miguel Riquelme, quien durante dos sexenios ha sido pieza clave del gobierno de Coahuila en la sucursal Laguna, y sí, ponga que ahorita y durante un buen tiempo ha estado en los cuernos de la luna, pero su sudor y sangre le ha costado, y lo que se dice, estar seguro de algo, nunca, el cariño es de puro dientes para afuera, cosa que se verá si sale la jugada de Rubén, y si no ¿Cómo dicen, lo del chirrión por el palito?, pues eso.
En la lógica de la democracia a la mexicana, una vez que el gobernante siente en los huesos que el sexenio se acaba y que tiene que entregar el poder a alguien, siempre procura que este alguien sea lo suficientemente afín como para cuidarle las espaldas…, el mejor ejemplo de esto fue el profe, quien no solo dejó una tapadera sino dos. Pero si algo se ve venir en este agónico sexenio rubenista, es que la sucesión será todo menos tersa, no solo no hay nadie entre los posibles que sienta que le debe algo a Rubén, todos y cada uno de ellos tiene algo que cobrarle, y tenga por seguro que lo hará quien gane.

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